Prólogo que ya es parte de la narración EL SUEÑO DE LÁZARO

Prólogo
que ya es parte de la narración

 

 

 

 

RECORDARÁN LOS LECTORES DE esta sinuosa historia acontecida a principios del siglo XVII que una vez que Lázaro de Tormes, reconvertido en Lázaro de Henares, al haberse trasladado primero desde la áurea y sabia ciudad salamantina y luego desde la rocosa y sublime ciudad del Tajo a la bella e inclinada en pendiente capital del Henares, por razones nutricionales que le llevaron a visitar a un Arcipreste pariente suyo, de quien esperaba amparo, alimento y cobijo, no pudo ver a este su pariente, ya que había sido llamado a consultas a Sigüenza, la capital de la diócesis, y en el arciprestazgo no conocían a quien decía ser familiar suyo.

-Vaya vuesa merced en hora mala por donde ha venido y por aquí no regrese voacé hasta que vuelva el señor Arcipreste, que ya nos dirá si es pariente y familiar suyo o no lo es –le argumentaron al ponerle de patitas en la calle-.

-Familiar de la Santa Inquisición no parece, por lo desarrapado, zurcido y remendado que viste, con tantos agujeros en su paño que se le han vuelto de total color carne, esa que le aflora por debajo, entre las chichas y mollas que trasluce su vestimenta, que más parece mallas y redes de pescador que vestidura de cristiano decente.

-Pues a lo mejor sí que tuviera algo que ver este vagamundo y transeúnte de ahí con la Santa Inquisición, por lo desangelado de sus actos y lo endiablado de sus pesquisas y preguntas.

-¡Cuánta razón se escapa de vuestras sabias palabras, hermano portero…! Pues se ha introducido últimamente muchísima maldad libertina aun entre los familiares de la Santa Inquisición, a tal extremo de libertinaje y de inversión de funciones que no hay niño ni niña que esté libre de los lobos con piel de pastores que se encuentran hoy en ella.

-Está dicho que el apocalipsis se encuentra cerca de nos y que nuestra generación debe estar alerta por si ocurrieran en nuestro siglo los signos que precederán al final de los tiempos.

-Así es –confirmó el hermano ecónomo, pues tal cargo imprescindible en toda congregación espiritual y religiosa ejercía quien conversaba con el hermano portero del arciprestazgo de Santa María, en la ciudad de Guadalajara-.

-Tanto entre los miembros de la Santa Corrupción… quero decir, de la Santa Inquisición, como en la llegada de plagas de pobres como este desarrapado que ha venido ahora y que lo más probable es que quiera colarse en nuestra iglesia con propósitos inmundos y no los de parentesco con nadie que dice tener.

-Más que probable sería esa hipótesis, hermano portero.

-Desde luego, el Señor nos ilumina para discernir el bien del mal, pues si no, harto difícil sería hacerlo por nuestros propios medios, en estos tiempos tan confusos.

-¡Iluminados todos!

-Así que nosotros firmes en nuestra roca divina y a defenderla de todos los intrusos que quieran atentar contra nuestro refugio de alma y cuerpo, pues ello redundaría en perjuicio de todos y en merma del servicio que la Iglesia debe prestar a Dios, nuestro Señor.

-Ordenaré que den a este desarrapado un cacho de pan del mucho duro que almacenamos en nuestras despensas, que ya apenas si nos caben en las grandes paneras de la Iglesia.

-Doy fe de ese exceso, que no defecto de nuestras paneras –añadió el hermano portero, muy ufano, hueco y levantado de la masa de la que todos estamos hechos, en la artesa salada por la levadura del tiempo-.

-Ni siquiera sabemos cómo deshacernos del pan duro que nos sobra.

-Hay tanto y tan duro que ya no cruje, sino que golpea con aspereza a quien le dé, y le forma bulto.

-Con eso que le aticemos, le casquemos y le propinemos, y con nuestra bendición apostólica, estará tan cubierto de cardenales que ya podrá irse a Roma a sentar plaza de pedigüeño, que allí hay muchos rogando todo el día a Dios nuestro Señor y a su vicario en la Tierra.

-Bien dicho, hermano ecónomo. ¡Váyase por donde ha venido con su insolencia este vagamundo que ha llegado a importunar la santa paz en que vivimos en nuestra residencia, que es la del Señor!

-Sí… De todas formas, convendría que se desalojara la panera de pan duro, pues con estos festejos que se están celebrando por el ascenso a primera duquesa del Infantado de doña Ana de Mendoza de la Vega y Luna.

-¿A primera duquesa dice vuestra Caridad?

-A primera duquesa femenina, me refiero; VI de los de la Casa.

-Ahora sí lo entiendo y lo apruebo.

-Pues como decía, por tal ascenso se reparten por toda la ciudad dulces, caramelos y todo tipo de reposterías que deja chica a nuestra justificación por la fe, que son los mendrugos de pan piedra que les sacamos a los indigentes.

-¡Hermano en Cristo! Por un momento, pensé que iba a decir que lo sacamos “de nuestras tripas”, mi querido ecónomo.

-Por un momento yo también temí que iba a decirlo, hermano portero, pero la magnificencia de Dios, en su infinita misericordia y bondad suprema, me ha contenido y quebrado la lengua y le intención que, declaradamente, era satánica.

-Alabado sea nuestro divino protector.

-Sea por siempre amado, comido, bendito y alabado, hermano.

-¿Y a todo esto, qué dices que ocurre por la ciudad a causa de doña Ana?

-Pues eso, que habiendo fallecido tras penosa enfermedad en este año de 1601 por el que transitamos don Íñigo López de Mendoza, V duque del Infantado, hoy ha ascendido a VI duquesa la primera mujer que ostentará tan importante título, grande entre los grandes de Castilla, doña Ana de Mendoza.

-¿Quieres decir que nuestra pequeña Anita, tan querida en nuestra comunidad, ya ha dejado de ser marquesa de Santillana del Mar, allá en los septentriones marítimos de la Montaña de Castilla, y también condesa de Saldaña, por tierras de Palencia, los dos títulos tradicionales que se aplican a los herederos de la Casa del Infantado, la capital de cuyos estados se encuentra en Guadalajara?

-En efecto, ya no es heredera, sino propietaria.

-Luego ¿ahora es ella la duquesa en persona, hermano ecónomo?

-Cierto como que existe Dios, hermano portero.

-Pero si dicen que doña Ana no es natural de Guadalajara, sino que nació en Medina de Rioseco, en la Tierra de Campos de poco más arriba de Valladolid.

-Y así es; nació en la bella ciudad de los almirantes de Castilla, en Medina de Rioseco, efectivamente… ¿Y por qué os extraña eso?

-No me extraña… Lo celebro y doy gracias al cielo por habernos deparado una castellana de tanto tronío que parece que más duquesa de Guadalajara y de Castilla ya no se puede ser.

-En efecto, en efecto… Santillana del Mar, allá junto a las brumas marineras donde nació Castilla; señoríos cerca de Burgos, como Melgar de Fernamental y otros por Castrojeriz.

-Ya van dos lugares a más castellanos ya no poder.

-Saldaña, por tierras de Palencia; Guadalajara, donde nos encontramos; señoríos por Buitrago de Lozoya, y otros por tierras de Segovia; Medina de Rioseco, ciudad de los almirantes de Castilla; y señoríos y estados por todos los territorios intermedios…

-Suficiente para dar varias vueltas a Castilla, sin salir de ella.

-Bien puede decirse que los duques del Infantado rivalizan en viajes y en poderío con los mismos reyes que nos tutelan, pues constantemente han de viajar desde Guadalajara hasta el mar primigenio, durmiendo cada noche en palacio o castillo propio.

JPM

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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