El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No te reprocho nada, amada musa

NO TE REPROCHO NADA, AMADA MUSA

Dilecta (y predilecta musa) Iris:

¡Qué bendición poder volver a leerte (aunque lo que me narras tanto daño te hizo, seguro, como me ha hecho a mí, al acabar de leerlo, involuntariamente, claro, me consta) de nuevo!

¿Que cómo me encuentro? Diré lo que siento de veras, que contento, ledo, por comprobar que algo te importo, al haberte decidido a redactarme unas pocas líneas. Pero no soy ecuánime. No te reprocho nada (he hecho el esfuerzo de calzarme tus zapatos para entenderte y no sé qué hubiera coronado servidor en tu caso; ¡a saber!, igual hubiera salido por peores peteneras).

Lamento sobremanera, de verdad, que el nasciturus no llegara a buen puerto (lo propio hubiera hecho si servidor hubiera sido el futuro padre de esa criatura).

Celebro que hayáis gozado del estío y que madre e hijas hayáis nadado en el piélago como otrora lo hicieron las imaginadas sirenas.

Ojalá sea un acierto vuestra decisión de regresar a vuestro anterior punto de partida. No te desanimes si compruebas cuanto ya habrás constatado, que los comienzos son complejos, difíciles.

Te agradezco el consejo literario. Lee cuanto libro caiga en tus manos y puedas. Como dijo Plinio el Viejo (y nos recuerda su sobrino, Plinio el Joven, “no hay libro tan malo que no aproveche en alguna de sus partes (traducido del latín, claro)”. A mí se me quedaron grabadas en el alma estas líneas de Gustave Flaubert: “Hay que poner el corazón en el arte, la inteligencia en el comercio del mundo, el cuerpo allá donde se encuentre bien, la bolsa en el bolsillo y la esperanza en ninguna parte”. No sabes cuánto te agradezco que hayas sido mi musa durante estos terribles meses de diuturna pandemia. Si no hubiera estado enamorado hasta los tuétanos de ti, no sé qué hubiera sido de mí.

Dios quiera que tu actual pareja sentimental no te reproche nunca nada, pero, si algún día lo hace, dile que es injusto, porque eres la mejor mujer del mundo; dile que puede que haya otras féminas iguales, y que, aunque otras te aventajen en ciertos ámbitos o terrenos, ninguna te supera en dignidad, en humanidad.

Has hecho bien en vacunarte (por ti, por los tuyos y por los demás) contra la covid-19, en ser solidaria. Me dispongo a escribir (en realidad, lo urdí ayer a mano; así que me refiero a pasarlo a uno de los ordenadores de la biblioteca pública de Tudela; por cierto, desde uno de los tales te redacto estos renglones torcidos) un texto en prosa en el que narro otra vacunación. Lo he subtitulado “¿Que la virginidad produce cáncer?” Me divertí un montón mientras lo trenzaba; jugué como hacía mucho tiempo que este filólogo, que también acarreo, no jugaba tanto con las palabras.

Sé dichosa (te lo mereces) y haz felices a cuantos más puedas. No te olvidará jamás quien te abraza y besa, tu amanuense

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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