EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Entiendo lo que me cuentas; y considero que tu comportamiento, humano, muy humano, no es único ni exclusivo tuyo; del mismo participamos muchas personas.
Estoy en la biblioteca y ya sabes que aquí o traes auriculares (paso de ellos; yo vengo a lo que vengo) o no escuchas. Me fío de cuanto me dices al respecto, o sea, de los versos nerudianos cantados por Picón.
Pues lector y autor nos fundimos o confundimos (en la primera acepción que da de tal verbo el DRAE —mezclar—, y no en la tercera —equivocar—), porque a mí me petó mucho trenzarla (y leerla y releerla, como has hecho tú; porque el hacedor de esos párrafos fue también el primer lector de los tales).
Manejas bien la puya, pero, con el paso del tiempo, manejarás aún mejor la pulla (repara en que la primera vocal del vocablo precedente no es la “o”, sino la “u” —anda, Jesús, hazme feliz un rato y sonríete o ríete un poco—).
Lamento que este año no coincidamos (yo, al menos, a la postre, sí podré acudir el sábado a) en Cornago, pero me alegro porque, seguramente, habrá más fiestas y más encuentros (en próximas ocasiones, estemos juntos o separados, volveremos a disfrutar de los estupendos paisaje y paisanaje cornagueses). El menda, como se había hecho a los tres acostumbrados, tres, días de fiesta (en la villa cornaguesa, patria chica de mi padre) en honor de la Virgen de la Soledad, como Lázaro de Tormes al vino, este año echa(rá) dos de menos.
El derecho que uno/a tiene a reírse acaba donde comienza el de otro/a a no ser humillado/a. Tengo para mí (pero, como sabes, no soy de los que gustan hablar ni escribir subidos en una tarima de madera o a un ambón; ergo, acepto discrepancias) que es más falso que un billete de siete euros ese aserto que dice que las novatadas son juegos inocuos (espera un poco, que voy a agarrarme la barriga, para no herniarme de la risa, porque, en muchos de los casos, son inicuos) que buscan la integración del pipiolo en la Universidad, que busca la Diversidad y hasta la Pluriversidad.
Suelo defender (sostener y mantener) que sólo quien se ríe asiduamente de uno/a mismo/a está capacitado/a para, asimismo, reírse con (por consiguiente, no de) los demás.
Como estoy convencido de que puedo llegar a ser tan guasón como tú, ya me dirás si, según tu criterio, los dos párrafos precedentes los trenzó servidor, tu amigo, Otramotro, de broma o, por el contrario, los urdió de veras.
Lamentablemente, por sendos picos vespertinos seguidos de fiebre (38 y 38,8), ayer tuvo que ingresar de nuevo en el HRS mi progenitora. Al parecer, la causante de la misma era una infección en uno de los catéteres del Bricker. Esta mañana le ha quitado el urólogo ambos. Son el deseo y la esperanza de mis deudos y los míos que la infección desaparezca y la fiebre no vuelva a hacer acto de presencia.
Como “prefiero ser un optimista loco a un pesimista sensato” (eso es lo que dice, poco más o menos, Albert Einstein, papel que interpreta Walter Matthau, en el film “El genio del amor”, dirigido por Fred Schepisi en 1994) pronto volveré a darte buenas nuevas.
Te saluda, aprecia y abraza
Ángel Sáez García
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