LE OÍ ADUCIR A SU CHIFLADA CHURRI
QUE MATARÍA A QUIEN SE INMISCUYERA
Hoy he recibido, leído (y reído a mandíbula batiente, mientras pasaba mis pupilas, que despedían chiribitas, chispas instantáneas o movibles, por sus líneas hilarantes) en la dirección de correo electrónico que más uso (por el número de comunicaciones a las que doy amparo o cobijo en ella —reconozco que la inmensa mayoría de ellos, por mera higiene mental, no los leo y envío directamente, sin sentir pesar alguno, al cubo de la basura; confío, deseo y espero que un tercio de mis comunicantes asiduos lean estos renglones torcidos y dejen de remitirme sus bagatelas, fruslerías o naderías; a ver si así ese tercio, al menos, del grueso se dan por aludidos y enterados, y asumen que es una pérdida de espacio y tiempo el hecho de remitírmelas— y que mando) un “emilio” de una joven (eso afirma ella en él, que tiene 17 años, está sin estrenar, o sea, con el himen intacto, que es virgen, vaya, un aliciente o tesoro para ella) admiradora.
Me dice en su email que, como yo no tengo pareja (y hace la friolera de cinco lustros, nada menos, que no conozco mujer) y ella tampoco, podemos probar a ser amantes. De esa guisa o relación posible, si deviene plausible, podemos beneficiarnos ambos. Los dos podríamos disfrutar a tope del sexo habitual o gozar del tal de manera esporádica.
Como me ha hecho gracia su osada propuesta (Audentis Fortuna iuvat, la fortuna ayuda a los audaces, se lee en el verso 284 del libro décimo de la “Eneida”, de Virgilio), pues ha propiciado que me riera a carcajada tendida, le he contestado que los ensayos conviene hacerlos con gaseosa, que pruebe a coronar lo aún no realizado o de modo incompleto, deficiente, y acaso también deprimente, como habrá escuchado referir, en más de una ocasión, de aquello que han llevado a cabo sus amigas o compañeras de curso con jóvenes varones de la misma o parecida edad, porque yo puedo ser una mala, peor, pésima, influencia para ella (aunque tampoco conviene descartar de antemano la posibilidad de que lo propio también pudiera suceder a la inversa).
Pensé que había sido convincente o persuasivo con el argumento esgrimido y, por ende, que la joven (oculto su nombre de pila, que no sé si es el auténtico, por razones obvias) cesaría en su proceder, pero no, estaba totalmente equivocado, porque le ha faltado tiempo para elaborar la siguiente réplica, que, por supuesto, también me ha mandado:
“A mí, Otramotro, los varones de mi edad no me interesan. Bueno, miento, uno sí que lo hizo, pero ya está emparejado, y le oí aducir a su chiflada churri, a quien le gusta vestir falda corta, que mataría a quien se inmiscuyera. A mí el único tío o tipo que de verdad me peta o agrada, eres tú. Desde que nuestra profesora de lengua y literatura nos aconsejó a toda la clase que te leyéramos (creo que fue alumna estival tuya, que le diste clases particulares de latín durante un verano), vengo realizando ese gesto todos los días. Me gustaría escribir tan bien, con tanto estilo y gracia, como tú lo haces, con esa polifonía de voces. A mí me atrapaste, literariamente hablando, el día que nuestra profe nos puso un ejercicio de tus inconfundibles prosas, en el que cabía desestructurar los dos primeros párrafos de un texto tuyo en un listado de versos endecasílabos encadenados. Desde entonces me gustas. Y haría lo que fuera por aprender a tu lado, viendo cómo confeccionas en tu telar las piezas o prendas, cual testigo privilegiado, presencial”.
Nota bene
Como el hombre es un animal de costumbres, este menda ha adquirido la rutina de suministrar al atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, él o no binario) de sus urdiduras o “urdiblandas” información pertinente, distintiva y relevante, como la que sigue. El primer borrador de este texto tenía otros rótulo y subtítulo de los selectos, los que obran (aparecen aquí por ser complementarios): “LO MISMO HARÍA YO CON LA METETE QUE ENTRE NOSOTROS DOS SE ENTROMETIERA” (que vale tanto para la perspectiva de la joven como para mi prisma sobre el asunto).
Ángel Sáez García