El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

He gozado un montón, Pilar, contigo

HE GOZADO UN MONTÓN, PILAR, CONTIGO

Amada (¿se puede dejar de amar cuando se ha amado de veras?) Pilar:

Aunque nuestra relación hace meses que murió (acabó porque así lo quisiste tú; yo me limité a ser un caballero y a respetar tu decisión sin poner trabas u objeciones), confío, deseo y espero que tú no lo hayas hecho.

Te preguntarás, con razón, por qué te escribo esta epístola. El motivo de la presente no es otro que este, que llevo varios días soñando contigo por las noches, reviviendo, como si fuera un bucle, la semana que pasamos juntos en Tenerife, pero ahora en otras ciudades europeas: Roma, Florencia (donde, por cierto, nunca estuve), Venecia, París (donde tampoco), Verona, Viena, Praga,…

He rememorado partes de las inolvidables e innumerables conversaciones que mantuvimos en la isla donde se yergue majestuoso e imponente el Teide o luego por teléfono (desde nuestros lugares de origen). Parece como si Cronos e Hipnos, los dioses del tiempo y el sueño, se hubieran confabulado para que yo, al menos, hiciera todo lo posible y consiguiera evocar el mosaico dichoso que entre los dos logramos formar otrora con las variopintas teselas de nuestros respectivos afectos. Me consta, por propia experiencia, que el lento transcurso del tiempo suele borrar los perfiles de cuantas féminas amé, desdibujando, indefectiblemente, sus ojos, sus labios, sus rostros, sus siluetas. Ahora bien, cuando la relación se acaba porque la otra (en este caso concreto, tú, Pilar) o el otro la termina, acaso quien la fina o remata desconoce que la otra o el otro (aquí, servidor) no deja de amar en el acto, sino que ese amor se va atenuando o mitigando paulatinamente, ya que amar sin ser amado es perjudicial para la salud física y mental; incluso es capaz de producir tanto daño que puede llegar a ser hasta letal.

Aunque el binomio que formamos era raro (si a alguien le da por atreverse a intentarlo, me apuesto doble contra sencillo a que nadie consigue refutar que el tándem era peculiar), conformado por dos seres contrarios u opuestos que se complementaban o completaban tan bien, también era, por esa misma extraña compatibilidad, llamativo.

Sé que soy un loco cuerdo, y que locamente me enamoré de ti desde el principio, pero no te confesé mi amor hasta que te tuve lejos. Fueron otros ojos los que abrieron los míos; combinábamos estupendamente, a la perfección, pero el miedo que entonces ambos sentíamos, que, por razones distintas, era cerval, malogró nuestro happy end, feliz final.

Aunque durante los últimos días, en nocturnos sueños, he gozado un montón callejeando contigo por avenidas y plazas de varias ciudades europeas, contemplando ene edificios, estatuas, fuentes y obeliscos inolvidables, cuando he despertado, me he dado de bruces con la realidad, el averno, o sea, he descubierto con pena que no estabas a mi vera, en definitiva, que te echaba muchísimo de menos.

Confío, deseo y espero que, si algún día lees estas líneas, te agraden tanto como a mí me ha petado escribirlas.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Recibe nuestras noticias en tu correo

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído