Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Las Navas de Tolosa y la Nación española

Hoy, 16 de julio, se celebra el 800 aniversario de la gran batalla de las Navas de Tolosa. La conmemoración ha suscitado algunos comentarios, pocos, en relación con la importancia del acto. El diario ABC de hoy lunes 16 de julio publica sendos artículos: uno de Serafín Fanjul y otro de Juan Manuel de Prada. Prada es un excelente escritor que domina la forma de la escritura y que, cada vez, es más profundo. Pero esta vez creo conveniente expresar una cierta discrepancia con su tesis oponiendo la batalla de «Las Navas de Tolosa» con la «Constitución de 1812». Una discrepancia que debo extender a otro buen columnista, Ignacio Camacho.

I. PRECISIONES A IGNACIO CAMACHO
En su columna de ayer domingo, titulada «1212«, Ignacio Camacho, dice «en aquel tiempo no existía España ni el concepto de nación siquiera».
Creo que Ignacio Camacho se equivoca. No vamos a entrar a discutir si entonces existía el concepto de «nación». Pero si no queremos utilizar el término «nación» tenemos que aceptar, en todo caso, que lo que sentían los españoles de 1212 era lo que hoy en día se entiende por una «nación»: la idea de compartir un origen y un destino peculiares, diferenciados con exclusividad de otros orígenes y destino.

Es más, de lo que no cabe absolutamente ninguna duda es de que sí existía España. Y es que, aunque España no existiera en aquel momento como entidad político-administrativa, Camacho debiera recordar estos hechos:
– España sí había existido como tal entidad político-administrativa independiente antes de la ocupación musulmana;
– España existía, y así era considerada desde fuera, en toda Europa, como una político-cultural, pues, como he recordado aquí, así se prueba el «Códice Calixtino» que es de autoría francesa y que habla, con toda nitidez de «España» identificada, no como «península Ibérica» sino como la idea y el pueblo continuador de lo que fue la Hispania político-administrativa independiente de la época visigoda.
– España existía, y así era considerada desde dentro de la propia España, como una unidad político-cultural y eso, precisamente, es lo que prueba la Batalla de las Navas de Tolosa en la que intervienen todos los reinos españoles conscientes de su destino común.

II. PRECISIONES A JUAN MANUEL DE PRADA
Prada, en un combativo artículo titulado «Dos conmemoraciones» critica con dureza el proceso constituyente de 1812. Y, aunque muchas de las cosas que dice son ciertas, creo que yerra en algunas.
No es exacto decir, como él hace que

En Cádiz, mientras los patriotas se batían con denuedo contra el invasor francés, los señoritos liberales se juntaron para promulgar una constitución que consagraba las mismas ideas que Napoleón trataba de imponernos con la sangre.

Es cierto que los que entre Cádiz y las Navas de Tolosa existe una diferencia esencial, diferencia que, más que entre estos dos acontecimientos se podría establecer en general entre dos épocas y es que en la Edad Moderna resultaba muy excepcional que los patriotas que luchaban fueran los mismos que elaboraban las leyes fundamentales. Pensemos en los Estados Unidos, o en la Francia revolucionaria…
Pero curiosamente, Napoleón, en este punto, estaba más próximo al modelo tradicional (al que pertenece la Batalla de las Navas de Tolosa con los reyes de España presentes en la batalla) pues él estaba tanto en el campo de batalla como en el trabajo legislativo.

Ahora bien, no es del todo cierto que la Constitución de 1812 consagrara las «mismas ideas» que Napoleón trataba de imponer con la sangre. Y no lo es porque:
– No lo es, en primer lugar, porque en 1812 se consagraba la idea de la independencia de la Nación Española, que era una idea muy lejana de la de Napoleón que era la de someter a España a su tutela;
– no lo es, en segundo lugar, porque en 1812 se consagraba la confesionalidad católica de la Nación Española, que era una idea muy lejana de la agresividad anti-católica de la que hizo gala Napoleón;
– y no lo es, en tercer lugar, porque en 1812, se consagran ciertas instituciones, como los municipios dotados de autonomía, que entroncan con la historia tradicional española y se alejan del sistema rígidamente centralizado que Napoleón trataba de imponer.

III. CONCLUSIÓN. DE LAS NAVAS DE TOLOSA A 1812: LA CONTINUIDAD DE LA NACIÓN
Coincido con Ignacio Camacho y con Juan Manuel de Prada en que el octavo centenario de la Batalla de las Navas de Tolosa debiera haber merecido un reconocimiento mayor porque, coincido, es un hecho de una importancia «histórica» mayor aún que la Constitución de 1812. No en vano se ha llegado a calificar, con mucha justicia, esta batalla como «las Termópilas españolas«.
La Batalla de las Navas de Tolosa constituye un momento DECISIVO de la historia, mientras que de no haber aparecido en 1812, parece claro que una Constitución más o menos parecida a la de 1812 iba a aparecer más tarde o más temprano en España.
Pero dejado claro lo anterior, creo que conviene decir que la coincidencia del año «12» para celebrar el centenario de la batalla de las Navas de Tolosa y de la Constitución de 1812 subraya, no obstante, un hecho esencial: la continuidad de la Nación Española a lo largo de los siglos. De muchos siglos.

NOTAS

1º.
El 17 de julio, día siguiente a la publicación de este artículo, el diario ABC publicó dos buenos artículos sobre ese asunto:
Esteban González Pons, «1212+1812+1912+2012», con el que coincido sustancialmente y que recomiendo
Hermann Tertsch, «De Viena a Despeñaperros«.

2º.
Se acaba de publicar un documentado y ameno libro que historía de forma novelada la gran batalla de las Navas de Tolosa:
Augusto Bruyel, Alfonso VIII. Historia de una voluntad. VIII Centenario de las Navas de Tolosa, Editorial Manuscritos, Madrid, 2012.

Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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