El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No hagas a nadie nada que aborrezcas…

NO HAGAS A NADIE NADA QUE ABORREZCAS

QUE VOLUNTARIAMENTE A TI TE HICIERAN

“La autoridad sin sabiduría es como un pesado cincel sin filo; solo sirve para abollar, no para esculpir”.

Anne Dudley Bradstreet

Mi primera jornada en Navarrete, rosario paulatino de llegadas, fue un cúmulo de acciones y emociones, de encuentros y reencuentros con colegas que hice en el mismo entorno en las semanas dos que duró el “cursillo” del estío.

Mientras yo departía con mis émulos en el campo de abajo, en el de hierba, que (in)crédulo exhibía grandes calvas, confieso que sentí miedo al oír (pensé que eran tareas religiosas y yo no era en las tales un perito, sino un lego o profano en las mentadas) que ya se había expuesto en el vestíbulo la lista detallada de qué oficio le habían asignado a cada quien nuestros educadores, los camilos.

Lector desocupado, amén de atento, ya seas o te sientas ella o él, no miento cuando afirmo que perdido me hallé aquella jornada y encontrado, habiendo transcurrido unos segundos, una decena apenas o docena, entre una circunstancia y su contraria.

Estando en los lavabos, por la noche, como correctamente no lo hacía el abajo firmante, tuve suerte, y a cepillarme me enseñó los dientes quien, como yo, vestía su pijama; y, aunque no pongo nombre a aquella cara, tenía un familiar que era dentista y le había avisado cómo hacerlo para que resultara favorable y no todo lo opuesto aquella práctica, que un aseo cabal bucal/dental buscaba.

Fue mi primera noche en Navarrete imborrable, esto es, digna de recuerdo; pero no por lo bueno, sino malo; pues me estrené meándome en el sobre, porque el hecho ocurrió entre blancas sábanas. Me enmiendo, en los gayumbos y el pijama, porque pronto noté que me mojaba. ¡Qué bochorno sentí al día siguiente!, mientras a mi tutor yo le narraba el nocturno percance padecido. Se enteró este pipiolo horas más tarde de que fue objeto de una novatada, y de que el veterano que dormía a metro y medio, en la litera aneja, fue el que ideó y ejecutó la trama, esgrimiendo un sencillo vaso de agua, en el que, supe luego, él introdujo uno o tal vez dos dedos de mi diestra.

Allí coleccioné un vario muestrario de lecciones que a mí me escarmentaron, ya fueran en cabeza ajena o propia.

Mientras permanecí en aquel edén, nunca hice cuanto odié que a mí me hicieran. Me comporté de forma coherente. Jamás participé en ningún complot para que de él saliera alguien dañado, u otro el hazmerreír del grupo fuera, porque detesté otrora tanto serlo.

Porque no hacía más que molestar, me peleé con Carceller un día. Además de perder en la reyerta, di un mal ejemplo y me perdí el respeto.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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