AQUÍ URGE PROMOVER EL VOTO EN BLANCO
¡CUÁNTAS VERDADES NARRAN LAS MENTIRAS!
Ayer se celebró en el orbe entero (ergo, también en España; por tanto, sí, ídem en Algaso (tal vez algún día alguna ciudad de la piel de toro o de Iberoamérica, de nueva creación o cuño, se llame así; incluso puede que, desconociendo servidor, un ignorante redomado, dicho dato, ya haya alguna población que lleve ese nombre, en principio, ficticio, acaso) el Día del Ciudadano Huérfano, quiero decir, sin partido político al que apoyar con su voto, también llamado Cives in albis, ciudadano asiduo a votar en blanco.
Desde hace años, el grueso de las asociaciones que agrupan a miles de estas personas organiza en dicha fecha diversos actos, conferencias y talleres con la educativa pretensión de explicar cómo se sienten los sujetos susodichos y poner los medios necesarios, o sea, los remedios, para que se corrija cuanto antes esa indeseable realidad y esa negativa circunstancia no afecte más de lo debido a la salud mental de los mentados.
Una persona informada y responsable es el mejor candidato para convertirse en ciudadano excelente, por crítico (con criterio propio), autónomo y autosuficiente, en cualquier república o monarquía parlamentaria habida o por haber. Las citadas condiciones le permitirán llevar las riendas o el control y/o el timón de su propia existencia y estar vigilante ante el rumbo y la evolución (involución o revolución) que tomen los acontecimientos que le afectan (sienta afecto o desafecto por ellos).
Uno de los más arraigados y enquistados problemas de nuestro tiempo es que no se conoce ni reconoce lo obvio, que una buena parte de la población ignora qué hacer, por qué opción decantarse, cuando ninguna (del amplio abanico ofertado) le convence y no desea abstenerse, sino votar. Cada día son más los ciudadanos que empiezan a considerar como firme varilla de ese abanico el voto en blanco. Hartos de asistir a cómo los políticos cambian de chaqueta o parecer como si fueran veletas movidas por la fuerza del viento, muchos de quienes en los últimos comicios generales se abstuvieron piensan ahora que acaso habría sido más aleccionador para el sistema, más justo y lúcido, que hubieran votado en blanco.
Acaso convenga, por tanto, cultivar entre los abstencionistas (ellas y ellos) la cultura del sobre vacío. ¿Qué dirían los mandatarios de los principales partidos políticos si, en lugar de papeletas de sus respectivas formaciones, los sobres solo contuvieran aire? ¿Se les caería la cara de vergüenza y se marcharían con las orejas gachas a su casa (cada uno a la suya, por supuesto)? Si eso acaeciera mañana, me apuesto doble contra sencillo a que más de uno de esos politicastros saldrían a la palestra para reconocer el varapalo, decir que habían aprendido la lección y que se habían hecho merecedores del figurado estirón de orejas, pero seguirían el adagio “lampedusiano” o “gatopardesco”, proferir que van a cambiar sin que nada mude en realidad, prefiriendo el bien propio, personal, al interés ajeno, común, general.
Urge informar al ciudadano y/o que este, por su propio bien y cuenta, se informe, promoviendo charlas donde puedan asistir libremente quienes estén interesados en conocer por qué votar en blanco puede ser un sufragio más crítico, ponderado y responsable que abstenerse o votar al mismo partido de siempre, aunque con la nariz tapada.
Ángel Sáez García