SERÍA ESA CHIRIPA LA CARABA
No tengo por costumbre contar mis sueños a la gente con la que sueño; por la sencilla razón de que varias de las personas que han aparecido en ellos (y hasta en diversas ocasiones) todavía no las he conocido, aún no las conozco y tal vez jamás llegue a conocerlas (por uno de estos dos motivos, o porque no hayan existido o porque no existan; ni hoy ni mañana ni nunca). Ahora bien, lo que sí he hecho, hago y, me temo (con el significado de sospechar, o sea, sin dar una sola muestra de temor), seguiré haciendo (aunque haya por ahí y usted, atento y desocupado lector —sea ella o él—, pueda hallar a alguien a quien le pese el hecho) es escribir sobre los sueños que he tenido y publicar luego lo que he urdido, referido a ellos, en mi bitácora. ¿Que por qué hago tal cosa? Como hoy no me apetece repetirme, improvisaré (a ver qué sale): porque confío, deseo y espero que algún día pueda leer que otra persona (que no me conoce y a la que yo no conozco) soñó conmigo y eso propicie, por peripecias achacables a ambos, que nos conozcamos (y, si es mujer, hasta en lenguaje bíblico; sería esa chiripa la caraba).
Ángel Sáez García