Jueces herrados
Mi impulso inicial es siempre echar mano al teclado y desenfundar mis sentimientos, exponiéndolos a la atención pública, tener una idea y desarrollarla hasta completar un artículo, emplear treinta líneas en maldecir a la sociedad por prestar atención a la vida de otros, por muy ilustres que sean, para distraer las penurias de la propia.