La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Julio Aparicio y la puta realidad del toreo

Cuando Julio Aparicio salvó la vida milagrosamente tras traspasarle un toro la papada y sacarle el pitón por la boca, escribí que esa es la puta realidad del toreo: jugarse la vida en cada trance. Ocurrió hace dos años en Las Ventas. También por San Isidro, como esta misma tarde en la que el maestro ha hecho paseíllo con Fandi y Perera. He tenido la suerte de presenciarlo en directo al concurrir a mi cita esporádica en el coso venteño. Lo necesitaba.

Iba a escribir algo amable en el que quería destacar cómo, a cuatro días de casarme, no hay mejor remedio para sofocar los nervios agarrados al pecho que pasar una buena tarde de toros. Y es que ha sido una tarde entretenida: un Fandi en su estilo (poderoso con el capote y las banderillas; sin transmitir con la muleta), un Perera que ha emocionado de verdad en su segundo (conjugando el arte de las primeras tandas con el valor eléctrico cuando el toro se apagó), la infanta Elena como testigo de excepción… y hasta el romántico intento (fallido) de un espontáneo por torear. Sin embargo, al final, lo de Aparicio lo ha eclipsado todo.

Lo tenía difícil el maestro. Tras 22 años de alternativa, la de la semana pasada en Madrid fue la gran bronca de su carrera. Pero ha querido venir y no poner las excusas que muchos anunciaban. Y creo que ha venido de verdad, en busca de la expiación. Los capotazos sentidos de su segundo apagaron las críticas y habían hechizado al tendido. El perdón estaba ahí. Hasta que el animal se vino abajo con el caballo y llegó el turno del sobrero. No sé qué ha pasado entonces por la cabeza de Aparicio. El caso es que le ha podido la indolencia y se ha dejado llevar. Ni ha cumplido con la lidia (salvo en lo mínimamente exigible) ni ha intentado pegar un solo muletazo. El escándalo estaba servido. Y ha pasado lo que tenía que pasar. Han llovido los almohadillazos, como días atrás. Yo he optado por el silencio respetuoso a una trayectoria y a los capotazos breves y sentidos.

Sin embargo, ha sido al llegar a casa cuando he conocido algo que en directo no he podido percibir (y es que en la plaza no hay tele; aunque no la cambio por el ambiente puro de la realidad): Aparicio, llevado por un arrebato, se ha cortado la coleta. Se ha retirado. Así, en medio de una bronca, entre pitos e insultos y después de más de dos décadas de jugarse la vida en las plazas. Y he de decir que es muy injusto. Si la mayoría de los presentes se han dado cuenta del gesto y aun así han vilipendiado a un artista al que hace solo dos años pudieron ver morir en directo, es porque se comprueba una vez más que el aficionado de Madrid puede ser muy ingrato (que no exigente) y abunda como pocos en la puta realidad del toreo.

Desde aquí, mi ánimo al maestro Julio Aparicio y me petición de que reflexione con la almohada.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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