Llevan 13 años dando la vuelta al mundo con sus tradicionales tambores wadaiko, con los que han hecho alucinar (a mí incluido) a cientos de miles de atentos espectadores en más de 1.500 actuaciones. Tratan de dar un vuelco al corazón de la audiencia recreando con sus instrumentos el sonido del pulso de la vida. Ahora están de gira por Europa. ¿Saben a quién me refiero?
Se trata de Yamato, cuyos integrantes transmiten corazón y alma a sus tambores, y logran, a través de su percusión “transmitir el ritmo del latido del corazón, la sonora esencia de todos los seres vivos”.
Para lograrlo, utilizan un instrumento que ha existido siempre y cuyo sonido ha sobrecogido desde su nacimiento: el tambor. Con él han actuado en más de una treintena de países, logrando una magnífica acogida por parte del público.
Su intenso entrenamiento les permite provocar que ese latido resuene a través del mundo entero, a veces con gran sutileza, a veces con una fuerza abrumadora. Según ellos, han llegado a crear una ola de energía cuando los golpes del tambor suenan junto con las pulsaciones de su público, lo que los anima a seguir actuando.
Viajan por todo el planeta cargados con una gran variedad de tambores de todos los tamaños, entre los que destaca un odaiko, hecho con un gran árbol de más de 400 años. Desde su fundación como grupo en 1993, su labor ha sido exponer la versatilidad de su instrumento estrella haciendo un llamamiento instintivo en todas sus representaciones.
Oriundos de Nara, Japón, los Yamato son mucho más que un grupo de percusión. Con más de 30 tambores en escena y un total de 10 percusionistas, Yamato convierte el arte en entretenimiento gracias al humor y a la interacción con el público.
Los tambores Taiko son los protagonistas del espectáculo Kami-Nari (trueno) que tuve ocasión de ver este pasado fin de semana. Utilizados a lo largo de la historia tanto por brujos para cazar espíritus malignos como por samuráis para aterrar a sus enemigos, el Taiko evolucionó tras la II Guerra Mundial para convertirse en un importante instrumento musical.
En la actualidad, son cerca de 4.000 los grupos que, en Japón, se basan en este tipo de tambores para crear sus ritmos y sonidos. Y, aunque al parecer sólo son nueve los que se dedican a ello profesionalmente, Yamato consigue distinguirse de todos estos gracias a las buenas dosis de humor que llenan sus representaciones, a la conexión que logran con el público y a la energía y alegría con la que actúan los percusionistas.
Según la filosofía japonesa, todas las personas, elementos y materias tienen su propio espíritu. Y los tambores representan el espíritu divino. Kami-Nari es un espectáculo lleno de fuerza, dinámico y con ritmos enérgicos gracias a los sonidos que, de los Taiko, obtiene la compañía Yamato.
Los tambores se presentan en diferentes tamaños. Desde los pequeños Shime-Daiko, un tambor tensado con cuerdas, o el Hira-Daiko, un tambor liso más ancho que alto, hasta el O-Daiko un instrumento enorme que puede llegar a los 1’8 metros de diámetro y a los 500 kilos de peso.
Aunque Yamato va más allá de la percusión y mezclan la potencia de estos tambores con la armonía del Koto y el Shamisen, dos instrumentos de cuerda tradicionales en Japón.
El productor ejecutivo del conjunto en Europa, JG Baggerman, asegura que no conoce otro grupo con la dedicación física de los Yamato. La exigencia que requieren los Taiko y sus giras internacionales les obligan no sólo a correr 10 kilómetros cada mañana sino incluso a tener que mezclar su vida privada con la profesional.
Kami-Nari combina durante dos horas la tradicionalidad de los tambores japoneses Taiko con unos ritmos llenos de fuerza que agradan alrededor del mundo.
¿Cómo, que no ha hablado de comida? A la salida del teatro fui a tomar unos sushi con mucho wasabi y un sake frío en caja de madera con sal, como se hace allí en las inauguraciones…
