El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

En España se impone esta pregunta: ¿Rodríguez es del iceberg la punta?

EN ESPAÑA SE IMPONE ESTA PREGUNTA:

¿RODRÍGUEZ ES DEL ICEBERG LA PUNTA?

Ignoro si en alguna de las muchas casas museo que hay repartidas a lo ancho y a lo largo de la piel de toro puesta a secar al sol que más calienta se exhibe alguna cuna en la que durmió, tras ser convenientemente acunado y cantarle unas cuantas nanas algún genio patrio, ora fuera o se sintiera ella, él o no binario. Ahora bien, estoy seguro de que, si en una (o en varias) se pudiera, amén de contemplar hasta extasiarse, palpar, tocar, donde concilió el sueño, siendo un bebé, el anónimo autor de “La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades” (1554), yo hubiera acudido sin falta a tributarle el merecido homenaje; como barrunto, intuyo o sospecho otro tanto hubiera hecho varias veces también Jéssica Rodríguez, la ex (denote lo que sea, pareja sentimental, lío o rollo, ese par de letras) del exministro de Fomento José Luis Ábalos, que la alababa y la avalaba tanto que a nadie le extraña que fuera pluriagraciada con dos puestos de trabajo (en dos empresas públicas), por los que cobraba sendos sueldos sin tener que ir a trabajar (acaso hiciera otras labores más altas o más bajas, según la posición que adoptara la susodicha a la hora de coronarlas o llevarlas a cabo, claro), para agradecerle (pues de bien nacido es ser agradecido) haber sido objeto de prebendas o un sujeto beneficiado por bastantes sinecuras.

He de reconocer, sin ambages ni requilorios, que, si leer “El Lazarillo” (¿cuántas veces habré pasado mis ojos por la citada novela, que inauguró el ciclo picaresco, propiamente dicho, aun reconociendo antecedentes literarios en otras obras precedentes, verbigracia, el “Corbacho” o “Reprobación del amor mundano” o “Arcipreste de Talavera”, de Alfonso Martínez de Toledo, 1438, o “La Celestina”, de Fernando de Rojas, 1499, siempre con sumo gusto, comprobando que en las oportunidades anteriores pasé por alto algo que ahora destaco y encomio?) me ha dado calor, un iceberg siempre me ha dado y dejado frío, como un carámbano o témpano, sí. Bueno, pues, si es verdad eso que se cuenta de él, de que una décima parte del mismo está sobre el agua, según el principio de flotabilidad de Arquímedes de Siracusa (el primer genio en proferir, a voz en grito, la palabra ¡eureka!, “lo descubrí”, en griego clásico), por haber hallado que hay nueve partes del mismo bajo el agua, me deja aún más frío y más indignado y/o enfadado.

Está claro, cristalino, que, en España, a poco que rasques o raspes la realidad, te salen por doquier golfas, golfos y, por ende, sus correspondientes golferías. Así que hoy, tras leer los periódicos y comprobar cuanto se cuenta en ellos, tras comparecer ayer, ante el magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Puente, la testigo Jéssica Rodríguez, me nace preguntar lo obvio al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al resto de los presidentes de las 17 Comunidades Autónomas, más los de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla: ¿Rodríguez es del iceberg la punta?

Confío, deseo y espero que, antes de contestarme (si tienen a bien hacerlo, claro, que entiendo que no les apetezca nada) una mentira o patraña, encarguen hacer las pertinentes averiguaciones o pesquisas, que han de cumplir con la condición sine qua non de ser concienzudas, a alguien de su absoluta confianza, pero que no se parezca, por su proceder, que deja mucho que desear, por favor, se lo ruego encarecidamente a todos ellos, la veintena, en nada, a Koldo García o a su hermano, o a un primo carnal de ellos, alguien que tenga la verdad como o por norte y auténticas ganas de hacer algo decente, honesto, íntegro, probo, porque la picaresca y lo picaresco siguen estando a la orden del día en España, en la cuna donde durmió su primera noche, tras ser alumbrado, el famoso autor anónimo de “El Lazarillo”.

Nota bene

En la literaria pieza rotulada “Pequeña historia de los turrones y los barquillos”, que porta la firma de su hacedor, Néstor Luján, se lee cuanto viene pintiparado al caso: “De tal modo la palabra turrón en el siglo XIX quiso significar ‘destino público o beneficio que se obtiene del Estado’ —lo que entrado el siglo XX llamamos ‘enchufe’—. Juan Valera, en su correspondencia con Marcelino Menéndez Pelayo, usa abundantemente de esta palabra refiriéndose a las sinecuras que pretende alcanzar”. En el mismo texto, Luján sostiene que “la palabra ‘barquillo’ no aparece literalmente hasta La pícara Justina, en 1605”. En el capítulo XLVII de la Segunda parte de El Quijote, Cervantes los llama “cañutillos de suplicaciones”, cuanto el galeno Pedro Recio de Agüero, natural de un lugar manchego llamado Tirteafuera, un burlón redomado, le recomienda a Sancho Panza, cuando este funge de Gobernador de la ínsula Barataria, “para conservar su salud y corroborarla”, que coma “un ciento de cañutillos de suplicaciones y unas tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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