Palpito Digital

José Muñoz Clares

La Izquierda Reaccionaria en descomposición

Es tal la escandalera que está formando la IR en su caída, tal el griterío y las incoherencias insolubles entre su catecismo laico y sus hechos, que si juntamos todas las astracanadas de última hora y algunas más lejanas -el referéndum del casoplón pasará a la historia de los dislates-, el único paralelismo asociable es el de la descomposición de un cadáver. Porque, en efecto, la IR está muerta pero se resiste a creerlo y así andan, como zombis ni vivos ni muertos que incordian por igual a los vivos y a los muertos. La necrofilia obsesiva con el cadáver de Franco da buena cuenta de esa morbosa inclinación incontrolable que, probablemente, la adquirieron de niños martirizando gatos, uno de los más claros signos anticipadores de la psicopatía.

El periodo cromático de la muerte de la IR se dio al principio, cuando esta gentuza redujo sus luchas a una cuestión de colores: el rojo del psoe, que debió ser fucsia o directamente rosa por aquello del Falcon de Kent, al que pretendía derrotar la rata morada paseando trapos de la banda del arco iris y cualquier tipo de banderas menos la española, que no los representa desde que la segunda república se empeñó en perder la guerra con la ayuda de la URSS a la vez que el golpista Franco se empeñaba en ganarla con la ayuda de Hitler y Mussolini. ¡Qué ambiente! Recordarán el contorsionismo al que aludía el rata de la chepa para contenerse ante la exhibición de la rojigualga que hacían los fachas para ofenderlo a él. Y así han configurado un panorama artificial de azules y rojos de nuevo enfrentados en términos fratricidas para ver si esta vez ganan ellos y ponen la historia en su sitio, pues la historia tiene voluntad de que siempre ganen los rojos, según su escolástico materialismo histórico. Y a punto estuvieron de conseguirlo dejándonos a todos sometidos a una horda similar a la de los guardias rojos del gran maestro del asesinato en masa, el depreciable Mao, entronizando a perrosánchez del que, por sus palabras -ni con golpistas, separatistas ni Bildu- no cabía esperar que se embarcara alegremente en el desmontaje de una nación y de sus instituciones, además del saqueo de sus arcas, estas últimas a base de generosos repartos al modo feudal, comprando votos y regalando oposiciones.

Vino luego la fase enfisematosa, esa en que los cuerpos muertos se hinchan desmesuradamente por los gases de la descomposición, pero en este caso se hincharon aquellos cadáveres que no sabían que ya lo eran como los perros que cita Cervantes, a los que los aldeanos, a través de una caña, los hinchaban por el culo. Y así, como perros hinchados, estos infatuados que venían a hacer historia acabaron haciendo historietas como la caída en desgracia de aquella Bescansa que ejerció la mendicidad con niño en plenas Cortes, el estrepitoso batacazo de Monedero, la salida entre me voy pero me quedo del por entonces marqués del Galapagar, las condenas de las «miembras» de la pandilla femipija, la traición sistemática a los que decían, al modo marxiano (Groucho), que eran sus principios, y todo lo que llevamos padecido desde que el perro guapito puso el culo en la Moncloa.

Sigue la licuefacción de las partes sólidas: toda esperanza de gobierno y revolución cultural se les diluye entre los dedos, no porque los votantes se equivoquen sino por la sucesión de disparates que han protagonizado, como las aberraciones lingüísticas de Montero la menor y, a última hora, de Yoli la cacatúa, la de las tareas «urgentas» y las «autoridadas», que son como esas malas hierbas que crecen en la putrefacción de la hojarasca en que se ha convertido aquel «podemos» que fue a Bruselas para que bautizaran al rata como «el nieto de Ceaucescu». Hoy aquel que iba de macho alfa ha devenido gallo de corral y ya no arrastra a nadie a aventura política alguna. Refugiado en las televisiones vasca y catalana independentistas, único lugar ya en que lo dejan cacarear sus paranoias entre líos de faldas y la mirada agria de la Montero que, no invitando a Lilith al viajecito a Nueva York, señaló de forma expresa quién la tiene corroída de celos, a ella, tan moderna, seducida y abandonada al peor modo donjuanesco del XVIII y XIX. La rata chepuda está contribuyendo a la destrucción de la IR dejándola en los puros huesos (esqueletización) blanqueados por el Sol en el desierto. En su delirio, ha llegado a decir que si no hubiera sido por las insidias de Villarejos no sabe (él y sólo él) quién habría ganado las elecciones que, para nuestra desgracia, nos trajeron al perro y su jauría.

Ahora es la cacatúa Yoli la que al modo carroñero final -insectos conocidos como fauna cadavérica-, devora los huesos que deja esa asociación de malhechores -lo llaman coalición, je je- que se hunde sin remedio entre las mentiras de perrosánchez, que ya no tienen ni un día de vigencia, como le pasó a su discurso en el estado de la nación: humo. Y la lucha a brazo partido de la Yoli para dejar de ser oposición y echarle la pata por alto al perro. No lo conseguirá. Podemos está en caída libre y la meliflua Yoli -esa voz de madre superiora de colegio de mojas- no lo va a remediar en modo alguno: no tiene ideas, no tiene organización, sus socias van cayendo una a una como las amistades peligrosas que son y, para gran satisfacción de los enterradores del perro, fragmentará aún más el voto de la IR hasta conseguir que el Feijóo gane «a lo Juanma Moreno», con mayoría no holgada sino absoluta, y con su trayectoria de cuatro legislaturas sin mancha, puede ser el líder conservador que más le amargue la vida a un psoe que ya tiembla ante el largo, larguísimo desierto sin agua, sin maná y sin el fetiche Falcon.   

Reducida la izquierda, toda la izquierda reaccionaria, al valle de los huesos de Ezequiel pero sin tendones, ni carne ni piel, a quienes queremos ver la caída estrepitosa de esa caterva nos basta con que los conservadores no metan la pata abriendo un resquicio de esperanza para quien, como perrosánchez, no busca otra cosa que hacer que España desaparezca del mapa y se convierta en las taifas que alguna vez fuimos.

Así que a por ellos y ¡elecciones ya! 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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