REFLEXIÓN Y PREGUNTAS SOBRE MITOS
“Nuestro deseo desprecia y abandona lo que tenemos para correr detrás de lo que no tenemos”.
Michel de Montaigne
Como nuestra profesora, una Violante moderna, nos impuso a sus alumnos actuales, como tarea inexcusable, que escribiéramos un texto sobre uno de los numerosos mitos grecolatinos, a mí, Mage (hipocorístico de María Genoveva) me nació la idea de pulsar el parecer de un primo carnal de mi difunto marido, que es filólogo y letraherido, para que me orientara sobre dicho menester o particular.
La primera vez que hablé con él al respecto me recomendó que escogiera y urdiera unos párrafos sobre Acteón, protagonista del mito del cazador cazado. Y me dio, grosso modo, las sintéticas pinceladas del mismo en apenas unas líneas, estas: Acteón, habiendo salido de caza con su rehala de canes, sorprendió a Artemisa/Diana, desnuda, en el baño. La diosa, enojada, castigó tamaña torpeza, convirtiendo al imprudente cazador en ciervo, que, tras la rauda metamorfosis, murió devorado por sus propios perros, que no reconocieron a su amo.
Como el mito de Acteón no terminaba de convencerme, la segunda vez que hablé con él sobre el caso, hoy, 25 de febrero, martes de carnaval, me ha propuesto otra opción, que me decantara por el mito clásico de Filemón y Baucis, que, a grandes rasgos, dice así: Zeus y Hermes, habiéndose disfrazado de mendigos, deambulaban por la ciudad de Tiana, llamando a las puertas de las casas por las que pasaban, solicitando unas manos fautoras que les dieran cobijo, pero todas las puertas permanecieron cerradas, hasta que llegan a la choza donde viven humildemente, pero dichosos, dos ancianos, Filemón y Baucis, que ofrecen a los fingidos pordioseros cuanto disponen, sus mejores caldos y manjares. Zeus y Hermes, tras revelarles quiénes son de verdad, como recompensa por su empático y solidario proceder, les conceden el don de hacerles realidad el deseo que elijan. Estos se inclinan por que la parca los visite en la misma fatal hora, metamorfoseándolos paulatinamente en dos árboles (roble y tilo) milenarios que entrecruzan sus ramas.
Tras releer cuanto llevaba escrito, he reflexionado y me he hecho dos preguntas. ¿El primo hermano de mi finado esposo no me estará tirando los tejos sutilmente? Como el otro día me adujo una máxima de quien fue Primer Ministro británico, Henry John Temple, Lord Palmerston, que dice así, “no tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos. Solo nuestros intereses son eternos y perpetuos”, barrunto, intuyo o sospecho si el mayor y mejor de nuestros intereses no será el amor. Así las cosas, ahora que servidora vuelve a estar soltera y él sigue estando soltero, ¿no podemos aprovechar ambos la ocasión y ser pareja eterna, perpetua, como Filemón y Baucis?
María Genoveva, “Mage”.
Ángel Sáez García