¿Es o no es la reforma constitucional una «sugerencia» del Banco Central Europeo? Se ha hablado mucho (yo lo he hecho aquí) acerca de si la reforma constitucional es o no es una imposición (perdón, «sugerencia») de Merkel y Sarkozy. A este respecto se ha especulado sobre una misteriosa carta del BCE al presidente del Gobierno español (o a la ministra de Hacienda) y sobre su eventual contenido. Algún miembro del gobierno ha negado que ESTA reforma constitucional tenga relación con el BCE. Si esto fuera cierto, la pregunga sería: ¿por qué entonces se pone en marcha esta inútil reforma?
I. LA CRISIS DE LA DEUDA PÚBLICA
Es sabido que este mes de agosto los gobiernos de Italia y España estuvieron contra las cuerdas por causa del déficit que aqueja sus economías. Este déficit provoca que tengan que emitir bonos de deuda pública para cubrirlo. Y ahí está el problema.
La deuda de los países fiables se compra a un interés bajo porque su cobro es seguro. No hay riesgo en comprar deuda de Alemania porque todos saben que van a cobrar. Son los inversores los que se pelean por invertir en deuda alemana, no es Alemania quien busca desesperada compradores a su deuda. Es como dejar el dinero en un banco suizo: el banco no ofrece mucho interés, pero da una enorme seguridad de que ese dinero se cobrará.
Pero hay países que no son fiables y cuando, para financiar su déficit, emiten deuda, la situación es diferente. Quienes tienen dinero, precisamente porque consideran arriesgada, o muy arriesgada, la compra de la deuda pública de estos países, exigen un alto interés a cambio. Y el hecho de tener que pagar altos intereses a quienes compran la deuda pública supone, a medio y largo plazo hipotecar la economía del país. ¿Por qué? Pues porque dentro de unos años el presupuesto de ese país tendrá que dedicarse más a pagar a los prestamistas que a ayudas sociales o infraestructuras.
La quiebra se produce cuando no hay esperanza fundada en que el país deudor pueda pagar el dinero que se le ha prestado. Ante este riesgo el prestamista exige intereses cada vez más altos para intentar compensar con el pago de intereses el riesgo de dejar de cobrar del principal de la deuda. Es el caso de Grecia.
El «diferencial de deuda» del que se habla es la diferencia entre el interés que se paga por comprar deuda alemana (que se considera de cobro muy seguro) y el interés que se paga por comprar deuda de otro país. En consecuencia, cuanto mayor es el «diferencial de deuda» de un país con Alemania menor es la seguridad que tienen los prestamistas en cobrar la deuda de ese país. El diferencia de la deuda española respecto a la alemana no ha dejado de crecer con el gobierno de Rodríguez Zapatero.
Si la causa de la crisis es el tremendo coste que supone tener que pagar altos tipos de interés por la deuda pública que emiten los países en dificultades, parece lógico que se piense que una posible forma de atajar el problema es hacer que estos países tengan que recurrir menos a la deuda. Y para ello, nada mejor que no tener déficit o tenerlo muy pequeño. ¿Cómo? Pues o con más productividad o con menos gasto o con ambas cosas a la vez.
II. LA CARTAS DEL BCE A ITALIA
Este es el contexto de la carta que el actual (Trichet) y el futuro (Draghi) directores del Banco Central Europeo enviaron al primer ministro italiano a principios de agosto. Recordemos que ese mes el «diferencial de la deuda» italiana respecto a la alemana aumentó de forma muy acelerada. La crisis se sorteó cuando el BCE decidió comprar la deuda pública italiana. Pero ¿con qué dinero compra el BCE esa deuda? No con su dinero propio… sino con el dinero de los países que dentro del euro tienen más recursos: Alemania y Francia.
En Italia se publicó, y se confirmó, que el BCE había enviado una carta al primer ministro italiano con una serie de «sugerencias», muy detalladas, sobre los cambios que deberían realizarse en Italia en el sistema económico.
III. LA POSIBLE CARTA DEL BCE A ESPAÑA Y SU EVENTUAL CONTENIDO
Dado que en las mismas fechas en las que el BCE compró deuda pública de Italia, también compró deuda pública de España, no resulta, por tanto, aventurado, afirmar que el BCE haya enviado otra carta al presidente del Gobierno español o a su ministra de Economía y Hacienda.
Sin embargo, a diferencia de lo que ha ocurrido en Italia, en España, nadie ha confirmado la existencia de esa carta ni se ha filtrado su contenido.
El vicepresidente del Gobierno José Blanco ha dicho «yo no tengo constancia de que haya existido una carta del BCE» a España. Obsérvese que dice que «él» no tiene «constancia», pero no niega que la misma exista. Si no existiera sería lógico que negara su existencia. Pero no lo ha negado. De ahí cabe deducir, con una alta probabilidad que la carta existe.
Ahora bien, esa carta que parece muy probable que exista: ¿ha «sugerido» la actual reforma constitucional del artículo 135 de la Constitución?
Aquí en su momento pensé en esa posibilidad, una posibilidad que también fue sugerida por el Partido Popular.
Sin embargo, el vicepresidente Blanco ha tenido una contundencia respecto a la reforma constitucional que no ha mostrado respecto a la existencia de la carta del BCE. Blanco ha dicho:
Lo quiero negar tajantemente; nunca el BCE ha planteado una exigencia de reforma de la Constitución
IV. REFORMA CONSTITUCIONAL: ¿MANIOBRA DE DISTRACCIÓN? ¿RESPECTO A QUÉ?
Si aceptamos las contundentes palabras de Blanco, la reforma constitucional no ha sido «sugerida» por el BCE.
Pero entonces nos encontramos dos hechos:
1. Es altamente probable que SÍ haya existido carta del BCE.
2. El contenido de esa carta muy probablemente puede ser diferente del de la carta enviada a Italia.
Y la primera pregunta entonces es: ¿qué ha sugerido el BCE?
A mi juicio, puede ser razonable pensar que el BCE haya sugerido un control del gasto autonómico, que es uno de los más graves problemas de nuestro sistema. Si la carta es tan «detallada» como la enviada a Italia no es descartable que haya podido sugerir, entre otras cosas, la supresión de los numerosísimos defensores del pueblo, consejos consultivos, cámaras de cuentas, consejos económicos y sociales, que pululan por la geografía autonómica.
Si esta hipótesis fuera cierta, la reforma constitucional planteada por el gobierno Rodríguez efectivamente no sería una «sugerencia» del BCE, sin una trampa como aquí se sugirió:
– una trampa a Rubalcaba;
– una trampa al PP que ha colaborado, no sé si calculando bien las consecuencias que ello tiene, en liquidar a Rubalcaba garantizando así que el PSOE volverá al zapaterismo tras la derrota de éste en las elecciones;
– una trampa a Merkel y al BCE, para intenta desviar la atención del BCE de sus «sugerencias», haciendo creer con esta finta que, sin cortar el gasto corriente de las autonomías (sobre todo el gasto de políticos) se puede mejorar la situación.
Los interrogantes son muchos.
Y sólo se pueden solucionar si el presidente del Gobierno de España y la ministra de Economía y Hacienda, en una declaración oficial:
– niegan, insisto, oficialmente que ha existido carta del BCE a España
– caso de que reconozcan la existencia de tal carta, hacen público su contenido a la opinión pública.
