El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (LXII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

No te falta razón en cuanto aduces, pero…

Como sabes, la tradición viene adjudicando a cada uno de los Siete Sabios de la Hélade una frase sabia, prudente, cuerda. A varios de ellos se les atribuye esta: “Conócete a ti mismo”, que, al parecer, obraba en el pórtico o pronaos del templo de Apolo en Delfos.

Está claro que una/o se conoce a sí misma/o conociendo a las/os demás, y viceversa. Asimismo, cristalino, que mediante la autocrítica o el “autoexamen”, o sea, el juicio crítico de comportamientos y hechos propios, una/o se va conociendo más y mejor. Unas/os osan llevar a cabo el tal y otras/os no. Ergo, sigue a Horacio, que trenzó lo que sigue, y a tu tocayo (en media parte) Immanuel Kant, que contribuyó a difundirlo: “Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude / incipe” (“Quien ha comenzado ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza”).

En esta décima deseaba y esperaba estar granado (lo habitual, como pretendo en todas las que urdo), pero, en esta, en concreto, en la del caso que nos ocupa, si era posible, que intenté que así fuera, un poco (una pizca o un ápice) más, porque, desconozco la razón, en esos momentos previos a la creación o recreación (al acto creador o recreador) tenía en la mente y/o presente varios paisajes de esa ciudad inolvidable donde, como es proverbial, todo es posible, Granada.

“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso” dijo Lao-Tsé. A veces, las ganas son ese primer paso.

Coincido con el parecer de don Arturo Pérez-Reverte (“Aperre”, el Bueno): el poder, aliado con la estupidez, conforman una pésima (por nociva) entente.

Yo soy el autor o hacedor de las mismas, pero no te extrañe hallar mañana o pasado a un poeta indio o a un profeta chino cuyo contenido, poco más o menos, profiriera o escribiera un siglo y hasta un milenio antes que yo.

François Marie Arouet, “Voltaire”, escribió: “Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”. A continuación, entre burlas y veras, idearé presiones o prisiones en vez de pasiones e intentaré emular a “Voltaire” (que pretendió imitar, a su vez, al ingenioso hidalgo/caballero don Alonso Quijano). Ya me dirás si, en tu opinión, lo logré o fracasé en mi propósito.

Disiento de escribir la palabra “poeta” con mayúscula inicial. Un poeta, un verdadero poeta (ella o él), que merezca esas cinco selectas letras, cinco, no será más poeta ni mejor de lo que es por colocar debajo de sus firma y rúbrica el vocablo “Poeta” (no conozco ningún poeta, haya publicado diez poemarios o ninguno, recibido cien premios o ninguno, que se las dé de tal; al susodicho —ella o él, insisto— le basta con ser considerado por sus lectoras/es simple urdidor de versos y por sí mismo “mero aprendiz de ruiseñor”), así. La letra versal de los versos iniciales de sus poemas ya indica que lo es, poeta.

Te saluda, aprecia y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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