UNA DEDICATORIA ESCRIBÍ ANTAÑO
¿Y EL ETERNO RETORNO HA SIDO EL ECO?
Si lo raro es aquello que no cuadra y con lo lógico y normal no encaja, a nadie extrañará que alguien repute que esa sea rareza inverosímil. Recientemente, más de una he vivido y dejado anotada en mi libreta. La que a narrar ahora me dispongo la última es de un larguísimo listado.
Como pronto nos juntaremos “los Luises” y servidor para compartir mesa y mantel y darle a la mui o sinhueso, sobre todo, para rememorar anécdotas divertidas (nos conocemos desde hace la friolera de cuarenta y tres años), me consta que les tengo que regalar sendos libros por sus ya pretéritos cumpleaños. Durante varias noches, una vez acostado en el sobre, antes de conciliar el sueño, he intentado idear y escribir mentalmente, en el encerado impoluto de mi cacumen, una dedicatoria que sirva para los dos volúmenes, y que, siendo única en su especie, chifle y flipe a ambos, amigos del alma.
El viernes pasado conseguí cuanto pretendía, mi reto, agavillar los seis versos octosílabos que la componen:
“Bienvenida la mentira / a los ojos y al caletre / (los primos, es evidente, / yemas son del invidente); / y el hisopo en el acetre / mete y agua asperja, tira”.
Bueno, pues, he aquí, a pecho descubierto, sin protector chaleco antibalas, lo increíble.
Me gusta leer los “Diarios” de Rafael Chirbes, por una razón inconcusa, porque me inspiran. Actualmente, paso mis atentas y desocupadas pupilas por el volumen que se subtitula “A ratos perdidos 5 y 6”, en Anagrama.
Hoy, martes 7 de julio de 2026, festividad de san Fermín, leo en el apunte del 2 de mayo de 2010, lo que Rafael apuntó:
“Una frase, al parecer, de Picasso: ‘El arte es la mentira que ayuda a ver la verdad’. Tiene que ver con lo que Nietzsche decía”.
He cerrado el libro, manteniendo el marcapáginas en su sitio, la página 697, porque pretendía cerrar también los ojos y rememorar el aserto del filósofo alemán sobre el que trencé una urdidura: “Contamos con el arte para que la verdad no nos destruya”.
La supuesta cita del renombrado pintor cubista español, autor del mural titulado “Guernica”, me ha obligado a acudir a mi desordenada biblioteca a buscar un libro, “La verdad de las mentiras” (1990), de Mario Vargas Llosa, una colección de ensayos sobre 23 novelas, un volumen de relatos y otro de memorias, textos de diversos hacedores del siglo XX, que, doce años después, en la edición de 2002, se vio incrementada con otros diez opúsculos más. Bueno, pues, ¿puede creer el atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de estos renglones torcidos que, en la página 62 del mentado libro del peruano, nacionalizado español, había otro marcapáginas que, en su envés, contenía, pásmese, escrita de mi puño y letra, la dedicatoria que servidor había trenzado, asimismo, azul sobre blanco, el viernes pasado, en su libreta?
Nota bene
He aquí otra noticia que parecerá increíble al ignorante (que todos lo somos; lo que sucede, como dejó dicho Albert Einstein, es que no todos desconocemos las mismas cosas): hay más conexiones nerviosas o sinapsis en el cerebro humano que estrellas en la Vía Láctea.
Ángel Sáez García