Edipo para jóvenos

Edipo para jóvenos

Este es el mito más famoso de la Grecia clásica y el drama fundacional del teatro occidental. Revisitado cientos de veces a lo largo de dos mil años, cada generación intenta descubrirle claves nuevas y casi nunca lo logra. Esta vez, tampoco.

Dicen que su primera representación teatral fue hacia el 429 a.C.. Dicen que la escribió un tal Sófocles, la segunda de una tetralogía. Su argumento es que Edipo se ha convertido en rey de Tebas y esposo de Yocasta, la viuda del anterior, Layo, muerto en un encuentro aciago. Para salvar a la ciudad de la peste que la asola, su cuñado Creonte le aconseja consultar a los oráculos, que le exigen dar con el que ha matado a Layo. El sabio Tiresias le recomienda no seguir adelante pero él insiste y descubrirá la verdad: Él es el asesino que busca. Layo era su padre. Y su esposa, Yocasta, es al mismo tiempo, su madre. Se ha cumplido la profecía de que mataría a su padre y se casaría con su madre, que se ahorca mientras Edipo, horrorizado por el parricidio y el incesto, se ciega a sí mismo desesperado; pide a su cuñado Creonte que le deje partir al destierro y se quede con sus dos hijas, ya que sus dos hijos son hombres y sabrán cómo actuar.

El versionista Paco Bezerra y el director Luis Luque parten al alimón de buenos propósitos: ‘Jesús de Nazaret marchó al desierto, durante cuarenta días, y a su regreso volvió con un mensaje que cambió el mundo. Buda, en silencio, se sentó debajo de un árbol hasta que recibió una enseñanza con la que iluminó al continente asiático. Moisés atravesó un desierto, subió hasta una montaña y, tras su descenso, fundó una nueva sociedad. Todas estas figuras y mitos ancestrales tienen en común el esfuerzo, el sacrificio y la renuncia. ¿O acaso es posible cambiar el mundo de otra manera? Para ser considerado un héroe, uno ha de sacrificar una parte muy importante de sí mismo. Y no sólo eso, además, ha de crear algo nuevo y próspero. Exactamente lo que hizo Edipo, que se convirtió en mito en el momento en que decidió descubrir la verdad para salvar del exterminio a su pueblo -aunque, tomando tal decisión, le terminara sobreviniendo la mayor de las desgracias-‘. Para plantearnos: ‘¿Quién es el valiente que, hoy en día, se atrevería a ser Edipo?’.

Es una manera de enfocarlo, aunque el mito va más bien del destino trazado en la eternidad para cada uno de los mortales, de los peligros de la búsqueda de la verdad, de la tragedia de la existencia como un recorrido a ciegas. Bezerra comienza antes que Sófocles -con la derrota de la Esfinge- y omite el desenlace de la ceguera voluntaria para sustiuirlo por una moraleja larga, manida, prepoterada, que puede ser un descubrimiento para él y muchos de su generación pero que es asunto trillado en la interpretación del mito y conclusión a la que llegan las personas sensatas de todas las generaciones que se han sucedido.

Luque realiza un montaje tan pretencioso como el texto, con neones y rampas, a todo trapo sonoro y visual, que contribuye a oscurecer aún más la narración de Becerra, de por sí fallida en contar las cosas de forma clara, a pesar de inventar personajes para ello. Mucha vídeoescena y mucha banda sonora colocan al elenco en su ambiente favorito, el cinematográfico de pequeño y gran formato. Al parecer, Alejo Sauras y Mina El Hammani son famosos actores de pelis y series, y se les nota bastante: tienen madera, pero las tablas, la proximidad, la presencia exigen más que las cámaras. Ellos y el resto del reparto son dirigidos actoralmente en un estilo declamatorio de mucha solemnidad que choca con las muchas simplicidades del texto. No lo hacen mal, pero la tragedia queda en thriller, para disgusto de viejos aún respetuosos con las jerarquías culturales.

La puesta en escena es caprichosa sin que se entienda el sentido de las incursiones de los personajes por esa rampa puramente estética, y la coreografía no consigue más que llamativas fotofijas con máscaras y sin máscaras de un coro que se ha quedado en decorativo. No conectan ni se integran los distintos elementos escénicos y el resultado parece un impostado artilugio al que los ocho actores no consiguen dar pálpito. La presencia de Jiaying Li en aras de un buscado y no hallado tinte multiétnico produce un Tiresias desastroso y unos subtítulos en chino u otro idioma oriental que no vienen a cuento.

El espectáculo, pues, es un fallido remake del más clásico de los clásicos, que hace sufrir porque el esfuerzo loable de todo el equipo naufrague en vacía pretenciosidad.

Bezerra y Luque, pareja artística y sentimental, nos ofrecen en el programa de mano virtual un diálogo muy bonito que ojalá sea verídico:
-B.- El teatro me está enseñando a navegar por los mares del cambio y el desasosiego, entendiendo que las tormentas son vitales para el progreso y la transformación.
-L.-Creo que, después de este proceso, soy más valiente, tengo
más conciencia de mi origen y doy más valor a la importancia de honrar mis
ancestros. En Edipo nos miramos y nos encontramos.
B.-He de reconocer que tengo un carácter obsesivo en cuanto a descubrir
lo que hay detrás de la versión oficial de aquello que se nos narra. Nunca
me creo nada de lo que me cuentan. Soy un loco de la verdad. Y eso, como a
Edipo, me acarrea problemas; porque el mundo está lleno de personas que
trabajan, día y noche, para que reine la mentira y la verdad nunca se sepa.
L.- Creo que soy obstinado e insistente ( y me sufres por ello). También creo
que ir en busca de un destino diferente, al que tenía marcado, es algo que
comparto con el personaje, sumo a que tengo muchas pesadillas como él.
B.-Muchas de las ideas se me ocurren dormido, o, mejor dicho, en la bisagra
entre el sueño y la vigilia, justo en el momento en el que voy a despertar. Ahí
es cuando mejor escribo, nada más abrir los ojos. Agarro el texto y, sin salir de
la cama, continúo por donde me quedé el día anterior.
-L.- Ahora quiero apostar por la belleza como arma política. Me refiero a lo
que puede hacer cambiar la mirada sobre las cosas. Espero seguir crean-
do contigo y buscar lo que más nos conmueva. También investigar en otras
disciplinas escénicas como la danza y la música. Pero, sobre todo, espero
continuar conectado con mi entorno y estar cerca de ti para dar lo mejor de
nosotros a los demás.

En 2015 presentaron en este mismo escenario ‘El señor Ye ama los dragones’, una pieza original y graciosa sobre la inmigración china en España que no estaba mal (ver nuestra reseña de entonces). Ahora dan este salto demasiado arriesgado aprovechando el auge de los festivales de teatro clásico. Quizás les fuera mejor volver a la comedia urbana. No decimos que el mensaje no pueda venirle bien a gente joven y menos joven muy despistada, pero resultará ingenuo cuando no gratuito para el resto.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6
Adaptación: 6
Puesta en escena: 7
Dirección: 7
Interpretación: 7
Coreografía: 5
Música: 6
Producción: 7

Teatro Español / Sala Principal
Edipo. A través de las llamas
8 Septiembre a 31 Octubre 2021
De: Paco Bezerra
Dirección: Luis Luque

Jonás Alonso como Yelmo,
Mina El Hammani como Yocasta,
Álvaro de Juan como Creonte,
Jiaying Li como Tiresias / Mujer Ciervo,
Alejandro Linares como Mensajero,
Andrés Picazo como Esclavo,
Julia Rubio como Esfinge,
y Alejo Sauras como Edipo.

Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Diseño de vestuario: Almudena Rodríguez Huertas
Composición música original: Mariano Marín
Diseño videoescena: Bruno Praena
Diseño de escenografía: Monica Boromello
Coreografía: Sharon Fridman
Asistente de coreografía: Arthur Bernard
Maestro de máscaras: Asier Tartás Landera
Residencia de ayudantía de dirección del Teatro Español: Víctor Barahona
Una coproducción de Festival Internacional de Mérida, Pentación Espectáculos y Teatro Español

Precio de 6 a 22€
Martes a domingo / 19h
Duración 1 hora y 25 minutos

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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