Palpito Digital

José Muñoz Clares

¿Anticorrupción? Menudo enjuague, Isabel

Hay en Murcia dos fiscales apodados «los miniyó». Se ahormaron bajo el mando de un fiscal jefe, el Doctor Maligno, afortunadamente apartado de la causa por jubilación. Y no hablo de «la causa» en referencia a investigación criminal alguna pues lo suyo era agitar la prensa local en favor de la opción progresista: esa era su causa y la defendía indisimuladamente a la vez que mantenía una más que estrecha amistad de comilonas en un conocido restaurante de las afueras de Murcia con un expresidente de esta autonomía y del PP de su pueblo. Que aquella amistad gastronómica le obstaculizara profundizar en el mayor episodio de corrupción de la Murcia de los 90 y siguientes es cosa sabida, y dejó escapar los peces gordos, sobre todo el gran pez, centrándose en aspectos menores de la cuestión dejados al dudoso celo profesional del fiscal miniyó, que no deja de perder juicios iniciados a impulso del Doctor Maligno con la UCO por delante. Esa era su especialidad: hacer ruido, atraer titulares.

La forma en que el Doctor Maligno utilizaba a La Verdad de Murcia, del grupo Vocento, consistía en la filtración sistemática y oportuna de resoluciones judiciales a un periodista de sucesos y necrológicas que acabó siendo apodado «rufiardo» en los mentideros de la justicia penal. Los pueblos son así. Murcia no deja de ser un pueblo grande donde los apodos acaban siendo más útiles y descriptivos que las menciones del DNI. A un amigo, de nombre Francisco, le dicen Foro porque su bisabuelo se llamaba Telesforo, así que se pueden hacer una idea de lo intrincada que puede ser la sociología de una ciudad-pueblo española.

El miniyó del que hablo, Juan Pablo Lozano, heredó del Dr. Maligno su vinculación con y el teléfono del tal rufiardo, así como la mala costumbre de filtrarle, con gran sentido de la oportunidad política, documentos que según la ley se deben notificar a las defensas antes de ser publicados en la prensa. Las vísperas de elecciones son días críticos para esta actividad paralegal, impulsando y filtrando sesgadamente las causas relacionadas con el PP y omitiendo cuidadosamente las relacionadas con el psoe, que hubo. Y muchas.

Ha habido recientemente dos episodios memorables al hilo de lo que cuento.

En una de las causas más importantes instruida en Murcia por delito fiscal, muy llamativa por ciertos detalles singulares, desde primeros de 2015 hasta el pasado mes de enero -siete años- no se ha notificado resolución alguna a las defensas. La causa estaba paralizada y parecía muerta, lo que resulta usual en la justicia española. Esos siete años de muerte aparente del procedimiento los aprovechó miniyó -fiscal anticorrupción- para intrigar con la abogacía del estado y con la agencia tributaria para completar la deficiente instrucción de la juez de Instrucción nº 3 de Molina de Segura, todo a espaldas de las defensas. Hace un par de semanas se publicó en La Verdad el escrito de acusación del fiscal ¡que no había sido aún incorporado a las actuaciones! Que se lo filtró miniyó a rufiardo resulta indudable, pues nadie sino él y la juez sabían de su existencia. Dado el modus operandi todo apunta a que fue el fiscal el que lo filtró.

La catastrófica instrucción terminará saltando a la prensa, que difundirá detalles sumamente inconvenientes para esos juzgados y tribunales cuyas resoluciones debemos respetar aunque no resulten respetables, ni ellas ni sus autores. Por ejemplo: la juez dejó de tramitar los recursos de apelación formalizados por las partes, sin más explicación que su voluntad de no dar oportunidad alguna a la defensa. La juez estará ahora buscando cómo eludir su responsabilidad por haber permitido que durante siete años no se tuviera a las defensas como parte en la causa, lo que asegura que a ese respecto, como en lo de las apelaciones, se desentendió por completo de sus obligaciones profesionales. Tampoco miniyó, obligado por estatuto a velar por el procedimiento y por los derechos de los investigados, hizo otra cosa que intrigar extraprocesalmente contra los mismos con descuido radical de los derechos fundamentales implicados.

No contentos con la hazaña, hace unos días (14/02/2022) volvió a publicar La Verdad otro escrito del fiscal no incorporado a la causa Barraca, filtrado en las mismas condiciones. Si es o no es esto un uso absolutamente prohibido de información privilegiada, que lo decidan los tribunales, a quienes también va dirigida esta información. Pero nada harán.

La juez debería ser investigada, al menos disciplinariamente, por el CGPJ, que nada hará. También el fiscal Lozano debería ser investigado: las llamadas miniyó-rufiardo y viceversa deben aparecer profusamente en la relación de llamadas de los implicados pero, claro, ¿cómo van a investigar hasta ese nivel a «dos de los suyos»? Quizás la solución pasaría por investigar el móvil de rufiardo pero no espero ni tanta iniciativa ni tanto celo al respecto. La irresponsabilidad profesional del sistema de justicia español, incluida anticorrupción, no permite actuaciones tan inconvenientes, y menos en época de gobierno del sátrapa sánchez. ¿Se imaginan a la novia de Garzón iniciando una investigación que pueda perjudicar a una juez y un fiscal? Claro que no. Sería excesivamente decente para los tiempos que corren y para lo que se estila en una fiscalía general sumisa a los intereses de quien la nombró contra viento, marea, mérito, capacidad y falta de compromisos que puedan interferir en la tarea de acusar y defender el interés público.

Pues resulta que la suerte de Isabel Díaz Ayuso ha quedado en manos de un aparato de justicia que asume como normal lo completamente extraordinario y producido al margen de lo que exige la ley. Al Código penal me refiero.

En la podrida mente de Casado y de Teodoro ha brotado la idea de que si la novia de Garzón mete mano en las denuncias contra Ayuso y consigue la imputación, por más que aboque a un archivo que se puede retrasar un par de años o siete, estos psicópatas obsesos por el poder habrán conseguido impedir a Ayuso que opte a la presidencia del PP y a las elecciones. Es decir, que todo el mal que ya han hecho no les parece bastante y quieren morir como el capitán Achab, arponeando a la ballena amarrados al lomo, aceptando su muerte con tal de matar al enemigo. Su enemigo es Ayuso y ellos nunca le perdonarán haberles hecho frente como hizo con Iglesias, al que consiguió echar de la política, y al gran perro, que teme a Ayuso más que al PP, máxime tal como está ahora el PP. Y le envidia hasta la desesperación los aplausos espontáneos con que la reciben en la misma medida en que deplora los abucheos que lo reciben allá donde va. Ayuso es joven y puede esperar, pero este tren se le puede pasar por poco que despliegue el sátrapa su satrapía. Al final lo archivarán todo pero el objetivo habrá sido plenamente alcanzado. De esas cosas también habla el Código penal, y no las alienta: las condena.

Pero nadie hará nada y todo seguirá igual. Por eso hay quien piensa que hay hoy más indignados en Vox que en los despojos de unidas podemos. Perrosánchez se ve ganador por mérito de Casado y Teodoro. Quizás nos merecemos que gobierne Vox pues todos lo favorecen, PP y psoe, por más que digan que no es esa su intención.


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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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