Lo más nuevo en el enigmático Barrio de Las Letras se llama LOBO 8. Ubicado en la planta baja del cosmopolita Gran Hotel Inglés, LOBO 8 NO es un restaurante de hotel como hasta ahora se entendía, sino un espacio gastronómico con carácter propio en el que Andalucía y Madrid se fusionan en los fogones del chef madrileño Willy Moya.

La magia de los tabancos jerezanos se traslada a la capital con el espíritu festivo de los vinos de El Marco de Jerez y una cocina con esos toques picantes que tanto seducen. LOBO 8 ha elegido ser una casa de comidas, pero de manera elegante y sutil, con esencia de taberna en un lujoso entorno mundano.

Con más de 25 años de experiencia y formado en la sede central de Le Cordon Bleu en París, Willy Moya ha desarrollado su carrera en Londres, Estambul y Sevilla. Fue en esta última donde sentó las bases de su cocina actual y donde se convirtió en abanderado de la nueva cocina andaluza, la cual traslada ahora a la una carta en la que conviven las despensas madrileña y andaluza a las mil maravillas.

Por originales destacan diversas “tablas” selectas confeccionadas a base de apuestas muy personales entre las que destacan la de las chacinas y la de salazones , junto a recetas que respiran tradición perfectas para compartir: mejillones tigre 2.0 con escabeche picante y hierbabuena o la bomba de rabo de toro.
Otros platos llaman la atención por su origen en el campo andaluz, como el “panizo” hojaldrado —una antiquísima receta a base de harina, manteca y agua con los que se elabora un pan plano a la plancha que aquí se cubre de atún marinado, verdura asada, alcaparras y jalapeño.
En el capítulo de carnes y pescados, sugerentes camarones adobados con huevos y cremoso de pimiento frito, el pollo coquelet al carbón y piri-piri o el bacalao ajoarriero con langostinos. Las guarniciones de los platos principales —patatas a lo pobre, arroz blanco, brócoli al vapor y verduras a la parrilla— se ofrecen como obsequio al centro de la mesa, para que cada uno se sirva a su gusto.
La formación pastelera de Moya se deja notar en la delicadeza con la que ha diseñado los postres de la casa: finísima tarta de manzana, torrijón con miel de azahar, calabaza dulce con requesón de Madrid o la tableta de chocolate con pan de brioche a modo de gofre y helado de leche merengada.

Todo buen tabanco que se precie atesora una infalible carta de vinos jerezanos y LOBO 8 no podía ser menos. Por botellas o por copas, se puede elegir entre una treintena de etiquetas, con gran protagonismo de manzanillas, olorosos, amontillados y palos cortados.
El prestigioso interiorista norteamericano David Rockwell ha sido el responsable de la decoración global del nuevo Gran Hotel Inglés, inspirándose en el Art Decó de los años 20 y en el carácter vanguardista y pionero de este clásico de la hotelería madrileña (no en vano fue el primer hotel de lujo de la capital en el año 1886).

