La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Lo que hoy diferencia a Juan Carlos I y Benedicto XVI

Siempre me he declarado un gran admirador de Juan Carlos I. Como muchos (al menos antes), me defino juancarlista, pero voy más allá y antes que nada soy monárquico. Y, aún más allá, sobre todo, quiero lo mejor para España. Por ello, si defiendo a Juan Carlos I es porque creo sinceramente que, además de que encarna un sistema político que ha representado el gran oasis de desarrollo, paz y reconciliación en nuestra siempre convulsa historia, la Monarquía parlamentaria continúa siendo lo que hoy necesita España.

Aunque todo tiene un límite. Y yo no soy un vasallo de nadie. De absolutamente nadie. Por eso, aunque me duela decirlo, la Reina y Don Felipe son hoy el mayor valor para la Monarquía. En cambio, el Rey se está equivocando clamorosamente. Y hablo de lo constatable, no del terreno de lo especulativo. Por esa senda de la duda, que principalmente enfanga en el llamado ‘Caso Nóos’ a su yerno, a su hija y al secretario de esta, creo que hay que esperar a que se pronuncie definitivamente la Justicia. Y que por esta caigan todos los que tengan que caer: los culpables. Y si en esa pendiente hubiera de caer el Rey, porque se demostrara que ha cometido un delito, pues que caiga el Rey. Yo creo en su inocencia, pero aún más quiero creer en que la Justicia lo es para todos.

Hablo ahora del que considero su gran error constatable: las portadas que ayer y hoy ha protagonizado en ‘El Mundo’ la conocida como “princesa Corinna”. Esto es, la tal Corinna a la que, desde hace dos años, toda la prensa española denomina como “la amiga del Rey”… en clara referencia a que se trata en realidad de la amante del Rey. Es una vergüenza el que esto sea de dominio público, sin que haya un comunicado de Zarzuela que, como en otros casos, desmienta dichas afirmaciones. Por lo tanto, partiendo de la base de que sería verdad, además de suponer una humillación horrenda a una grandísima señora como Doña Sofía (artífice fundamental para reafirmar en su día la posición de Don Juan Carlos ante Franco y conseguir que este le designara sucesor a título de Rey), reflejaría un acto de descaro ante todos los españoles en un momento en el que la crisis de las instituciones pone en cuestión los pilares del sistema.

No es ya lo que la tal Corinna dice en ‘El Mundo’ sobre Urdangarin y el ‘Caso Nóos’, que no dudo que sea cierto, sino la frivolidad de las imágenes que ilustran la entrevista y el simple hecho de producirse esta. ¿En calidad de qué copa la portada del dominical del segundo diario de este país la tal Corinna, que posa como si se tratara de Isabel Preysler para el ‘Hola’? ¿Cómo la “amiga del Rey”? Y el Rey, honrado con tal “entrañable amistad”, ¿no puede exigir a su amiga que se sumerja en un decoroso silencio y no salga su indudable belleza a relucir justo en este momento? ¿O es que ya no son “amigos”? Y si esto fuera así, ¿por qué al menos no se guardan mínimamente las formas y se desmiente, aunque sea ahora, cualquier relación amorosa?

Sigo creyendo en Don Juan Carlos I, el mejor rey de nuestra historia. Por eso le pido que se mire en el espejo de Benedicto XVI. El Papa jamás lo tuvo fácil. En sus casi ocho años de pontificado, ha tenido que hacer frente a enormes polémicas, muchas de ellas heredadas. Pues, pese a su imagen de debilidad, ha actuado con firmeza y, dando la espalda al miedo a generar “escándalo”, se ha sumergido hasta el fango en temas dolorosísimos: los abusos sexuales por parte de miembros del clero, las traiciones de los “lobos” que destrozan el testimonio de la Iglesia desde altas esferas, las incomprensiones de supuestos amigos, las corruptelas de algunos golfos con alzacuellos… El Papa ha respondido a estos lamentables hechos con la verdad por delante, desde la palabra y la acción ejemplar. Su último servicio ha sido reconocer que otro lo puede hacer mejor que él y presentar una histórica renuncia preñada de humildad e interpelación de cara al futuro.

No pido al Rey que abdique. Solo que coja el toro por los cuernos y deje atrás el miedo a crear “escándalo”, actuando contra los que dañan la Monarquía parlamentaria desde dentro. Empezando por él mismo, que se está equivocando gravemente en algunos temas importantes. Que su testimonio sea incuestionable, desde la palabra y la acción. Y solo en caso de que el mismo se considere un problema irresoluble, que revise su conciencia y, por el bien de España, dé paso a su hijo. Felipe VI, si llega a tiempo, será aún mejor rey de lo que lo fue su padre.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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