El amor brujo de la Fura

Un espectáculo decepcionante que emborrona la música con caos escénico

Manuel de Falla compuso esta ‘gitanería’ -como la denominó- para abrirse paso en Europa con un ballet rompedor, adelantándose a Igor Stravinski y emulando a su admirando Claude Debussy. Y un siglo después su puesta en escena aún sigue presa de la españolada más soez. Pensábamos que a lo mejor La Fuera dels Baus conseguía sacarla del cepo, pero lo que ha hecho es empeorar la deriva en un espectáculo fallido, que emborrona los aciertos musicales de la partitura y remeda penosamente aquellas proezas telúricas que hicieron famoso al grupo hace demasiado tiempo.

Todo estaba a favor de una puesta al día, especialmente la generosa financiación coproducida desde Peralada y Granada, -donde ya se ha visto-, junto a Madrid, Montecarlo y Bolonia para celebrar el centenario del estreno de este ballet para orquesta sinfónica con tres canciones cortas para mezzo-soprano, la historia de la despechada Candela, que recurre a la brujería para recuperar a su Carmelo. Pero Carlos Padrissa no sólo mantiene el molde sino espesa esa pasta de machos y hembras primitivos que sigue denigrándonos por esos mundos. Pensarían ustedes que ha prescindido de cuestiones conceptuales para concentrarse en lo suyo, una puesta en escena espectacular con la que elevar la música de Falla a la estratosfera teatral.

Pero no es así. La fealdad general de los estereotipos de los dos protagonistas, rodeados de ocho bailarines cuyas coreografías son espantosas, vestidos todos de la forma más atroz que pueda imaginarse, moviéndose en escena sin la menor gracia ni siquiera oficio, bailando mal y ampulosamente, acompañados por un guitarrista que no viene a cuento, y la mayor parte del tiempo perjudicando los esfuerzos de una orquesta sepultada (en vez de ser realzada su presencia en directo), todo este desbarajuste humano acompaña a un desbarajuste escenográfico aún peor, a base de un artilugio espantoso cuyo protagonismo articulado resulta antiestético a más no poder. Añádanse lanzallamas industriales y toneladas de agua al buen tuntún. Nómbrense también antorchas humeantes, manejo sobreabundante y disparatado de la iluminación, vídeos de terror, empleo caprichoso de telones traslúcidos y la presencia en escena de una troupe de auxiliares cuyos movimientos siempre resultan inoportunos, y  empezaremos a aproximarnos a lo que ayer vimos en el ensayo general de la propuesta.

Ustedes dirán que el ensayo general no es el estreno de hoy y que quizás se corrijan algunas cosas, incluidos los desajustes lumínicos que proyectaban sombras penosas, las voces y ruidos entretelones, los fundidos desesperantes entre escenas, los escarceos incomprensibles entre el público, los espejos cegadores por las esquinas y el enorme follón imperante. Ojalá. Pero mucho nos tememos que sin una revisión completa del espectáculo La Fura dels Baus, El amor brujo y el pobre Falla van a hacer este verano un ridículo espantoso por esos escenarios de su gira festivalera. En el hundimiento general sólo se salva el rescate de las imágenes que el artista canario José Val del Omar rodó en Granada en los años veinte del pasado siglo.

Se salva también la música de Falla aunque desajustada con añadidos caprichosos de otro trabajos del autor para alargar -y descabalar- su propuesta original. Sonó muy bien el grupo orquestal que suponemos incluía los quince integrantes de rigor, pues ya decimos que ni al director Manuel Coves se le veía la coronilla, todos ocultos como si enlatados estuviesen.  Esperanza Fernández es una buena cantaora pero no se la puede ni se la debe pedir tanta presencia actoral sino a riesgo de debacle. Físicamente no puede ejercer de jovencita y algunas de las penitencias que le impone Padrissa -quitarse el vestido de novia por los suelos, subirla a una cosa que se queda a media altura, meterla en una jaula portátil a simular lamentos- son absolutamente inviables. Ella misma parecía a veces desconcertada y al final desafinó a modo. Esperanza Fernández ya había cantado el papel de Candela en octubre de 2012 en la anterior puesta en escena de El Amor brujo en Madrid, el programa doble del Teatro de la Zarzuela cuya dirección escénica corrió a cargo del fallecido Herbert Wernicke junto a La Vida Breve (ver nuestra reseña de entonces). Si aquel buen trabajo nos pareció demasiado pegado a esa pandereta que se empeñan por ahí fuera en que sigamos tocando (con la colaboración del oportunismo patrio), visto desde la experiencia de anoche gana puntos por un tubo. Y es que además entonces el personaje de Candela se desdoblaba en dos con la presencia de la bailaora Natalia Ferrándiz y ahora todo le ha caído encima a Esperanza y casi la sepulta. No se nos identifica el racial y a veces hilarante bailaor que la acompaña: mejor para el mismo. Porque del cuerpo de baile, ya fueran ellas esparciendo agua con pulverizadores o ellos en guisa de hombres rana o monigotes falleros, ya hemos insinuado que mejor no hablemos.

Carlos Padrissa en 2010 realizó junto a Alex Ollé una dirección artística de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny en el Teatro Real realmente deplorable (ver nuestra reseña de aquella ocasión) también bajo la franquicia de una marca que con los años ha ido perdiendo impulso y originalidad.

Ojalá, ya lo decíamos, que en el estreno oficial de esta tarde -con las localidades de platea a 80 y 70 euros- se corrijan los desajustes más abultados. El ensayo general comenzó con media hora de retraso que nadie se dignó justificar y que al público invitado no le impidió mostrarse generosísimo en aplausos. Nuestra humilde opinión es la que les hemos contado.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 5
Libreto: 6
Partitura: 7
Dirección musical: 7
Dirección artística: 4
Interpretación: 5
Escenografía: 5
Orquesta: 7
Producción: 5

Teatros del Canal – Sala Roja
Amor Brujo: el fuego y la palabra
La Fura dels Baus
6, 7 y 8 de mayo de 2016
Duración: 1h 15min

De MANUEL DE FALLA (1876-1946)
El amor brujo (Gitanería en un acto y dos cuadros, 1915), completado con En el Generalife, de Noches en los jardines de España; Introducción, de El sombrero de tres picos; Danza española, de La vida breve; cante popular Vidalita con Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés

Candelas: Esperanza Fernández
Bailarines: Miranda Alfonso, Fuensanta Blanco, Yaiza Espigares, Pol Jiménez, Montse Selma, Julio Ruiz, María Muñoz y Axel Téllez
Guitarra: Miguel Ángel Cortés
Piano: Karina Azizova
Orquesta: Orquesta de la Comunidad de Madrid
Director orquesta: Manuel Coves

Manuscrito de María de la O Lejárraga
Imágenes cinematográficas: José Val del Omar
Director de escena y escenógrafo: Carlos Padrissa (LA FURA DELS BAUS)
Coreografía: Pol Jiménez
Diseño de vestuario: Chu Uroz
Iluminador: Carles Rigual
Efectos especiales: Thomas Bautenbacher
Montaje vídeo: Manel G. Frasquiel

Ayudante del director de escena y regiduría: Zamira Pasceri / Asistente del director de escena: Mireia Romero / Maestro de luces: Carles Rigual, Bernat Jansà / Director técnico: Jaume Grau / Técnicos: Francesc Torrent, Josep Costa / Producción: Marta Coll

Coproducción del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Sponsorship Consulting, Teatros del Canal, Old and New Montecarlo, Fundaçao Theatro Municipal de São Paulo, Teatro Comunale di Bologna, y Festival Castell de Peralada, con motivo del centenario del estreno de El amor brujo.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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