“¿Y dónde pongo el Miró?”,
largan las lenguas de doble
filo que Roca, cual roble,
formuló a quien mil miró
cuadros y mil admiró.
“En el baño, para ahormarlo”,
cuentan que adujo; “y amarlo”.
El arte exige ca(g-j)ones
e impone retortijones
a cuantos quieren armarlo.
Ángel Sáez García
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