
Fue hace años en EL CLUB ALLARD aún sin ninguna Estrella Michelín cuando me dejé conquistar por este mundo seductor que es la gastronomía. Desde entonces he seguido la trayectoria ascendente de este templo gastronómico en el que actualmente oficia un cocinero al que admiro desde que le conocí en el restaurante “Tierra” del Hotel Valdepalacios, en Torrico- Toledo (galardonado con una Estrella Michelín), el chef José Carlos Fuentes.

La Casa Gallardo, -un espléndido edificio de corte modernista en el corazón de la capital-, acoge este maravilloso y selecto restaurante que en su día nació como un club privado cuyos espacios son únicos por su historia, conservando en la actualidad todo el glamour y personalidad del año 1.900 pero con una cocina del siglo XXI.

Con Dos Estrellas Michelín consolidadas deliciosamente por Fuentes, este otoño EL CLUB ALLARD nos propone experimentar nuevas sensaciones gastronómicas que une la cocina mediterránea (no en vano el chef se formó junto a Carmen Ruscalleda, del que fue sub-jefe) con los sabores japoneses (José Carlos lideró la apertura en Tokio del restaurante de Ruscalleda en Japón, donde consiguió dos Estrellas Michelín) en un menú elegante y atractivo.

Aunque el factor sorpresa de este “Menú Gastronómico” me parece indispensable –por lo que no voy a detallar aquí cada plato-, un pase muy redondo me pareció el guisadito de tendones y cigala con verduritas encurtidas, ese mar y montaña que nos invita a viajar y dejarse llevar por las sensaciones.

Además del “Menú Gastronómico” (12 pases, 145.-€, con opción de maridaje 80.-€) EL CLUB ALLARD nos ofrece un “Menú Encuentro” (9 pases, 115.-€, maridaje 60.-€) y un “Menú Ejecutivo” al mediodía de martes a viernes, adaptado a las agendas y presupuestos de las comidas de trabajo (60.-€).

El servicio de sala y el equipo de cocina es impecable, no se descuida ningún detalle, todo está pensado y dirigido al placer sensorial del comensal; prueba de ello su amor al pan artesano de calidad que se elabora cada día, incluso en la propia mesa delante de los clientes. La experiencia se completa con la posibilidad de un maridaje escogido cuidadosamente por el sumiller, una armonía curiosa, inquieta y muy exclusiva.
Fotos: José Antonio Rojo @rojofoto.es

