El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¡Enhorabuena!, sí, y ¡felicidades!

¡ENHORABUENA!, SÍ, Y ¡FELICIDADES!

Dilecta Pilar:

Como lo precipuo, primero o principal debe ir en cabeza (si la memoria no me falla, en más de una ocasión he arrancado alguna otra epístola que te he redactado y remitido a tu dirección de correo electrónico de la misma guisa), hoy se impone esta: ¡Enhorabuena! ¡Felicidades! ¡Enhorabuena! ¡Felicidades! (y, de buena gana, repetiría, de manera alternativa, las dos palabras susodichas, escritas entre los signos de apertura y cierre de admiración, ad infinitum, hasta el ocho tumbado o tumbar el ocho, pero decido no ponerme la zancadilla y, como corolario, no caer en la hipérbole, o sea, no hacer tal cosa, para no resultar cansino, excesivo, molesto). No sé quiénes te han elegido como autora del año, pero debo aplaudirles y ovacionarles por el gesto y decirles que han acertado de lleno o, si lo prefieres, que han dado en el blanco o centro de la diana, al adoptar semejante decisión. Abundo en el parecer con quienes han determinado con su voto premiarte y celebro sobremanera que el Muy Ilustre Ayuntamiento de Zaragoza haya previsto homenajearte en fecha cercana al Día del Libro. Tienes que estar orgullosa por la deferencia. Yo, al menos, que me considero tu amigo, lo estoy. Que compartas galardón, honor y prez con los mentados, Soledad Puértolas y tu (aun por lo poco que lo traté, osaré agregar, en este paréntesis, nuestro) querido maestro Rosendo Tello, entre otros, no es moco de pavo. La primicia que me has comunicado me ha hecho recordar la introducción que colocó Friedrich Nietzsche a su “Ecce Homo”, donde cabe leer: “Recompensa mal a su maestro quien quiere seguir siendo siempre su discípulo”, que es prima carnal (un excolega de los Camilos, en Navarrete y Zaragoza, el castelserano y turolense José Miguel Carceller Insa, solía hablar de “primo hermano”) de este pensamiento que salió del magín y la mui (y luego también de la péñola) del premio Nobel de Física Albert Einstein: “Para castigarme por mi falta de respeto a la autoridad, el destino me ha convertido en una autoridad”.

Insisto en iterarte mi respuesta habitual en estos casos: “de nada”.

Cada quien tiene su manera personal (y, tal vez, intransferible) de trenzar (sus prosas o versos; hay quienes distinguen entre estas dos opciones).

Pues, adelante. Confío y deseo que tu esperanza acaezca, se corone o lleve a cabo, en esos pocos días que aduces y que me comuniques pronto otra buena nueva que sumar al luengo listado. Ya sabes qué dice ese adagio sueco, que tiene la virtud de no hacerse el tal: “Una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida, la mitad de una pena”.

No te quito más tiempo de ese menester que tienes entre manos. Luego tengo que subir al Hospital “Reina Sofía”, HRS; a ver qué me comenta la doctora Vásquez, nefróloga, de los últimos análisis que me hice (mejor, hicieron) el pasado lunes.

Te agradezco tus muestras de empatía y que te alegres de que mi estado de salud haya mejorado. Lo propio te deseo a ti, que la revisión que tienes pendiente no halle nada y, en el supuesto de que halle algo, que lo hallado sea curable, sanable, subsanable sin tener que pasar por el engorroso (no sé si lo he suavizado mucho o poco, porque el adjetivo calificativo que había previsto usar y escribir era horroroso) quirófano.

Las pruebas salieron bien, o pasé airoso el trámite. Debo duplicar la toma de hidroferol (dos al mes), porque ando bajo de vitamina D. Lo demás está como estaba (en sentido estricto, está mejor, pero tengo que seguir tomando la medicación prescrita, para que los valores no vuelvan a subir y hasta dispararse).

Itera una vez más su ¡enhorabuena! y sus ¡felicidades! quien te manda otro abrazo, tu amigo Otramotro.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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