El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿La vida puede ser un palimpsesto?

¿LA VIDA PUEDE SER UN PALIMPSESTO?

SI DESEA SENTIRSE DESLUMBRADA/O

SI UNA/O ESTÁ ATENTA/O A CUANTO LE ACONTECE

Así como ocurre en la vida misma de cada quien, si una/o está atenta/o a cuanto le acontece, a veces, el camino se bifurca y una/o, tras ponderar los pros y los contras, los beneficios que ve y los que barrunta que pueden venir detrás de los evidentes y, asimismo, los perjuicios ostensibles y los que intuye que van a seguir los rastros o estelas que dejaron los precedentes, elige por cuál continuar su peregrinaje por este valle, más de lágrimas que de risas y carcajadas, que muchas/os coinciden en llamar Existir, lo propio, tres cuartos de lo mismo, acaece cuando una/o se adentra en alguno de los ámbitos de la creación literaria.

El autor (ella o él) de un texto (novela, cuento, poema o drama) cuya trama tiene totalmente estructurada en su cabeza e incluso ha podido hacer un croquis del mismo en una pizarra o panel para no caer en digresiones o desviarse, a veces, deviene explorador y se interna en un bosque, jardín, laberinto o territorio ignoto cuyas circunstancias le obligan a cambiar de planes sobre la marcha. ¡A cuántos no les habrá pasado cuanto acabo de esbozar o esquematizar! Si para muestra sigue bastando con exhibir o presentar un solo botón, a este menda eso, tal cual, le acaba de suceder.

Los renglones torcidos de arriba vienen a cuento de lo que tengo previsto trenzar a continuación. He terminado de leer, quedando gratamente maravillado, “Un amor” (Anagrama, Barcelona, 2020), de Sara Mesa. El asunto o contenido de la novela, lo que cuenta, puede parecerle al lector (hembra o varón) intrascendente, trivial, pero la manera de narrarlo, el continente, la forma, no lo es, pues resulta y es un prodigio de estilo (donde el uso del ídem directo y del indirecto libre devienen dos inconcusos primores).

Mientras iba leyendo la novela, mentalmente iba componiendo y complementando un puzle con todas las piezas que Sara me iba suministrando. La página 185, que corona la obra, es la caraba, la repanocha (por su inobjetable vertiente benéfica, positiva, claro). Recomiendo con especial encarecimiento al atento, desocupado e inteligente lector (sea cual sea su identidad o tendencia sexual) que, si desea sentirse deslumbrado, de la cabeza a los pies, no cometa la torpeza de hacer(se) trampa, ergo, que no acuda a la susodicha página para disfrutar anticipadamente de cuanto servidor gozó, porque esa añagaza le saldrá rana, ya que, para que ocurra tal cosa, para que logre sacarle todo el jugo que contiene, tendrá que invertir unas cuantas horas de ocio de tres tardes, verbigracia, para deleitarse de lo lindo consiguiendo completar o culminar el puzle conforme va pasando su vista por esa milagrosa página de final abierto (cada lector se decantará por uno o inclinará por no renunciar a la riqueza, o sea, ninguno de los posibles, quedándose con todos).

¿La vida puede ser un palimpsesto? (Ese es el título definitivo que encabeza este texto, pero, como cabe comprobar la obviedad, aparecen también los dos rótulos provisionales que tuvo antes). Ignoro cuál fue el propósito preciso de Mesa, pero sospecho que persuadirme de que la vida puede serlo, un palimpsesto, es lo que exudan estas concretas palabras suyas: “Hace exactamente el mismo recorrido que hicieron entonces, pero no para recuperar las mismas sensaciones, sino justo al revés, para borrarlas y escribir otras nuevas sobre ellas”.

En ese momento final, que me ha hecho recordar al mítico y mitológico ave fénix, al poder metamorfosearse, ipso facto, por arte de birlibirloque, en otro inicial, de paz y de revelación, ¿cabe ver con claridad que la ley del karma o del efecto bumerán existe y está vigente y quien dañó, como escarmiento, puede que sufra un perjuicio mayor?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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