CUANDO LA MALDAD SE ENSEÑOREA DEL “CRONOTOPOS”
“Para que triunfe el mal basta con los que hombres de bien no hagan nada”.
Edmund Burke
Ciertamente, en todos los “cronotopos” habidos y por haber, quiero decir, en todas las partes y en todos los tiempos siempre hubo, hay y (si no marro, como eso es, al menos, lo que hoy, aquí y ahora, intuyo y sospecho, que no) habrá abusos (de poder) que bien fueron, son y serán coronados por desalmados, bien fueron, son y serán permitidos por tontos del haba (que, en la capital de la ribera ibera de Navarra, solemos fundir en “tontolabas”); o sea, en todos los tales que en este mundo inmundo fueron, son y serán bulleron, bullen y bullirán, esto es, se cocieron, cuecen y cocerán, por el estilo, poco más o menos, las habas.
Por si les sirve, a todos (ellas y ellos) los que alguna vez en su vida se sintieron humillados, a todos los que hoy se sienten pisoteados, a todos los que en el futuro se sientan ultrajados, a todos, sin excepción, despreciados, ninguneados o vejados, empatizando y solidarizándome con todos ellos (y ellas), les brindo y dedico, itero, por si les sirve, el argumento que obra en el parágrafo que sigue, que, desde que me licencié en Filología Hispánica, acarreo o me acompaña:
La dignidad no es directa ni inversamente proporcional a la laya de la textura de la tela del uniforme que una/uno (apellídese como se apellide, verbigracia, Unamuno) viste ni depende del número de piezas que lo conforman; no se mide teniendo en cuenta la defensividad u ofensividad del arma asignada, escudo o espada; tampoco se pesa considerando la prenda, delantal o corbata, que más se mancha; se halla en la índole de los actos, en la estela, las huellas, el rastro y el sello de las pautas.
Ángel Sáez García
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