
Portada del libro: Viaje a Brihuega y las primeras cincuenta castellanas
Castellana número 1
El paseo de las Cruces de Guadalajara inaugura
la estrofa “castellana”
Por este llovido Paseo de las Cruces,
Al que piso y paso en esta tarde de paseo,
Siento haber paseado de niño, no lo ideo:
Es que lo recuerdo aún, entre dos luces.
Obra esta tarde con lluvia en mí el deseo
De pasearte más, paseo que hoy reluces
Entre la lluvia tanto que aun más a mí seduces:
LAS CRUCES, paseo de mi infancia que rodeo.
Este paseo doblemente en hilera arbolado
Noto que ya lo tengo en mi adentro caminado.
Espacio amigo que añoro y siento recorrido.
Sombreado espacio que resuena eterno en mi oído.
Tomo tu larga recta anocheciendo por destino.
¡Resuena siempre en mí, espacio que ahora encamino!
Otro tiempo fue, pero en ti, antaño, paseaba.
FÁcil estrofa CASTELLANA. Aquí acaba.
Dos cuartetos consonantes con rima en oleaje –preferentemente-, seguido por una serie indefinida de pareados, también consonantes, hasta alcanzar una extensión variable de doce, catorce, dieciséis, dieciocho… versos.
Eso es la estrofa “castellana”. En algún lugar la he definido como un “soneto más sencillo que el clásico”, pero no por ello menos musical, sino acaso más versátil, ágil y apropiado a nuestros días.
En cuanto a su temática, la “castellana” es apta para hospedar cualquier tema. Veámoslo en el siguiente ejemplo, más complejo.
Creer, crear, soñar… es Amor
Creer, crear, soñar en algo hermoso,
Reír, gozar, sufrir, celar acaso,
Estar tenso y blando, del orto a ocaso,
Elegir rumbo aun el más peligroso.
Resistir mal la ausencia y el fracaso,
Concebir fe en terreno harto dudoso,
Recibir veneno y creerlo gustoso,
Esperar dicha avance, paso a paso.
Amar lo abrupto, desdeñar lo llano,
Resistir lo amargo, aguardar en vano.
Sentir que el tiempo no es… sino a tu lado.
Olvidar el daño que hayas causado.
Ñudos de dudas romper por anhelar
–Al ser que nos posee- en él estar.
Recomponer cada día que nace en otro, aun más nuevo,
EN ALGO HERMOSO… es Amor. En ambos, a diario, lo compruebo.
Y ahora veamos comportarse a la “castellana” con temática religiosa y en versión más corta, de sólo doce versos.
Castellana de mi Dios, el Cristo
Menos que nada soy, aun menos nada
En relación a ti, Jesús, el Cristo.
No puedo pensar que siquiera existo,
Otra cosa no que por Ti soñada.
Sólo en Ti soy, de tu materia visto,
Queriendo imitarte entre tu sagrada,
Unica sustancia nunca creada.
Encimado a Ti, a mí ya desprovisto.
Nada más que Tú ya soy, amigada
Aura divina que me envuelve, ansiada.
Dame tu mano que si en Ti y contigo me amisto,
SOY la afortunada brizna de mi Dios, el Cristo.
La castellana de arte menor
Pero ocurrió, a continuación, que “el soneto más sencillo que el clásico” siguió dando muestras de su versatilidad. Y la castellana consiguió lo que no consigue un soneto: ser válida también con versos de arte menor.
Un soneto de arte menor es, por definición, un fracaso, si se compara con su hermano mayor. Por eso, apenas se ha intentado y casi nada es lo conseguido.
En cambio, la castellana de arte menor mantiene toda su sonoridad con este tipo de versos e incluso realza los temas sentimentales. Veamos dos ejemplos de este tipo de castellanas.
Castellana de la eñe
Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe.
La doble ene que a Hispania
la mudó antes en Espanna,
y dio con ella en España
a esta tierra de Occitania.
La “vínea” de la que mana
la viña hoy castellana,
la mejor cepa que hermana
a esta tierra soberana
de la lengua castellana:
virgulilla, a mí paisana.
Y “Castella” si a “Castiella”
pasó primero a escribir,
hoy no puede prescindir,
lleva contigo su huella
que afirma que es castellana
toda eñe con virgulilla
que proclamando a Castilla
de Castilla es escribana.
¡Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe!
Juan Pablo Mañueco

Sobre el autor: