Juan José, ópera española contemporánea

Muy interesante rescate de este drama lírico de Sorozábal que ha esperado medio siglo

Juan José, ópera española contemporánea
Juan José - Teatro de la Zarzuela

Escrita en 1968 casi ha necesitado medio siglo para ser estrenada. Un libreto preciso aunque melodramático, dignificado por una partitura de gran calidad, en un montaje aceptable y con unas voces notables. Esta ‘Juan José’ de Pablo Sorazábal basada en el éxito teatral de Joaquín Dicenta medio siglo antes, puede compararse con las más conocidas óperas centroeuropeas de su tiempo y es un acontecimiento musical de gran solvencia.

Sorozábal, el último grande del género lírico español, había compuesto veinte zarzuelas antes de terminar la que sería su mejor creación, ‘un drama lírico popular’ en tres actos, aclarando que lo popular no quería decir folclórico pues, efectivamente, estaba escrita en un lenguaje musical moderno que suponía una radical vuelta de tuerca a los aires zarzueleros habituales. Una partitura que recuerda a Leoš Janáček, que suena tan atonal como Igor Stravinski, que deconstruye aires populares como el chotis y el pasadoble en compases sorprendentes de una originalidad destacable en nuestra música, donde tan a menudo lo popular y lo culto han estado estérilmente divorciados.

Terminada la obra, consciente de su importancia, el autor malogró al parecer su estreno en dos ocasiones consecutivas: en 1979 por «desavenencias» con el proyecto y en 1989 al pretender que la cantasen Plácido Domingo, Montserrat Caballé y Teresa Berganza. Murió sin poder estrenar la que él mismo consideró su mejor obra y es sin duda una de las partituras más importantes de la lírica española de la segunda mitad del siglo 20. Ciertamente, de lenguaje musical rupturista entonces, la partitura resulta personal, densa, nada fácil, fieramente contemporánea, y además suprime las partes habladas características de la zarzuela, construyendo un texto sin rimas fáciles para ripios tontos. Una ópera sin más.

La historia es un dramón tremendo entre humildes albañiles madrileños. Juan José, huérfano abandonado, mendigo infantil, encuentra la luz de su vida en una mujer de alterne a la que defiende en un casual encuentro. Pero Rosa es mucha Rosa y atrae al pudiente contratista Paco que al ser recriminado por el albañil lo despide, hundiendo a la pareja en la miseria. Desesperado y para salir de ella, Juan José delinque, es apresado y condenado a ocho años de cárcel. Así, Rosa se ve libre y se instala junto a Paco en una nueva vida. Al pobre preso abandonado le convence para fugarse un experto reincidente y el deseo de vengarse, así que tras conseguir lo primero se presenta en la casa de la pareja para hacer lo segundo, matar a Paco, y lo que hace es matar a Rosa. Una trama sombría, pesimista, sobre la que José Carlos Plaza, el director de escena, en vez de descargar tintas tal y como convenía, agudiza sus tonos brutales, la miseria y la incultura de sus personajes en un montaje plagado de gestos violentos, una atmósfera opresiva de alcoholismo, de hombres y mujeres degradados, de la que será imposible huir. No es un retrato de la realidad, es una exageración de aquella realidad hoy tan distante.

Por su parte, el director musical Miguel Ángel Gómez Martínez cumple su viejo sueño de dirigir este estreno; lo cumple con acierto, consiguiendo un alto rendimiento de la orquesta titular, que demuestra así capacidad para retos exigentes más allá de la rutina imperante en este teatro. Sonó pero que muy bien y acompañó con precisión a los cantantes. Estuvieron las voces entre lo mejor de la velada, con buenas intervenciones del poderoso barítono Ángel Ódena como Juan José, de la sensible soprano Carmen Solís como Rosa, del lírico tenor Antonio Gandía como Paco, y de Milagros Martín en esa Isidra alcahueta, aunque al papel le hubiera ido mejor una voz de mezzosoprano. Todo el reparto estuvo a notable altura vocal aunque Rubén Amoretti se pasara de maltratador y malencarado, y al búlgaro Ivo Stanchev le tocara el único pasaje hablado de la obra -leer una carta de Andrés a Juan José- con las consiguientes dificultades.

La escenografía se defiende, aún dejando patente una estricta economía de medios. Resulta interesante en el primer y tercer actos, y francamente fallida en el segundo, en el que incluso estuvo a punto de derrumbarse el decorado que simula los muros de la cárcel. Sugerentes las pinturas de Enrique Marty con vistas madrileñas. Más reticencias nos provocan los figurines, especialmente en el caso de esos obreros tan sucios cuando de siempre los albañiles se han lavado y bien lavado al abandonar el tajo. El aspecto menos convnicente del montaje reside en una coreografía de seres temblorosos que agudiza el tinte naturalista de forma exagerada convirtiendo los madriles populares del siglo XIX en una especie de infierno dantesco.

El público casi llenaba el teatro en la tercera de las siete funciones programadas, la del pasado martes. Se mostró distante, desaprovechando las ocasiones de aplaudir que la pieza tuvo y tiene, y siendo parco tras la bajada final del telón. Es un público al que le cuesta mucho ampliar su horizonte más allá de La Revoltosa y la docena de títulos consagrados. No supo entender uno de los mejores momentos de las  últimas temporadas, una buena producción de una gran ópera española contemporánea a la que perjudica llamarla zarzuela.

El dramón costumbrista, sangriento y violento que escribió Joaquín Dicenta a caballo del penúltimo cambio de siglo puede que reflejara exagerándolos los males de las clases explotadas para conmover a los pudientes que acudían al Teatro de la Comedia. Rescatarlo por parte de Sorozábal medio siglo después -¡en 1968, con la que estaba cayendo!- era reflejo de una obsesión que chocaba con un mundo muy distinto. Le puso un gran empeño y todo lo mucho y bueno que había aprendido en su dilatada carrera musical, pero no bastó y se quedó sin estreno. Pasado otro medio siglo hubiera necesitado moderar ese pesimismo atávico que la oscurece, y no intentar un alegato donde sólo hay un melodrama que comienza muy acertadamente con Andrés razonando por qué el participar en revueltas contra la injusticia no lleva más que a nada.

En todo caso son frecuentes las óperas sobre libretos muy imperfectos y se programan por las bondades de su música acompañadas de montajes inteligentes y equilibrados. Sobra definitivamente el asesinato de Rosa: si la obra se termina en puntos suspensivos, con Juan José agazapado dudando si matar, Paco aproximándose al peligro y Rosa paralizada entre ambos, si el final quedara abierto, la impresión final mejoraría. En todo caso, el intento ha sido positivo, merece reconocimiento y la atención de otros programadores que prolongue su vida en los escenarios.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Dirección musical: 8
Dirección artística: 6
Voces: 8
Orquesta: 8
Escenografía: 6
Coreografía: 4
Producción: 7
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 8

TEATRO DE LA ZARZUELA
‘Juan José’, drama lírico popular en tres actos de Pablo Sorozábal, basado en la obra de Joaquín Dicenta
Del 5 al 19 de febrero de 2016

Estreno absoluto de la versión escénica
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela
Duración aproximada: Primer, segundo y tercer acto: 1 hora y 45 minutos (sin intervalo)
5, 7, 9, 11, 13, 17 y 19 de febrero de 2016, 20:00 horas (domingos, a las 18:00 horas)
Funciones de abono: 5, 7, 11, 13 y 19 de febrero

Dirección musical
    Miguel Ángel Gómez Martínez
Dirección de escena
    José Carlos Plaza
Escenografía e iluminación
    Paco Leal
Vestuario
    Pedro Moreno
Pinturas
    Enrique Marty
Coreografía
    Denise Perdikidis
Ayudante de dirección
    Jorge Torres

Reparto

ROSA
    Carmen Solís
TOÑUELA
    Silvia Vázquez
ISIDRA
    Milagros Martín
PACO
    Antonio Gandía
JUAN JOSÉ
    Ángel Ódena
ANDRÉS
    Rubén Amoretti
CANO
    Ivo Stanchev
PERICO
    Néstor Losán
PRESIDIARIO
    Lorenzo Moncloa
TABERNERO
    Ricardo Muñiz
Orquesta de la Comunidad de Madrid
    Titular del Teatro de La Zarzuela.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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