Cierro mi corta pero intensa estancia de cuatro días en Múnich para asistir al recital de poesía de Pep Guardiola en homenaje a Miquel Martí i Pol en la Literaturhaus, llena hasta la bandera.
Aprovecho a la mañana siguiente para presenciar el primer entrenamiento del Bayern en la Säbener Strasse. Me impresiona una vez más el mimo con que el preparador Lorenzo Buenaventura prepara el campo. Asisten más de 200 aficionados. Es jornada de puertas abiertas. Calor inmenso. Embriaga el olor a césped de la ciudad deportiva muniquesa. El lírico Pep que la tarde anterior -muy puesto- recitaba en catalán poemas escogidos del difunto amigo- dirige marcial y adusto los ejercicios.
Horas después, vuelo ultratemprano con Lufthansa para asistir a la ceremonia de graduación de EAE Business School en Barcelona. ¡Cuánto gentío en el Centro Internacional de Convenciones del Fórum! Capacidad del auditorio: 3.200 personas. La Escuela se sale en cuanto a número de alumnos. Y yo identifico un montón de ahora ya ex pupilos.
El headhunter Luis Conde actúa como key speaker y exhorta a vender el propio talento. Paso previo: conocernos e identificar en qué somos buenos.
Hay 80 naciones representadas entre los alumnos. Lo de la internacionalización es un hecho imparable. Barcelona actúa además como imán. La gente se va muy contenta de la ciudad y lo dice a sus amigos.
A mi lado, el profesor Francesc Rufas, manresano, me revela que de pequeño tuvo a Pep Guardiola, con 6 años, en su regazo. Le enseñó a leer en La Salle de Manresa. Y aprendió rápido, me apunta. El mundo es un pañuelo.
Veo a los alumnos muy felices. Quieren registrar fotográficamente la emoción del momento. Con sumo gusto me fotografío junto a ellos, siempre que me lo piden. Hay momentos que hay que eternizarlos porque a medianoche habrá acabado el día e indefectiblemente nuestra glamourosa carroza de oro regresará a su condición de carro tirado por ruedas de calabaza.