Marinus de Reymerswale y los primeros capitalistas

Marinus de Reymerswale y los primeros capitalistas

Este enigmático pintor holandés empezó a trabajar para la nueva clase emergente en los albores del XVI. A pesar del atractivo y fama de su temática, han pasado cinco siglos para que se celebre su primera exposición monográfica. Tenía que ser el Prado pues es el museo que más piezas de él conserva, y lo hace con una muestra diminuta pero deslumbrante.

Aunque muchos de sus cuadros son muy populares hoy en día a través de manuales y textos financieros -el historiador económico flamenco Raymond de Roover (1904-1972) fue uno de los primeros en asociar a los cambistas con la profesión de banquero en el siglo XVI y en ilustrarlo en sus libros- la vida y la obra de este artista es muy poco conocida. La exposición, comisariada por Christine Seidel, reúne tan solo una decena de sus pinturas, tres de ellas inéditas en España procedentes del Louvre, el Hermitage y del Museo de Bellas Artes de Gante, que se complementan con libros, grabados y monedas para contextualizar al pintor y excplicar cómo trabajaba. Las cinco obras que aporta el Prado han sido restauradas y se presentan juntas por primera vez al público.

La exposición ofrece pues la visión más completa hasta la fecha sobre la obra de Marinus van Reymerswale, al contextualizar esas pinturas del Prado que hace algo más de 150 años fueron el punto de partida del redescubrimiento del artista. Se ofrece así al visitante la oportunidad de una nueva apreciación de la imaginería del pintor y de sus logros artísticos. Sus escenas de género, relacionadas principalmente con el comercio del dinero, se han entendido a menudo como la representación de comportamientos humanos pecaminosos vinculados a la usura. Sin embargo, podría y debería cuestionarse esa visión negativa atendiendo a los datos que emergen de su sistema de trabajo en serie para atender encargos del mismo tema por parte de clientes diversos, lo que parece sugerir todo lo contrario, que eran escenas muy valoradas por la nueva clase de mercaderes y cambistas que exhibiendolas en sus hogares no parecían avergonzarse de su actividad sino todo lo contrario.

Marinus inició su carrera en Amberes. A principios del siglo XVI la ciudad se convirtió en un floreciente centro mercantil que atrajo a viajeros, comerciantes y artesanos de toda Europa. Sus redes comerciales se desarrollaron rápidamente, y los artistas desempeñaron un importante papel en ese emergente mercado internacional. Utilizó composiciones desarrolladas por los artistas contemporáneos de más fama, como Quentin Massys, para crear nuevos temas. Asimismo, empleó métodos de trabajo innovadores para responder a la demanda del creciente mercado artístico y de una nueva clientela. Al contrario que otros talleres, que se dedicaron a pintar imágenes devocionales, la producción de Marinus, que se caracteriza por un alto grado de profesionalidad y especialización, se centró casi exclusivamente en temas profanos o semiprofanos.

El asunto de mayor éxito, el llamado “el cambista y su mujer”, parece ser una reflexión sobre el mundo financiero de la época, que cambiaba rápidamente y ofrecía tanto nuevas oportunidades como riesgos imprevisibles. Dado que la Iglesia censuraba cualquier trato con el dinero, estas pinturas se han interpretado a menudo como una plasmación de ese juicio negativo. Sin embargo, Marinus no parece suscribir del todo esa crítica, sino que se centra en representar a esos personajes y su correspondiente actividad de forma realista. De este modo, estos supuestos cambistas –más probablemente tesoreros, recaudadores de impuestos y mercaderes– también aparecen como lo que eran, funcionarios de unas estructuras administrativas bien organizadas y reguladas. Por lo tanto, se puede sugerir un enfoque más matizado y profano: en lugar de mostrar imágenes de la usura, Marinus parece advertir contra el comportamiento ilícito en los puestos de poder de la administración financiera: la regulación de las transacciones monetarias ya había evolucionado hacia estructuras administrativas complejas controladas por funcionarios.

Los cambistas, que existían desde el siglo XIII, se convirtieron pronto en símbolo de la usura y la codicia. A menudo se les representaba con prendas extravagantes o anticuadas, como los tocados que aparecen en las obras de Marinus. El pintor combinó esas indumentarias estrafalarias, que procedían de una tradición anterior, con elementos contemporáneos, como monedas y multitud de libros y papeles con textos sobre asuntos fiscales y legales. De esta manera, el pintor transformó unas imágenes que se consideraban un reflejo de actividades negativas en cuadros que no hacían sino referirse a la realidad de los cambios que se estaban produciendo en el dinámico mercado financiero de su época. Añadiendo además una justificación al capitalismo emergente con sus cuadros sobre la Vocación de san Mateo, que se encuentran entre los primeros de este asunto en el siglo XVI. Recordemos qué historia se narra en los Evangelios (Mateo 9:9): ‘Jesús vio un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo «Sígueme», y Mateo se levantó y le siguió’.

La presencia en las pinturas de Marinus de monedas de oro y plata de alto valor, muchas de ellas entonces en circulación, así como de algunos textos –legibles para los espectadores instruidos y que en ocasiones mencionan a personas contemporáneas del pintor–, aluden a las tareas y obligaciones fiscales de las administraciones municipales y de los ciudadanos y permiten identificar a los personajes de sus cuadros como funcionarios de la administración fiscal municipal, revelando su originalidad al modificar una iconografía aparentemente ya establecida. A menudo se ha descrito a Marinus como un sucesor poco imaginativo de Massys, que tan solo habría transformado un motivo tomado de este maestro en una sátira exagerada y en crítica social. Pero realmente representa un nuevo concepto que elevaba los asuntos profanos al rango de los otros géneros pictóricos, en un proceso que alcanzaría su máximo desarrollo en el siglo siguiente. El cuidado de los protagonistas en la verificación de las monedas pone de relieve la seriedad de su trabajo. Al introducir variaciones en sus distintas versiones, las obras de Marinus parecen superar los límites de una única interpretación e invitan, en cambio, a pensar en otros posibles significados. Por ejemplo, la presencia de detalles concretos en el tema repetido que lo relacionaran directamente con el cliente concreto que lo encargaba.

Tan numerosas como las pinturas relacionadas de una forma u otra con el dinero son las representaciones de San Jerónimo en su estudio. En el siglo XVI este padre de la Iglesia se convirtió en el epítome del erudito en la era del humanismo. La popularidad de las imágenes del santo se relaciona a menudo con el viaje, en 1520/21, a los Países Bajos de Alberto Durero, creador de una iconografía perdurable, reforzada por la circulación de sus grabados con este tema que inspiraron numerosas variantes en esa zona en el curso del siglo XVI. Las representaciones del santo de Marinus parten de las estampas de Durero, y su éxito debe haberle llevado a crear diversas versiones de sus propios cuadros.

Las composiciones de Marinus fueron copiadas después de su muerte y siguieron gozando de cierta popularidad a finales del siglo XVI. En el XVII sus pinturas seguían circulando en el mercado del arte, a veces bajo otras autorías. Algunas de las primeras obras que se pueden rastrear en España figuran en los inventarios con diferentes atribuciones, como por ejemplo a Durero o su escuela, a Lucas van Leyden, y tal vez también escondidas tras el nombre de Quentin Massys.

Como complemento a la exposición se ha editado la primera monografía dedicada al artista, una puesta al día de toda la información documental disponible, un estudio sobre el mercado del arte y otros textos que profundizan en aspectos relevantes de sus cuadros, tales como la indumentaria o las encuadernaciones de los muchos libros que aparecen en ellos. Además, en el apartado dedicado al catálogo de obras, que recoge pinturas pertenecientes a todas las etapas de su relativamente corto periodo de actividad, se analizan en profundidad múltiples aspectos del trabajo del artista. Ilustrado con casi cien imágenes a color, supone una imprescindible aportación sobre la figura y la obra de este original artista.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 7
Comisariado: 8
Catálogo: 8

Museo Nacional del Prado
Marinus: Pintor de Reymerswale
Exposicióin temporal
Entre 9 de marzo y 13 de junio de 2021
Comisaria: Christine Seidel, conservadora de pintura hasta 1800 en la Staatsgalerie Stuttgart y becaria de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson en el Prado en 2018.
Sala D. Edificio Jerónimos

 

 

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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