Palpito Digital

José Muñoz Clares

¿A quién pretende engañar?

Una profesora de la UMU experta en estudios árabes ha sido entrevistada y han destacado una de sus peregrinas afirmaciones: la mujer está más protegida en el Corán que en la Biblia cristiana y judaica. Y esto nos lo ha venido a decir justo después de que hayamos asistido, entre divertidos y espantados, a lo que el Islam considera que es una forma decente de practicar deporte, incluidos aquellos que exigen soltura de movimientos incompatible con el hábito frailuno que la decencia islámica impone a las mujeres. Si descontamos el ajedrez, no hay deporte que no se resienta del hábito monjil, y el colmo del esperpento se alcanza en el voley playa, deporte en que las jugadoras suelen dar rienda suelta a la carne, mayormente pechumbres y culos, a lo que nos hemos acostumbrado de tal forma que no creo que haya a estas alturas perverso que se trague un partido para ver algo que tiene a su alcance – y más – en cualquier playa. Nada diré del waterpolo femenino y de la imposibilidad de ser rápida nadando con un hábito de monja al completo, a falta sólo de una cruz con cadena que acabe por ahogarlas en el fondo de la piscina. Tampoco de los saltos de vallas, del inocente ping-pong o de las carreras en general, sean de velocidad o de fondo. Si eso es tratar bien a las mujeres que bajen los dioses y juzguen, porque no es que a ellas les vaya la marcha sino que son unos hombres hirsutos y malencarados los que imponen tales costumbres bajo amenaza de latigazos en los casos más benignos. Y es cosa que se impone, como fue rigor hasta bien entrado el Siglo XX en nuestro propio entorno, sólo a las mujeres, porque los hombres sí pueden lucir piel más allá de las manos y la cara en justa correspondencia con el hecho de que un hombre, según el Corán – reto a que me desmienta la citada profesora – vale el doble exacto que una mujer, tanto sea a efectos de herencia como a efectos de ejercicio de derechos civiles, matrimoniales, filiales y deportivos.

Estas expertas en el Islam ven lo que ninguno de nosotros vemos, igual que los podemitas ven en Venezuela un paraíso de calidad democrática. O sea, que ven lo que quieren ver, muy a despecho de lo que el resto del mundo vemos: que no queremos para nuestras hijas y nietas el grado de protección que dispensa a su santa un buen kuwaití, no digamos un saudí o un afgano, que tiene derecho incluso a privar de pasaporte a la señora y dejarla sin juegos olímpicos, sin viajes y hasta sin salidas a la compra. Cierto es que no es lo que se ve en Marruecos o en Túnez – al menos, no en todas partes -, tan cierto como que la Biblia judía y la cristiana contienen retazos sobre las mujeres que los curas han acertado a sortear y han enterrado para siempre. Pero los islámicos, unos recién llegados al monoteísmo, no han pasado todavía suficiente pulgón como para bajarse de los restos del Siglo VII que aún defienden como dechado de modernidad. Que lo defiendan los santones y grandes prelados musulmanes lo vemos bien, mientras no pretendan que sea obligatorio;: pero que nos venga una occidental al uso a ensalzar la libertad en que viven las islámicas exige invocar las horribles imágenes que nos ha regalado el Estado Islámico: esas mujeres a las que los talibanes han cortado orejas y narices por llevar pendientes, o la bloguera asesinada por su hermano por no ser suficientemente devota.

Francamente, señora. ¿a quién pretende engañar?

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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