Guadalajara en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522)

 

GUADALAJARA EN LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES DE CASTILLA (1520-1522)

 

 

Autor: Juan Pablo Mañueco Martínez.

Género: Reportaje periodístico.

Medio: Periodista Digital.

Fecha: 26 de septiembre de 2021

 

 

 

 

EPÍGRAFES DEL REPORTAJE PERIODÍSTICO

 

1-CONTEXTO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO

 

Las Comunidades de Castilla, una primera revolución moderna con aspectos de contemporánea

Guadalajara, ciudad comunera. Juan Bravo y María Pacheco, además, oriundos de Guadalajara.

1.516. Una camarilla flamenca, borgoñona y alemana al acecho de los cargos y rentas de Castilla

Flandes, origen y propiedad de los Habsburgo antes, durante y después de su reinado sobre la Corona de Castilla y sobre España.

Ascenso de los comuneros a la mitología de Castilla, fases en la valoración de las Comunidades de Castilla

La Guerra de las Comunidades, la Ilíada de Castilla en el Arte y la Literatura

Asunto tanto o más de las tierras castellanas al sur del Sistema Central que de las situadas al norte

 

2-PROLEGÓMENOS Y CRONOLOGÍA DE LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES DESDE LA MUERTE DE FERNANDO EL CATÓLICO (1516)

 

1516-1517. Segunda Regencia de Castilla por parte del Cardenal Cisneros

1.517. 19 de septiembre, llegada a España de Carlos de Gante.

1.518. Las Cortes de Valladolid juran rey a Carlos I, conjuntamente con su madre Juana I.

12 de enero de 1520. Muerte del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano I de Habsburgo.

Febrero de 1520. Carlos decide trasladarse a Alemania, incumpliendo una de sus promesas ante las Cortes de Valladolid de 1518.

Marzo de 1520. El rey convoca a las Cortes de Castilla en Santiago de Compostela y posteriormente en La Coruña, donde continúan los preparativos para su salida por mar. El objetivo de las Cortes es conseguir nuevos subsidios con que pagar las cantidades adelantadas por banqueros alemanes y flamencos para la compra del título de Emperador.

1-15 de abril. La ciudad de Toledo se encuentra en abierta rebeldía frente a las autoridades reales desde principios de mes.

16 de abril. Toledo impide la salida de sus procuradores para las Cortes de La Coruña y “se alza en Comunidad”, la cual toma el poder de la ciudad y depone a las autoridades regias.

20 de mayo de 1520. Partida por mar desde La Coruña del rey Carlos, tras conseguir un nuevo apoyo económico  de los procuradores. Deja efectivamente como regente al cardenal extranjero Adriano de Utrecht, incumpliendo uno más de sus juramentos ante las Cortes de Valladolid de 1518.

 

3-LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES (1520-1522). PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS

10 de junio y meses de junio, julio y agosto de 1520. Batalla y sitio de Segovia por las tropas realistas y organización de la Comunidad de Segovia.

21 de agosto. En el contexto del asedio de Segovia, las tropas reales incendian Medina del Campo, al pretender recabar la artillería que en Medina se almacenaba.

1 de agosto y resto del este mes de 1520. Creación revolucionaria, sin convocatoria regia, de las Cortes y Junta General del Reino, en la ciudad de Ávila.

29 de agosto. Entrada de los comuneros en Tordesillas y traslado de las Cortes y Junta General del Reino a Tordesillas, bajo el amparo de la reina Juana I.

Septiembre de 1520. Incorporación de los procuradores de Guadalajara a las Cortes y Junta General del Reino, en Tordesillas.

5 de diciembre. El ejército real recupera la villa de Tordesillas, tras la traición del jefe de las tropas comuneras, Pedro Girón de Velasco, III conde de Urueña y Grande de España, por lo que la Junta Comunera debe trasladarse a la ciudad de Valladolid, nuevo centro de la revolución.

25 de febrero de 1521. Las tropas comuneras, dirigidas de nuevo por Juan de Padilla, conquistan la villa murada y el castillo de Torrelobatón, muy próxima a Tordesillas, acercándose nuevamente a la localidad donde se encuentra la reina Juana I.

12 de abril de 1521, quema o incendio de Mora, en Toledo, por parte de las tropas realistas.

23 de abril de 1521. Batalla de Villalar, cerca de Tordesillas, saldada con un triunfo total del ejército realista.

24 de abril de 1521. Decapitación de los capitanes comuneros Juan Bravo, Juan de Padilla y Francisco Maldonado.

25 de abril de 1521. María Pacheco se apresta a resistir en la ciudad de Toledo.

3 de febrero de 1522. María de Pacheco abandona la resistencia de Toledo y parte para el exilio en Portugal.

María Pacheco y Diego Hurtado de Mendoza, probable autor del Lazarillo, dos oriundos de Guadalajara, sobre los que la ciudad debería reflexionar.

Epitafio de Diego Hurtado para María Pacheco

 

 

1-CONTEXTO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO

 

Las Comunidades de Castilla, una primera revolución moderna con aspectos de contemporánea

 

LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES de Castilla (1520-1522) y en general toda la agitación institucional, política, y social que se desencadenó en Castilla a la muerte de Fernando el Católico (23 de enero de 1516), debe analizarse en el contexto de la instauración de una dinastía extranjera en la Corona de Castilla, con predominantes intereses en los territorios germánicos centroeuropeos de los Habsburgo.

Tales intereses centroeuropeos, entre otros obstáculos, se oponían a los propios intereses castellanos. La Corona de Castilla, desde 1492, se había extendido a todo el orbe conocido, y según opinión generalizada en Castilla, debían ser regidos de manera independiente a los de los territorios originarios de los Habsburgo.

Fernando el Católico era rey de Aragón, pero en Castilla, después de enviudar de su primera esposa, Isabel I, actuaba como Regente y Gobernador del Reino de Castilla, en nombre de la reina Juana I (titular desde 1504, pero ya reina nominal desde 1506, por hallarse recluida en Tordesillas).

De hecho, se planteaba una cuestión dinástica previa. ¿Quién debía ser declarado Regente y Gobernador de Castilla tras la muerte de Fernando el Católico?

¿El hijo mayor de Juana I, Karl, Charles o Carlos de Gante, que había sido educado por los Habsburgo y desconocía incluso la lengua castellana o bien el infante Fernando de Alcalá, segundo hijo varón de Juana I, natural de Alcalá de Henares, que había permanecido durante toda su vida en Castilla y había recorrido el reino repetidas veces acompañando a su abuelo?

Fernando el Católico dudó hasta el último momento entre Carlos y Fernando, pero finalmente las presiones de la camarilla flamenca que ya actuaba en España maniobraron convenientemente para que el Regente designado en el testamento de Fernando fuese Carlos de Gante.

 

Fernando de Alcalá. 1503-1564. Segundo hijo varón de Juana I y Felipe el Hermoso, criado enteramente en Castilla por su abuelo Fernando el Católico, el cual dudó hasta el final de su vida entre dejar como heredero de Castilla y Aragón al español y Trastámara Fernando o bien testar a favor de Carlos de Gante, educado en los intereses flamencos de los Hasburgo. En el último momento se decantó por Carlos.

 

La corte de Bruselas fue más allá de lo testamentado por Fernando el Católico, ya que el príncipe Carlos no se conformó con el título de Regente sino que se autoproclamó rey de Castilla y de Aragón, en vida de su madre, que era la verdadera y legítima reina de Castilla desde 1504 y la heredera de Aragón a la muerte de Fernando el Católico.

Ello constituyó un verdadero golpe de Estado perpetrado por la corte flamenca ya en 1516, y un desprecio a la persona y a los derechos de la reina Juana I, lo que no auguraba nada bueno para los futuros acontecimientos entre el nuevo rey adolescente y el reino más importante que constituía su cuantiosa herencia, la Corona de Castilla.

La crisis del sexenio 1516-1522 fue también una colisión entre las competencias de las Cortes de Castilla y el titular de la Corona, donde las ciudades castellanas plantearon por primera vez en la Historia situarse a un mismo plano e incluso por encima del rey, con la posibilidad de convocarse por sí mismas y de plantear leyes que obligaran también a la figura del monarca.

Ello convierte a la Revolución de las Comunidades en la primera revolución de los tiempos modernos que, además, apunta claramente a la época contemporánea puesto que puso sobre el espacio de discusión política temas que sólo triunfarían a finales del siglo XVIII (con las revoluciones americana y francesa) y sobre todo durante el siglo XIX con el éxito de las revoluciones liberales en el hemisferio occidental.

 

Guadalajara, ciudad comunera. Juan Bravo y María Pacheco, además, oriundos de Guadalajara.

 

EL PAPEL DE LA CIUDAD DE GUADALAJARA, como una de las dieciocho ciudades y subdivisiones de la Corona de Castilla con representación en Cortes, es fundamentad, dada la importancia de las Cortes de Castilla en el desarrollo y desenlace final de Guerra de las Comunidades.

Pero además es necesario subrayar el vínculo con las tierras de la Guadalajara actual de dos de las figuras máximas y más representativas de aquellas jornadas, como son el segoviano Juan Bravo de Mendoza, capitán de las tropas comuneras segovianas, pero nacido en Atienza (provincia de Guadalajara) y emparentado con otros Mendozas alcarreños, y también hay que citar como oriunda de Guadalajara a María López de Mendoza y Pacheco, esposa del capitán general comunero Juan de Padilla.

Juan Bravo de Mendoza y María de Mendoza y Pacheco era primos entre sí, lo cual refuerza su vinculación con Guadalajara.

Por otra parte, damos a María Pacheco el tratamiento de oriunda de Guadalajara, por ser hija de Íñigo López de Mendoza (Guadalajara, 1440-Alhambra de Granada, 1515), I marqués de Mondéjar y II conde de Tendilla, conocido como el Gran Tendilla, primer capitán general del reconquistado Reino de Granada, y alcaide perpetuo de La Alhambra.

María Pacheco (La Alhambra, 1496-Oporto, 1531) se contabiliza como granadina, lo que la reduciría a ser oriunda de la Alcarria, pero en realidad fue una alhambreña, que creció rodeada y protegida en todo momento por las tropas castellanas regidas por su padre, en el complejo residencial de la ciudad palatina reconquistada.

Entre sus palacios, jardines y la fortaleza de la Alhambra creció, sin apenas cruzarse con la población autóctona de un reino que, a finales del siglo XV y principios del XVI, era casi en tu totalidad morisca, por lo que los enfrentamientos y disputas entre ambas comunidades eran frecuentes y no siempre pacíficos.

Por las calles de la ciudad o por los campos del reino sólo circuló la pequeña María Pacheco fuertemente custodiada por tropas castellanas que debían velar por su seguridad.

Se sentía familiarmente bastante más de Guadalajara, cuyas tierras –las de su padre- visitaría en su infancia, o de Toledo –en donde la vemos ya casada con Juan de Padilla a los quince años- que no de la ciudad o reino de Granada.

Por ello, por la participación propia de la ciudad y alfoz de Guadalajara en las Cortes de Valladolid (1518), en las de La Coruña-Santiago (1520), y en los sucesos políticos y bélicos de 1520-1522, el papel de Guadalajara en la Guerra de las Comunidades de Castilla es importante, pero se convierte en uno de los más esenciales si a ello le añadimos las figuras de Juan Bravo y de María Pacheco.

Juan Bravo, el primero de los tres decapitados de la jornada del 24 de abril de 1521, en Villalar. María Pacheco quien enarboló la bandera de la rebelión castellana ante Carlos de Gante durante nueve meses más, hasta febrero de 1522, y, en el fondo, hasta su muerte en el exilio portugués, en 1531.

Atenderemos a estos tres conceptos, la participación de Guadalajara en la Guerra de las Comunidades y también, adicionalmente, al papel jugado en ella por estos dos oriundos de la Alcarria, en las líneas siguientes.

 

1.516 Una camarilla flamenca, borgoñona y germana cae sobre los cargos y rentas de Castilla

 

En 1516, con la muerte de Fernando el Católico, una camarilla de codiciosos consejeros del joven de 16 años Carlos de Gante, pusieron bajo su objetivo las riquezas y las rentas de la Corona de Castilla.

Una pujante y expansiva Castilla, con intereses ya en tres continentes, que debía quedar supeditada, según los nuevos aires políticos llegados desde Centroeuropa, a la sujeción general de los intereses y provechos de Flandes, “nuestra patria” como recordó literalmente Carlos I en su testamento a Felipe II.

Ese fue el consejo de Carlos I a Felipe II, que además fue seguido al pie de la letra por los restantes reyes de la Casa de Austria, si los intereses de una parte de sus reinos entraban en colisión con los beneficios flamencos: primero debían primar los de Flandes, “nuestra patria familiar”.

Castilla y los castellanos, en frase desafortunada pero exacta de la camarilla flamenca de la época, eran “los indios de los flamencos” (luego de los Habsburgo) que debían prestarles a los borgoñones y germanos los mismos servicios y beneficios que los indígenas americanos, a mayor gloria de la Casa de Austria.

Flandes, origen y propiedad de los Habsburgo antes, durante y después de su reinado sobre la Corona de Castilla y sobre España.

La consideración de los sucesos de 1520-1522 como Guerra de la Dependencia de Castilla ante la Casa de Austria se prueba porque, después de dos siglos de esfuerzos económicos, militares y sobrehumanos para mantener para los Austrias españoles sus posesiones flamencas, el Tratado de Utrecht de 1713, resulta revelador en este sentido.

El Tratado de Utrecht, que sancionó al final de la Guerra de Sucesión provocada por el Austria de turno -el pretendiente derrotado Carlos III de Habsburgo-, puso fin a dos décadas de guerra en su “amada” –más bien “codiciada”- España.

Para aceptar la paz, el aspirante derrotado Carlos III de Habsburgo exigió grandes pérdidas territoriales para España, entre ellas que las provincias de Flandes pasaran desde España… al poder de quien siempre habían pertenecido, esto es, al Archiducado de Austria, o sea, a él mismo…

¡Flandes siempre había sido acervo, posesión y tenencia de la Casa de Austria reinante sobre España, la Corona de Castilla sólo había puesto durante dos siglos el oro, los metales preciosos, los esfuerzos y la sangre de sus soldados para defenderles a los Austrias sus dominios!

Muy poco libre y autóctono –más bien esclavo- el papel de los Tercios de Flandes que tanto nos desangraron y agotaron a los castellanos en una tierra y en unas guerras europeas donde no había nada que ganar y sí todo –como se demostró al final- que perder.

 

Ascenso de los comuneros a la mitología de Castilla, fases en la valoración de las Comunidades de Castilla

 

LA VISIÓN DE LOS COMUNEROS como lo que fueron, unos patriotas castellanos y por extensión españoles, deseosos de salvaguardar los intereses de Castilla y España frente a las conveniencias dinásticas extranjeras de una estirpe familiar más preocupada de sí misma que del bien común de sus reinos y súbditos, estuvo soterrada y escondida en tiempos de la máxima presión propagandística y represión política de la Casa de Austria.

Carlos I de España ordenó, por ejemplo, colocar las armas de su escudo a la entrada de todas las ciudades comuneras de Castilla, en lo más visible de la puerta de entrada de las murallas, para que nadie tuviera ninguna duda acerca de quién era su amo, por la fuerza de las armas y por el derecho sagrado de conquista, según expresión de la época.

Pero ya a finales del propio siglo XVI los historiadores oficiales de la España de los Austrias empezaron a señalar ideales defendibles y propósito sanos entre los comuneros, a la vez que reprobaban “los excesos que en esta como en cualquier otra revuelta se produjeron”.

Desde entonces, la historiografía y la literatura se ha ocupado con frecuencia del fenómeno comunero, extrañándose unos de que los castellanos mostraran tan alto grado de rechazo de la política imperial austriaca, y admirándose otros de que plantearan soluciones tan contemporáneas como las que propusieron para resolver la crisis originada por el Habsburgo advenedizo y rapaz.

El siglo XIX volvió los ojos sobre ellos saludándoles como liberales y contemporáneos, mientras que las épocas de dictadura de los siglo XIX y XX tornaron a verse más reflejadas en el imperio de Karl de Gantes que en unos castellanos que luchaban por Castilla, con bastante nutrido argumentario y con un bien pertrechado equipo de ideas, razonamientos y reflexiones…

Desde los años 70 del siglo XX, la consideración de la Revolución de las Comunidades de Castilla como una primera revolución moderna o incluso contemporánea, ya que planteó cuestiones como la soberanía popular y la supeditación de la Corona a las Cortes nacionales, ha ido creciendo hasta constituir la visión que hoy suele concedérsele en todos los foros y ámbitos.

 

La Guerra de las Comunidades, La Ilíada de Castilla en el Arte y la Literatura

 

DE ESTA FORMA, LA Guerra de las Comunidades de Castilla, desde el siglo XIX, XX y XXI, ha generado ya tanta literatura y tanta expresión artística en varios campos de las Bellas Artes que bien podíamos ir considerándola “La Iliada” venerable de los helenos, trasladada su épica a las tierras, valles y montañas de Castilla de nuestra época.

Acontecimientos épicos con final trágico, amores imposibles de mantener que perduran más allá de la muerte y de los siglos, reinas locas o enloquecidas que se mantienen ocultas, encerradas para que no digan la verdad…

Bravas mujeres que toman el lugar de sus maridos cuando estos caen en el fragor de las batallas.

Jóvenes capitanes valerosos que salen en defensa de los ideales de la libertad y de la justicia para enfrentarse a ejércitos más poderosos y mejor armados y financiados

Traidores contumaces que ascienden hasta la cúpula de los ejércitos rebeldes para entregárselos desarmados y derrotados a los ejércitos contrarios, salvando el alevoso traidor su pellejo y su vida, en tanto se desentiende del futuro de los traicionados…

Sí, hay elementos épicos en la Guerra de las Comunidades de Castilla. Pero aún señalaremos más…

Obispos guerreros entrando en batalla al frente de violentos ejércitos de sacerdotes que cabalgan para causar cuantos bajas puedan al enemigo realista y cuantos estragos les sea dado causar a los campos y posesiones de los altos señores que oprimen al pueblo.

Grandes señores de la guerra que en principio ven con buenos ojos las reivindicaciones comuneras, pero que, ante la violencia gratuita desatada por las masas y ante los desmanes generalizados de las tumultuosas hordas incontrolables, deciden volver al bando del orden para escapar del caos anárquico de las revueltas antiseñoriales…

Definitivamente, se podría señalar quién es Aquiles en esta epopeya, quién es Áyax, quién es Héctor, quién Andrómaca (la que lucha contra los hombres, etimológicamente), y quién Helena, y quien Patroclo, Agamenón y Menelao…

Hay batallas junto a las murallas y hasta hay caballos de Troya, sólo que esta vez no se dejan como regalo de traición, sino que se mueven en la dirección equivocada para que la felona alevosía exprese la perfidia y la vileza de su autor de un modo más claro, y sin astucia, sólo con infamia.

 

Asunto tanto o más de las tierras castellanas al sur del Sistema Central que de las situadas al norte

 

VILLALAR, HOY CONOCIDO COMO Villalar de los Comuneros, no fue el final de la Guerra de las Comunidades en abril de 1521. Toledo, que la había iniciado, resistió y prolongó el espíritu de la Comunidad hasta 1522.

Reducirlo todo a Villalar, como a veces se hace indebidamente, es desconocer los variados escenarios políticos y militares en que tuvieron lugar los acontecimientos –con sus vicisitudes y victorias parciales de uno y otro bando- y procurar eludir el papel esencial de la Castilla Nueva en la Guerra de las Comunidades de Castilla.

Juan de Padilla, es natural de Castilla la Nueva. El segoviano Juan Bravo es natural de Castilla la Nueva. Juan de Zapata es natural de Castilla la Nueva. María Pacheco es oriunda de Castilla la Nueva… Sin Castilla la Nueva no puede entenderse la Guerra de las Comunidades, y por las figuras de Bravo y Pacheco, tampoco puede entenderse sin Guadalajara.

 

2-PROLEGÓMENOS Y CRONOLOGÍA DE LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES DESDE LA MUERTE DE FERNANDO EL CATÓLICO (1516)

 

  • 23 de enero de 1516. Muerte de Fernando el Católico, regente de Castilla y rey de Aragón.

 

  • 1516-1517. Segunda Regencia de Castilla por parte del Cardenal Cisneros

 

  • La Corona de Aragón pasa a la Regencia de Alonso de Aragón, hijo natural de Fernando el Católico, arzobispo de Zaragoza y de Valencia.

 

 

Exploración del Mar del Plata, por Juan Díaz de Solís

 

1.516. Enero Descubrimiento y exploración de la costas de Sudamérica hasta el Mar del Plata, por la expedición de Juan Díaz de Solís, nacido en Lebrija (Sevilla) o según otros en San Pedro de Solís (Portugal). Pero en este último caso se habría naturalizado castellano, condición inexcusable para recibir el mando de una flota castellana, mediante la jura de lealtad al pendón cuartelado de Castilla y a la Corona de Castilla.

En el extremo noroeste del Mar de del Plata, bautizado por Solís como “Mar Dulce” al desembarcar en el continente Solís y su grupo de exploración fue atacado por indígenas, cosido a flechazos, asado y comido por los nativos, lo que provocó la partida de los barcos expedicionarios a puertos castellanos para informar de lo sucedido.

 

Muerte de Juan Díaz de Solís

 

1514-1517. Impresión de la Biblia Políglota Complutense.

 

1.517. 19 de septiembre, llegada a España de Carlos de Gante, autoproclamado rey en Bruselas en contra del testamento de su abuelo, Fernando el Católico, que sólo le había designado gobernador y regente en nombre de su madre Juana I.

Los pensamientos del joven rey, sin embargo, siguen estando en los intereses en los que fue educado: los flamencos-borgoñones y, en general, los alemanes de la Casa de Austria.

 

Cardenal Cisneros

 

8 de noviembre, muerte del cardenal Cisneros, en Roa (Burgos), mientras marchaba a recibir al príncipe Carlos de Gante. Cisneros fue, probablemente, el último castellano de toda la Historia hasta nuestros días que gobernó la Corona de Castilla priorizando los intereses castellanos sobre cualquier otra consideración.

1.518. Las Cortes de Castilla, reunidas en Valladolid, juran rey a Carlos I junto con su madre Juana I, y le conceden un servicio de 600.000 ducados.

 

 

Karl, Charles o Carlos de Habsburgo a su llegada a España, con 16 años

 

Además le solicitan que permanezca en Castilla, que aprenda a hablar castellano, que cese la concesión de cargos a extranjeros en Castilla, que se prohíba la salida de metales preciosos de Castilla y que el infante Fernando permanezca en Castilla, como posible príncipe heredero, en tanto no esté garantizada la propia descendencia de Carlos.

Ninguna de las peticiones de las Cortes sería atendida por el muchacho flamenco.

 

 

Iglesia de San Pablo (Valladolid), sede de las Cortes de Castilla de 1518, junto con el Colegio de San Gregorio, adosado a la iglesia, y al Palacio Pimentel (también en la imagen).

En estas Cortes y lugar fue jurado rey de Castilla Carlos I –conjuntamente con su madre Juana I- tras hacerle prometer que aceptaría una serie de peticiones favorables a Castilla, ninguna de las cuales fue cumplida por el nuevo monarca.

 

 

Mapa de las ciudades representadas en Cortes de Castilla a principios del siglo XVI y de los territorios por los que parlamentaban, en su color.

 

10 de agosto de 1519. Partida desde Sevilla de la Expedición a las Islas de la Especiería, comandada por el almirante Fernando de Magallanes, nacionalizado castellano, hasta el extremo de haber castellanizado oficialmente su nombre y apellido, aunque portugués de origen, que acabaría descubriendo el Estrecho de Magallanes, el Océano Pacífico, las islas de Oceanía y completando la primera Vuelta al Mundo, en 1522.

 

 

Fernando de Magallanes, cuya Expedición partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519

 

8 de noviembre de 1519. Inicio de la conquista del imperio mejicano por Hernán Cortés, que concluiría en 1521.

 

Primer avistamiento de México-Tenochtitlan por las tropas castellanas y los pueblos indígenas auxiliares, en 1519

 

Batalla final por México-Tecnochtitlan, en 1521

 

12 de enero de 1520. Muerte del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano I de Habsburgo.

Febrero de 1520. Carlos decide trasladarse a Alemania, convocando previamente a las Cortes de Castilla en Santiago de Compostela para el 20 de marzo de 1520, con el fin de conseguir nuevos subsidios con que sufragar sus viajes al extranjero.

Se extiende la noticia de que piensa dejar como Regente de Castilla a uno de los miembros de su camarilla flamenca, Adriano de Utrecht.

 

 

Adriaan Floriszoon Boeyens, el cardenal Adriaan o Adriano de Utrecht regente de Castilla y de Aragón, a la partida de Carlos de Gante para ir a hacerse cargo del Sacro Imperio Romano Germánico

 

Las ciudades castellanas muestran su reticencia al nuevo servicio, al nombramiento de un flamenco como arzobispo de Toledo y a la salida del rey de suelo castellano, quedando Castilla sin gobernante autóctono y en la órbita periférica del Imperio alemán, siendo por sí misma un reino más potente que dicho Imperio.

Carlos traslada la convocatoria de Cortes hasta la ciudad de La Coruña, mientras continúan los preparativos para su salida por mar.

15 de abril. La ciudad de Toledo se encuentra en abierta rebeldía frente a las autoridades reales desde comienzos de abril, pero los acontecimientos se precipitan cuando el 15 de abril llega la orden del rey para que los representantes de Toledo acudan a las Cortes de Santiago de Compostela-La Coruña.

16 de abril. La ciudad de Toledo impide la salida de sus  representantes para las Cortes de Santiago-La Coruña y lo que comienza a llamarse «la Comunidad» se apodera del gobierno local, destituye a las autoridades reales, y empuña las armas al grito de “Viva la Comunidad”.

En los días siguientes Toledo envía cartas y mensajeros a las otras diecisiete ciudades y sus respectivos territorios o provincias con voto en las Cortes de Castilla llamándolas a la insurrección y a juntarse en Cortes, sin convocatoria real (lo que era un hecho totalmente revolucionario, pues ello siempre había sido una prerrogativa regia), para adoptar las medidas que considerasen oportunas para la defensa de los intereses de Castilla.

La respuesta a estas cartas de Toledo fue dispar, pero ya fueron sumándose a su llamamiento las que serían las principales ciudades y villas comuneras.

20 de mayo de 1520. Partida por mar desde La Coruña del rey Carlos, tras conseguir un nuevo apoyo económico  de los procuradores. Deja efectivamente como regente al extranjero Adriano de Utrecht.

Unas semanas después el malestar, generalizado en toda Castilla, se habría transformado en algunas zonas en revolución política y en levantamiento armado.

 

 

3-LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES (1520-1522). PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS

 

 

29 y 30 de mayo de 1520. Los disturbios se multiplicaron por las ciudades de la Meseta, especialmente tras la llegada de los procuradores que votaron afirmativamente al servicio que reclamaba el rey, siendo Segovia el lugar donde se produjeron los primeros incidentes y los más violentos, donde el 29 y el 30 de mayo los segovianos ajusticiaron a dos funcionarios y al procurador Rodrigo de Tordesillas que concedió el servicio extraordinario en nombre de la ciudad.

En la ciudad de Guadalajara se busca a los procuradores desleales en las Cortes de Santiago-La Coruña, y al no encontrarles la multitud incendia sus casas, considerando que han variado su voto en Cortes producto de soborno real.

Mayo de 1520. Durante todo el mes, en respuesta a las cartas de Toledo la ciudad de Guadalajara comienza a agitarse y a manifestarse en contra de lo acordado en la Cortes de Santiago-La Coruña, pidiendo que se revoquen los acuerdos tomados de forma irregular.

31 de mayo. Los toledanos, que habían comenzado a ocupar todos los poderes locales sustituyendo a las autoridades regias desde las fechas previas, expulsan en esta fecha al corregidor del Alcázar.

Finales de mayo y comienzos de junio. Incidentes de similar magnitud sucedieron en ciudades como Burgos y Guadalajara, mientras que otras como León, Zamora y Ávila sufrieron altercados menores. Por el contrario, no se registraron incidentes, momentáneamente, en Valladolid, por la presencia en la ciudad del cardenal Adriano y del Consejo Real.

8 de junio. Toledo propone por carta a las ciudades con voz y voto en Cortes la celebración sin convocatoria del rey –lo que ya era un acto decididamente revolucionario- de una reunión urgente con cinco puntos principales,

 

  1. Anular el servicio votado en La Coruña.
  2. Volver al sistema de los encabezamientos para cobrar los impuestos.
  3. Reservar los cargos públicos y los beneficios eclesiásticos a los castellanos.
  4. Prohibir la salida de dinero del reino.
  5. Designar a un castellano para dirigir el reino en ausencia del rey.

Pero además ante la evidencia de que Carlos prefería los asuntos alemanes que no permanecer y regir Castilla, Toledo comenzó a apuntar la idea de sustituir la figura del rey, o bien para convertir a las ciudades castellanas en ciudades libres, similar a lo que ya ocurría con Génova y otros territorios italianos, o bien  destronar a Carlos I y devolver a la reina Juana todos sus privilegios e importancia.

Los comuneros se hicieron fuertes las Cuencas del Duero y del Tajo, y en otros núcleos, como Murcia. Sin embargo, aunque hubo intentos de rebelión en otros lugares, como Andalucía, Galicia o el País Vasco, estos conatos comuneros no fructificaron

 

Geografía del levantamiento comunero

 

Los máximos logros conseguidos por los rebeldes fueron la instauración de una Comunidad en Plasencia, pero esta se veía mermada por la cercanía de núcleos realistas cercanos, como Ciudad Rodrigo o Cáceres.

Jaén, Úbeda y Baeza, simpatizantes con la causa comunera en un primer momento se pasaron con el tiempo al bando realista

10 de junio y meses de junio, julio y agosto. Sitio de Segovia por las tropas realistas y organización de la Comunidad de Segovia.

10 de junio. El alcalde Rodrigo Ronquillo recibió la orden del Consejo Real a las órdenes de Adriano de Utrecht de investigar el reciente asesinato del procurador segoviano.

La ciudad de Segovia se resistió a acatar las órdenes emanadas del Consejo Real, por lo que el alcalde Ronquillo amenazó con grandes castigos a los segovianos  y a trató de aislar a la ciudad impidiendo su aprovisionamiento.

Segovia cerró filas en torno a la Comunidad y puso a su cabeza, a Juan Bravo, nacido en Atienza (provincia actual de Guadalajara, aunque avecindado desde niño en Segovia).

La resistencia segoviana provocó que Ronquillo decidiera enviar al mayor número posible de soldados a pie y a caballo. Segovia entonces solicitó la ayuda de las ciudades castellanas, reclamando que acudieran en su auxilio.

Atendieron de inmediato su petición las ciudades de Toledo y Madrid, con el envío de milicias capitaneadas por Juan de Padilla y Juan de Zapata, produciéndose en la batalla de Segovia la primera gran confrontación entre las fuerzas partidarias del rey y las rebeldes, con resultado favorable a estas.

Junio de 1520. Reuniones asamblearias en el atrio de la iglesia de San Gil de Guadalajara y consolidación del poder del duque del Infantado. A principios del mes de junio de 1520 la asamblea vecinal de Guadalajara, que se venía reuniendo desde el mes anterior a las puertas de la iglesia de San Gil, decide declarar “la Comunidad”, esto es, un órgano de poder propio, constituido sin sujeción al regente Adriano de Utrecht.

Francisco de Medina e Íñigo López de Mendoza, conde de Saldaña, hijo a su vez del duque del Infantado, Diego de Mendoza, son declarados jefes de la Comunidad en Guadalajara.

No obstante, el duque del Infantado ordena al conde de Saldaña, su hijo, que salga de la ciudad y se abstenga de intervenir directamente en los acontecimientos y a Francisco de Medina, estrecho colaborador suyo, que no encabece una rebelión clara contra el rey, sino que se mantenga a la expectativa.

En una siguiente reunión de los comuneros de Guadalajara en el atrio de San Gil, en ese mismo mes de junio, deciden insubordinarse decididamente contra el cardenal Adriano y se dirigen al palacio del Infantado, irrumpiendo en sus estancias y exigiendo hablar con el duque.

Los líderes del tumulto son el carpintero Pedro de Coca y el albañil Diego de Medina. El duque trató de convencer a los rebeldes de la conveniencia de estar junto al rey, pero sus intentos fueron en vano, y acabó expulsándoles de su palacio.

Los ánimos de la muchedumbre se exaltaron con ello y se produjeron en la ciudad actos de pillaje y de violencia, por lo que el carpintero Pedro de Coca acabó siendo detenido por las tropas del duque del Infantado, que ordenó su ejecución pública por ahorcamiento.

El duque del Infantado se consolidó con ello como árbitro de la situación en Guadalajara y la ciudad optó por un apoyo moderado a las Comunidades de Castilla, sin romper por ello abiertamente con la Corona.

21 de agosto. En el contexto del asedio de Segovia, las tropas reales incendian Medina del Campo, que se resistía a entregarles la artillería que allí se encontraba, sabiendo que iba a utilizarse contra la cercada en esos momentos ciudad de Segovia.

Ello supuso el desencadenamiento definitivo de la Guerra de las Comunidades por toda la Corona de Castilla, y el paso de las principales ciudades castellanas al bando rebelde encabezado por Toledo.

La rebelión castellana mostraría ese mismo verano de 1520 que era una verdadera revolución política, con el propósito de limitar las atribuciones del rey, dar más potestades a las Cortes de Castilla, entre ellas la de poder convocarse por sí mismas, sin necesidad de llamamiento del rey.

También se creó un órgano revolucionario de Gobierno con el nombre de Cortes y Junta General del Reino, que redactó y promulgó la Ley Perpetua de Ávila de 1520, primer proyecto constitucional del mundo, dos siglos y medio anterior a la revolución americana o francesa.

Mes de agosto de 1520. Creación revolucionaria, sin convocatoria regia, de las Cortes y Junta General del Reino, en la ciudad de Ávila.

LAS “CORTES Y JUNTA GENERAL del Reino”, también conocida como “La Santa Junta”  fue el máximo órgano dirigente de la revolución comunera castellana, el cual se constituyó en sesión continuada a modo de Cortes extraordinarias desde el 1 de agosto de 1520 hasta el 22 de abril de 1521, cuando la batalla de Villalar la obligó a disolverse.

La Junta comenzó sus reuniones el 1 de agosto de 1520 en la ciudad de Ávila, con solo con cuatro ciudades representadas: Toledo, Segovia, Salamanca y Toro, y dudas entre la propia ciudad de Ávila que les alojaba, dado el carácter claramente revolucionario de dichas Cortes, convocadas por las propia ciudades, no por el rey.

Las Cortes y Junta General del Reino de Castilla promulgó allí la Ley Perpetua o Constitución de Ávila de 1520, donde situaba a la libre reunión de las ciudades de Castilla sin convocatoria regia como el máximo poder político existente en Castilla. Concepto novedoso en aquel momento para cualquier lugar del mundo.

En el mes de septiembre, siendo favorables a las fuerzas armadas de la Junta los acontecimientos bélicos, decidió trasladarse a la localidad de Tordesillas, residencia de la reina Juana, donde amplió a catorce el número de ciudades que la componían y se consolidó, desconociendo a los virreyes nombrados por el monarca, como única autoridad legal en Castilla.

Expulsada de Tordesillas a comienzos de diciembre, la Junta se debió pasar a Valladolid, su nueva sede.

A partir de entonces, la brecha entre procuradores moderados y radicales creció y debilitó internamente a la asamblea.

La derrota de Villalar, el 23 de abril, terminó con el movimiento comunero al norte de la sierra de Guadarrama y llevó, lógicamente, a la disolución de su máximo órgano de dirección.

Años después, muchos de sus antiguos integrantes serían juzgados por traición y ejecutados.

24 de agosto. El ejército comunero integrado por las milicias de Toledo, Madrid y Segovia, en su ruta hacia Tordesillas, se encontraba en los alrededores de Martín Muñoz de las Posadas el día en que Fonseca incendiaba Medina, llegando el 24 de agosto, para tomar posesión de la artillería que días atrás había sido negada a las tropas de Fonseca.

29 de agosto. Entrada de los comuneros en Tordesillas y traslado de la Junta de Ávila a Tordesillas. El ejército arribó finalmente a Tordesillas, entrevistándose con la reina Juana e informándola de la situación del reino junto a los propósitos de la Junta de Ávila, y declarando la reina que la Junta se situara a su servicio.

 

 

Escudo de armas de Juana I de Castilla, que reconoció a la Santa Junta del Reino como representante legítima de Castilla y solicitó que se trasladara de Ávila a Tordesillas, bajo su amparo.

 

De esta forma, la Junta se trasladó de Ávila a Tordesillas y se invitó a las ciudades que todavía no habían enviado a sus procuradores a hacerlo, estando a finales de septiembre un total de catorce ciudades representadas en la Junta de Tordesillas: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid.

Solamente no acudieron las cuatro ciudades andaluzas: Sevilla, Granada, Córdoba y Jaén. Se delimitó entonces el área del movimiento comunero, en torno a ambas Castillas, Vieja y Nueva, y León, y ya que la mayor parte del reino estaba representado en Tordesillas, la Junta pasó a denominarse como “Cortes y Junta general del reino”.

Septiembre de 1520. Incorporación de los procuradores de Guadalajara a las Cortes y Junta General del Reino, en Tordesillas.

 Guadalajara envíó como procuradores a las Cortes de Castilla a Juan de Urbina, Diego Esquivel,  y al doctor Francisco de Medina, precisamente quien había iniciado la revuelta comunera en la ciudad.

Los procuradores arriacenses, en Tordesillas, participaron en las deliberaciones de los rebeldes desde este mes de septiembre de 1520.

26 de septiembre. La Junta de Tordesillas decidió asumir ella misma la tarea de gobierno, desacreditando al Consejo Real y prendiendo, el 30 de septiembre, a sus últimos miembros que quedaban en Valladolid, dirigidos por Pedro Girón. En ese momento culminó el proceso y se instauró el gobierno revolucionario, ya que la Junta tenía vía libre por la inoperancia del Consejo Real.

Finales del verano de 1520. Revueltas antiseñoriales al margen de la confrontación principal. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla tuvieron lugar una serie de movimientos y revueltas antiseñoriales que encontraron su núcleo principal en Castilla la Vieja, aunque también surgieron focos insurreccionales al sur de la sierra del Guadarrama, por ejemplo, en Chinchón, Orgaz, Moya o Cazorla.

No debe confundirse esta ola antiseñorial con el movimiento comunero propiamente dicho. Lo que ocurrió en realidad fue que las comunidades locales de las villas y ciudades sometidas al poder señorial aprovecharon la crisis generada por la guerra civil para revivir sus antiguos reclamos de vuelta al realengo.

Esta ola de movimientos antiseñoriales tuvo dos consecuencias: ante todo, inquietó a la nobleza y la forzó a tomar activamente partido por el poder real; y segundo, obligó a los comuneros a precisar su programa y sus objetivos.

Desde entonces, lo que parecía más un conflicto político entre las ciudades y el poder real, pasó también a ser una lucha social entre las comunidades del reino y la nobleza, a la cual los comuneros acusaron de defender sus intereses particulares y no el bien común.

De hecho podría decirse que la Guerra de las Comunidades no fue una sola Revolución, sino dos Revoluciones solapada la una en la otra:

La Revolución política, que es la disputa por el poder político en la Corona de Castilla entre la camarilla flamenca y los grandes nobles que acabaron reconociendo que en esa camarilla estaban también sus intereses, y la baja nobleza, las amplias clases medias productivas y las clases populares, en busca de alcanzar el poder por sí mismas.

Y por otra parte una revolución o revuelta antiseñorial, capas de población que se revuelven contra los privilegios feudales de la nobleza de cada zona y que luchan por disminuir o eliminar tales privilegios.

La campaña dirigida por el obispo Antonio de Acuña en Tierra de Campos hacia enero de 1521 con carácter antiseñorial, más que dirigidas ya contra la Administración flamenca, las condenas a muerte de numerosos señores considerados «enemigos del bien público», entre otros acontecimientos, dan fe de la radicalización del movimiento comunero.

 

Octubre de 1520. Primeros reveses para los comuneros, Carlos I, mediante el Cardenal Adriano, decidió emprender nuevas iniciativas políticas, como la de anular el servicio concedido en las Cortes de La Coruña-Santiago y nombrar dos nuevos gobernadores: el Condestable de Castilla, Íñigo de Velasco, y el Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, para ganarse el apoyo de la alta nobleza de Castilla.

Adriano consiguió acercar posturas con los nobles, a fin de convencerlos de que sus intereses y los del rey eran los mismos.

El Consejo Real se estableció en el feudo del Almirante, Medina de Rioseco, lo que permitió al consejo acercarse hacia las ciudades escépticas para tratar de atraerlas al bando realista, además de representar una amenaza hacia las ciudades sublevadas, ya que el ejército del Consejo Real estaba en formación.

De igual manera, las esperanzas que se habían depositado sobre la reina Juana no fructificaron, ya que esta se negaba a sellar algún compromiso o a plasmar su firma a modo de regente.

Solamente se mostraba plenamente conforme en que los cargos políticos y eclesiásticos de Castilla correspondiese ejercitarlos a castellanos de origen, siguiendo el ejemplo que ya había marcado su madre Isabel la Católica, apenas notó las ansias excesivas de los acompañantes flamencos de Felipe de Habsburgo, esposo de ella, la entonces princesa Juana.

1 de noviembre. Burgos se pasa al bando realista. A su vez, comenzaban a oírse voces discordantes dentro del propio bando, especialmente la de Burgos, que insistía en dar marcha atrás.

La postura de esta ciudad pronto llegó a oídos del Condestable de Castilla, que bajo órdenes del rey procedió a entrar en la ciudad el 1 de noviembre, concediendo todo lo que se le reclamaba para desligar a Burgos de la Junta.

Mes de noviembre de 1520. Valladolid se reafirma en el bando comunero. Tras el cambio de bando de Burgos, el Consejo Real esperaba que otras ciudades imitaran a Burgos y abandonaran el bando comunero.

El esperado cambio de bando estuvo a punto de producirse en Valladolid, pero los partidarios del rey fueron finalmente apartados de la vida política de la ciudad.

Durante noviembre de 1520, ambos bandos se dedicaron activamente a recaudar fondos, reclutar soldados y organizar a sus tropas.

El poder real superó la crisis inicial gracias al apoyo de la nobleza, de los grandes comerciantes castellanos, de la ayuda económica del reino de Portugal y de la concesión de créditos por parte de los banqueros, que vieron en la vuelta de Burgos al bando realista un síntoma de que las cosas se decantarían por este lado.

Los comuneros organizaban sus milicias en las principales urbes con el objetivo de asegurar el éxito de la rebelión en la ciudad y sus alrededores, sufragando los gastos con el dinero recaudado en impuestos para ayudar al esfuerzo de guerra.

Excesos, abusos y actos incontrolados contra el enemigo o a causa de viejas rencillas y odios se sucedieron por ambos lados, como suele ocurrir en todas las guerras, que se parecen unas a otras casi como dos gotas de agua, con la única variación de los armamentos y la tecnología militar que va variando de una época a otra.

Otoño de 1520. Toledo fue perdiendo influencia dentro de la Junta, y con la ciudad, también perdía influencia su líder, Juan de Padilla, aunque no así popularidad y prestigio entre los comuneros.

Con la pérdida de influencia de Toledo y de sus líderes, surgieron dos nuevas figuras dentro de la Comunidad, Pedro Girón y Antonio de Acuña, que aspiraban a pasar al primer plano.

El primero era uno de los pocos altos nobles castellanos leales a los comuneros, al parecer porque el rey se negó a entregarle el ducado de Medina Sidonia.

El segundo era obispo de Zamora, jefe de la Comunidad zamorana y cabecilla de una milicia formada enteramente por sacerdotes, que se caracterizó por recorrer Castilla la Vieja y la Nueva, de arriba abajo, empleando una contundencia militar poco habitual en la idea que hoy tenemos de un obispo y de unos sacerdotes.

Mientras tanto, en el bando realista, los señores no sabían qué táctica seguir, si luchar directamente, como defendía el Condestable de Castilla o agotar las vías de negociación, como proponía el Almirante de Castilla.

Todo intento de negociación entre los comuneros y los virreyes fracasó, debido a que ambos bandos contaban ya con un ejército y ansiaban vencer al enemigo.

Así pues, a finales de noviembre de 1520, ambos ejércitos tomaban posiciones entre Medina de Rioseco, la ciudad del Almirante de Castilla y sede del Consejo Real y Tordesillas, la corte de la reina Juana y sede de las Cortes y Junta Comunera de Castilla.

Muy poca distancia entre ambas localidades. Era inevitable el enfrentamiento.

2 de diciembre de 1520. Un extraño movimiento de las tropas de Pedro Girón, que solamente puede calificarse de traición deliberada, supondrá la fácil toma de Tordesillas por los realistas.

Por orden de las Cortes y Junta de Comunidades de Castilla, el ejército comunero a las órdenes de Pedro Girón avanzó sobre Medina de Rioseco con orden de conquistarla.

Su nombre completo era Pedro Girón y Velasco también referido en las crónicas como Pedro Girón de Velasco o simplemente Pedro Girón y de nombre completo Pedro Téllez-Girón y Fernández de Velasco, grande de España, nacido en una de las familias más prósperas y destacadas de Castilla.

Pedro Girón había sido nombrado en octubre de 1520 capitán general de los comuneros. Junto con Antonio de Acuña lograría reunir 17.000 infantes, acompañados de abundante caballería y artillería, que instala, ya en noviembre, en la localidad de Villabrágima, a una legua del objetivo: Medina de Rioseco.

Pero el día 2 de diciembre de 1520, ordenó a tan importante ejército comunero que levantara el campamento de Villabrágima y no para pelear por Rioseco, sino para marchar hacia el noroeste, en dirección a Villalpando (actual provincia de Zamora), localidad del Condestable de Castilla que se rindió al día siguiente ante la magnitud del ejército que le caía encima, sin oponer ninguna resistencia.

Pero con ello había dejado desguarnecido el camino directo entre Medina de Rioseco y Tordesillas. Los imperiales tenían a su alcance y casi libre de obstáculos la corte de la reina Juana y la sede central de los procuradores que constituían las Cortes y Junta General del Reino, el poder revolucionario de Castilla.

Todo parecía previamente orquestado entre el condestable de Castilla, Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza y el presunto valedor del ejército comunero Pedro Girón de Velasco –dos grandes de España que además estaban emparentados por lazos de sangre: eran dos Velasco- para que las cosas ocurrieran como sucedieron.

4 de diciembre. El ejército real se puso en marcha en dirección a Tordesillas, adonde llegó el día siguiente.

5 de diciembre. El ejército real ocupó la villa de Tordesillas, tras haber desbordado con facilidad a la escasa guarnición comunera, ya que su defensa pensaba que estaba más bien en el bien pertrechado ejército que mandaba ¿hacia dónde? Pedro Girón.

La toma de Tordesillas supuso una gran derrota para los comuneros. Perdieron a la reina, y sus esperanzas de que esta atendiera sus pretensiones.

Además, muchos de los procuradores fueron apresados, y los que no, huyeron. Por todo esto, los ánimos entre los rebeldes se vieron muy afectados, además de producirse airadas críticas hacia Pedro Girón por el movimiento de las tropas, lo que le obligó a dimitir de su puesto y apartarse del conflicto.

15 de diciembre de 1520. Tras la pérdida de Tordesillas, la Junta Comunera volvió a reagruparse en Valladolid, la tercera y última ciudad que fue capital de las Comunidades de Castilla, tras Ávila y Tordesillas.

En Valladolid las Cortes y Junta General del Reino contaban con los procuradores de doce ciudades, de los catorce que se habían reunido en Tordesillas, puesto que ni Soria ni Guadalajara tuvieron ya representación en la ciudad del Pisuerga.

El ejército comunero había quedado igualmente desmoralizado, con gran número de deserciones entre las tropas situadas en Villalpando y en Valladolid. Nadie podía ya fiarse de nadie.

Ello obligó a intensificar el reclutamiento de nuevas tropas en todas las ciudades rebeldes, especialmente en Toledo, Salamanca y la propia ciudad de Valladolid.

La moral comunera se reconstruyó con ello y con la llegada a Valladolid de Juan de Padilla, que fue vitoreado como un héroe y colocado de nuevo al frente del ejército comunero.

1521 iba a suponer el inicio de un año de Guerra total.

 

Enero de 1521

El 23 de diciembre de 1520 el obispo Acuña y su ejército fundamentalmente compuesto por sacerdotes  había recibido órdenes de la Junta General del Reino, asentada en Valladolid, de incrementar y avivar la causa comunera por la zona de Palencia, el sur de esta actual provincia y la Tierra de Campos aledaña.

A comienzos de enero de 1521, el obispo Acuña inició una gran ofensiva contra los señoríos de la zona de Dueñas, dejando las posesiones señoriales totalmente devastadas, sin encontrar resistencia suficiente que pudiese contener sus ímpetus belicistas.

Ello aumentó los recursos de la Santa Junta Comunera, pero a la vez desató el temor de los grandes nobles de Castilla de que lo que había comenzado como una lucha contra los flamencos, derivase en una revuelta antiseñorial incontrolada y meramente destructiva.

Mediados de enero de 1521. El conde de Salvatierra y toda la zona del norte de Castilla, en poder de los comuneros.

Pedro López de Ayala, conde de Salvatierra, municipio situado en la Llanada Alavesa, mariscal de Ampudia, en la Tierra de Campos palentina, y señor de los valles de Ayala, Llodio, Arceniega, Arrastraria, Cuartango, Orozco, Valdegovía, Morillas y Orduña, se había unido a la Junta Comunera en septiembre de 1520.

A finales de septiembre de 1520, y en vista del poderoso ejército que había reclutado en sus feudos, la Santa Junta le otorgó el nombramiento de capitán general del norte de la Corona de Castilla.

“Capitán general como hasta aqui lo haveys seydo del Condado de Vizcaya e provincias de Guipúzcoa e Álava e de las cibdades de Vitoria e Logroño e Calahorra e Santo Domingo de la Calzada e de las siete Merindades de Castilla Vieja e de todas las otras cibdades, villas e logares e merindades e tierras e bailes que caen y están desde la cibdad de Burgos hasta la mar”, según cita de Joseph Pérez en su “La revolución de las Comunidades de Castilla”.

El Consejo Real intentó en numerosas ocasiones atraer a su lado al conde de Salvatierra, sin conseguirlo, por lo que el 4 de enero de 1521 el regente Adriano de Utrecht propuso al monarca Carlos I la incorporación de su feudo al patrimonio real.

A mediados de enero de 1521, la Junta General del Reino ordenó al conde de Salvatierra que con unos dos mil hombres se dirigiera a las Merindades de Castilla (norte de la actual provincia de Burgos) para unir a la causa comunera a las Merindades, tierras del Condestable de Castilla.

Como sabemos el Condestable de Castilla, Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza, desde el 9 de septiembre de 1520 era gobernador de Castilla junto a Adriano de Utrecht y al Almirante de Castilla, Fadrique Enríquez.

16 de enero de 1521. Las tropas comuneras de Juan de Padilla y del obispo Antonio de Acuña, que habían salido respectivamente de Valladolid y de Palencia, tras unirse en Trigueros del Valle, persiguieron a las tropas realistas hasta la cercana Torremormojón, cuya fortaleza tomaron ante la desbandada del ejército realista, que huyó en masa para dirigirse a Medina de Rioseco, plaza fuerte del Almirante de Castilla.

17 de enero. El ejército conjunto de Padilla y Acuña se dirigió a la villa de Ampudia, que siendo un feudo del comunero conde de Salvatierra, había caído en poder de las tropas realistas. Padilla y Acuña tomaron la fortaleza de Ampudia el 21 de enero, tras cuatro días de asedio.

Finales de enero de 1521

Posteriormente, el obispo Acuña y el conde de Salvatierra decidieron cercar la ciudad de Burgos, el primero por el sur y el segundo por el norte, buscando el levantamiento de los comuneros en el interior de Burgos.

Esta ciudad llevaba dos meses en el bando real, pero el descontento de muchos de sus habitantes por ello y su sentir comunero podían propiciar que retornara al seno de la Santa Junta del Reino.

La rebelión comunera prevista en Burgos para el 23 de enero fue todo un fracaso, debido a que no se coordinó debidamente con los ejércitos de la Junta que confluían hacia la ciudad.

Los comuneros burgaleses hubieron de rendirse, siendo el último intento de rebelión acontecido en la ciudad de Burgos, que ya quedó definitivamente adscrita al bando de Carlos de Gante.

Febrero de 1521

Después del fracaso de la recuperación de Burgos para el bando comunero, el obispo Acuña prosiguió con sus acciones bélicas de hostigamiento a las propiedades señoriales por la Tierra de Campos, que por su carácter llano se manifestaba particularmente fructífera para las acciones rápidas de la caballería atacante, que inmediatamente se retiraba para proseguir sus acciones de castigo contra las propiedades de la alta nobleza por otro sitio.

Juan de Padilla, por el contrario, consideraba prioritario obtener un triunfo más sonado, con el que elevar la moral de sus tropas y de todos los ejércitos comuneros.

En este contexto, decidió la conquista de Torrelobatón y su castillo, una plaza fuerte entre Tordesillas y Medina de Rioseco, con lo que se abriría una cuña entre dos posiciones ahora realistas, a las que podía acosarse desde allí.

21 de febrero de 1521. El cuerpo del ejército comunero comandado por Juan de Padilla  comenzó el asedio a las gruesas murallas de Torrelobatón, de las que hoy se conservan apenas unos restos, y cuatro días después los comuneros consiguen entrar en la plaza.

Después de este 25 de febrero, con los comuneros ya dentro del recinto murado, el castillo de Torrelobatón siguió resistiendo, pero ante la amenaza de ahorcar a todos los torreños o habitantes de Torrelobatón si no se rendía, los defensores de la fortaleza acabaron entregándose a las tropas de Juan de Padilla.

La pérdida de Torrelobatón sembró la alarma entre las fuerzas realistas, cuyos dirigentes se acusaban mutuamente de incompetencia. Se temían además cuáles serían los siguientes pasos del ejército de Padilla.

El Almirante de Castilla reforzó su plaza de Medina de Rioseco, por si hacia ella se dirigían a continuación los comuneros.

Por su parte, el Condestable envió tropas para aumentar las defensas de Tordesillas, por si los comuneros resolvían que su siguiente movimiento fuera recuperar la plaza del Duero, donde seguía la reina Juana.

Pero un suceso inesperado, el fallecimiento del carolino arzobispo de Toledo, acaecido en el 6 de enero de 1521 en la ciudad alemana de Worms, a causa de la caída de un caballo, iba a tener consecuencias en la Guerra. Tenía sólo 24 años de edad y jamás había pisado España.

La Junta General del Reino propuso al obispo de Zamora, Antonio de Acuña, como aspirante a la sede toledana, y se le encomendó la misión de tomar posesión de la silla arzobispal, para lo que debía trasladarse a la ciudad del Tajo, que ateniéndonos a criterios militares no requería en esos momentos la presencia de tan belicoso personaje sino que su presencia hubiera sido más necesaria en los campos de Castilla la Vieja.

Antonio de Acuña partió para Castilla la Nueva y su capital natural, Toledo, a finales del mes de febrero. Ello suscitó el entusiasmo de la población por las aldeas, villas y ciudades por las que pasaba, pero también el recelo del estamento nobiliario, que temía que repitiese en sus tierras al sur del Sistema Central los mismos excesos que había cometido por Tierra de Campos.

Padilla, mientras tanto, permanecía en Torrelobatón, inactivo.

 

Marzo de 1521. El duque del Infantado, según su estrategia de jugar a dos bandas, pacta con el obispo Acuña, para preservar sus tierras al sur del Sistema Central, incluidas las de Guadalajara

El 7 de marzo el obispo Antonio de Acuña y su ejército entraba en la ciudad de Alcalá de Henares, perteneciente al arzobispado de Toledo, lo que encendió en ella el fervor comunero.

Los aristócratas más importantes presentes en la zona, entre ellos el marqués de Villena y el duque del Infantado, enseguida trataron de ponerse en contacto con Acuña, firmando un pacto mutuo de neutralidad.

Tras enfrentarse a las tropas del prior de la orden de San Juan, Antonio de Zúñiga, nombrado por los regentes jefe del bando realista en la zona, Antonio de Acuña se presentó al frente de sus tropas en la plaza de Zocodover, de Toledo, el 29 de marzo, día de Viernes Santo.

La multitud lo rodeó y entre vítores reclamó la silla de arzobispo para él, llevándolo en volandas hasta la catedral.

 

30 de marzo de 1522. Entrevista entre el obispo Acuña y María Pacheco

 

El 30 de marzo, Acuña se entrevistó por primera vez con María Pacheco, mujer de Padilla, que regía la Comunidad de Toledo, la primera que se había constituido y la que había llamado a toda Castilla a la rebelión.

Ente María Pacheco y Antonio de Acuña surgió una rivalidad soterrada por el control de la situación.

Padilla continuaba inactivo en Torrelobatón, lo que permitía el agrupamiento de tropas del Almirante y del Condestable en Medina de Rioseco y en Tordesillas, respectivamente, cerrándole el paso por todas partes, salvo en dirección a la ciudad de Toro.

Al mismo, tiempo el ejército comunero resultaba caro de mantener –activo o inactivo- por lo que empezaron a producirse desmovilizaciones de tropas, miedos y fugas entre los soldados revolucionarios.

El tiempo corría en contra de Juan de Padilla que debía tomar alguna resolución.

 

Abril de 1521

Antonio de Acuña, ya en calidad de arzobispo de Toledo, comenzó a reclutar a hombres de entre 15 y 60 años para volver a combatir a las tropas realistas del prior de la Orden de San Juan.

El 12 de abril de 1521 tuvo lugar la quema o incendio de Mora, en Toledo, por parte de las tropas realistas. La localidad de Mora se había distinguido por su denodado batallar a favor del bando comunero de Toledo, por lo que sufrió el asedio por parte de las tropas realistas.

Ese día 12 de abril, los morachos se refugiaron en la iglesia del municipio, la cual fue incendiada por los invasores, con las puertas cerradas y siendo el principal lugar de emisión del fuego, pues en ellas los sitiadores habían colocado numerosos haces de leña.

Como resultado de este acto, perecieron 3.000 morachos de todos los sexos y edades… Después de ello, Antonio de Acuña partió con 1.500 hombres a sus órdenes hostigando a las tropas realistas en Yepes, y destruyendo más tarde Villaseca de la Sagra y presentando batalla contra las tropas del prior de San Juan, en la zona de Illescas.

 

23 de abril de 1521

El ejército rebelde de Juan de Padilla y Juan Bravo salió por fin desde Torrelobatón el día 23 de abril de 1521 de madrugada, hacia Toro, ciudad comunera mejor amurallada, en busca de refuerzos y de aprovisionamientos.

Pero el día era lluvioso, a veces con fuertes rachas de lluvia, una jornada poco propicio para hacer un desplazamiento militar, en el que también se transporta pesada artillería.

A la altura de Villalar de los Comuneros sería dado alcance por la caballería realista, mucho mejor preparada para desenvolverse en ese terreno embarrado que la infantería y las tropas que transportaban los cañones.

El resultado de la batalla no se hizo esperar. Victoria completa del ejército realista y captura de los capitanes comuneros.

 

24 de abril

 Fecha de la decapitación del toledano Juan de Padilla,  del atencino-segoviano Juan Bravo y del salmantino Francisco Maldonado, sobre un cadalso construido inmediatamente al efecto.

 

Decapitación de Bravo, Padilla y Maldonado

 

25 de abril de 1521. María Pacheco se apresta a resistir en la ciudad de Toledo.

Dos días después las noticias de lo ocurrido en la localidad de Villalar, cerca de Tordesillas, comenzaron a llegar a la ciudad de Toledo.

María Pacheco, lejos de desmoronarse, ordenó reforzar las defensas de la ciudad y se aprestó a la resistencia contra las tropas realistas, entereza y rebeldía que mantuvo durante diez meses más, hasta febrero de 1522.

 

María Pacheco, tras recibir noticias en Toledo de la batalla de Villalar y de la muerte de Juan de Padilla.

 

 

3 de febrero de 1522. María de Pacheco abandona la resistencia de Toledo y parte para el exilio en Portugal.

La ciudad de Toledo resistió la autoridad de Carlos de Gante durante diez meses más, en nombre de la Comunidad de Toledo, dirigida por María López de Mendoza y Pacheco, la viuda de Juan de Padilla.

En principio fue una resistencia total que, desde el otoño de 1521, se transformó en una coexistencia entre la autoridad real y los núcleos de resistencia comuneros, a los que se garantizó la inviolabilidad de sus personas y el respeto de sus bienes y posesiones.

No obstante, el 3 de febrero de 1522 los recelos entre ambos bandos estallaron en la ciudad y se produjo una nueva toma del Alcázar de Toledo por parte de los comuneros, que al ser sofocado por las tropas realistas determinó la huida de la ciudad de María Pacheco, que partió hacia el exilio portugués, en el que moriría, en 1531.

María Pacheco, la alhambreña-toledana, oriunda de Guadalajara, fue excluida de todos los sucesivos perdones a los comuneros que dictó el ya emperador Carlos V para congraciarse con las ciudades que le habían sido hostiles al comienzo de su reinado.

Ni siquiera después de muerta, permitió el emperador Carlos V que sus restos fuesen repatriados a Castilla, para ser inhumados junto a los de su esposo, Juan de Padilla. La inquina imperial contra ella se prolongó, pues, más allá de su muerte.

 

María de Pacheco y Diego Hurtado de Mendoza, probable autor del Lazarillo, dos oriundos de Guadalajara, sobre los que la ciudad debería reflexionar.

 

María Pacheco, hija del conde de Tendilla, y hermana de Diego Hurtado de Mendoza, poeta renacentista y probable autor del Lazarillo de Tormes.

 

Por otra parte, María Pacheco, es hermana de otro alhambreño oriundo de Guadalajara, Diego Hurtado de Mendoza y Pacheco, hijo también del conde de Tendilla, poeta renacentista de hondo calado y diplomático al servicio del emperador.

Más joven Diego que su hermana María, puesto que el futuro escritor nació en 1504. La Guerra de las Comunidades le sobrevino siendo muy joven, pues, por lo que no tuvo que tomar partido ni participar en ella.

Diversas teorías, que ya se escucharon y escribieron en el siglo XVI, y que no han dejado de sustentarse desde entonces desde entonces, apuntan a él como probable autor del Lazarillo de Tormes, donde se describe con todo lujo de detalles un viaje entre Salamanca (en cuya Universidad Diego Hurtado de Mendoza había estudiado) y Toledo (la ciudad que fue residencia de su hermana María).

Si el espléndido poeta renacentista Diego Hurtado es también el autor de un relato en prosa tan excepcional y tan fecundo en consecuencias como el Lazarillo de Tormes, su figura debe ser agrandada hasta uno de los lugares máximos de la Literatura española.

Motivos para guardar el anonimato de su novela le sobraban, siendo hermano de la proscrita comunera María de Pacheco y yerno del decapitado Juan de Padilla, amén de diplomático al servicio del Emperador, teniendo en cuenta además que el Lazarillo es una crítica frontal del mundo ideológico, religioso, social y económico sobre los que se basaba la sociedad carolina.

 

Epitafio de Diego Hurtado de Mendoza para María Pacheco

 

 

Palacio del Infantado de Guadalajara, donde se representaron los principales acontecimientos de la Revuelta de las Comunidades en Guadalajara, en uno de los escenarios donde tuvieron lugar los sucesos, con ocasión del 500 aniversario de la Revolución comunera, año 2021

 

Sin desdeñar la más que probable autoría del Lazarillo de Tormes de Diego Hurtado de Mendoza, bástenos para concluir este reportaje sobre las Comunidades de Castilla en Guadalajara, rememorar los versos que el escritor dedicó a su hermana a modo de epitafio.

 

Si preguntas mi nombre, fue María.

Si mi tierra, Granada; mi apellido

de Pacheco y Mendoza, conocido

el uno y el otro más que el claro día.

Si mi vida, seguir a mi marido.

Mi muerte en la opinión que él sostenía.

España te dirá mi cualidad

que nunca niega España la verdad.

 

Que tampoco Guadalajara olvide la raigambre alcarreña de María y Diego, ya que son figuras que pueden enaltecer grandemente la imagen de esta tierra, a la que sin duda estuvieron vinculados como hijos ambos del primer capitán general del reino de Granada y alcaide perpetuo de la Alhambra, Íñigo López de Mendoza y Quiñones, nacido en Guadalajara en 1440 y muerto en la Alhambra en 1515.

Un año este de 1515 en el cual todavía era regente y gobernador de la Corona de Castilla Fernando el Católico, y en el que ni siquiera podía sospecharse el cambio de rumbo que iba a sufrir la política española con el ascenso al trono de la Casa de Austria, y el rechazo a esa política, la revuelta y la revolución de las Comunidades de Castilla, que con ello iba a desencadenarse.

 

Juan Pablo Mañueco Martínez

Periodista Digital

26 de septiembre de 2021

 

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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