Con la luz crepuscular,
los vicios matriculables,
golosinas formidables,
empiezan a pulular
por el “Eros” y a ulular.
De las sirenas los cantos,
que publican sus encantos
sin censura y nuevos precios,
subyugan a magros, recios;
al menda le dan espantos.
Ángel Sáez García
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