Ayudas a la prensa… ¿para qué?

Ayudas a la prensa... ¿para qué?

(PD).- La prensa sigue dando palos de ciego. Las asociaciones ahora piden ayudas pero «condicionadas» destinadas a «proyectos viables». Lo contrario a lo que exigen los editores a través de la rancia AEDE: ayudas directas, a fondo perdido. Pero, ¿cómo saber de antemano que un proyecto es viable en un sector que está patas arribas y sin modelo de negocio? ¿Quién tiene la fórmula mágica para saber que proyecto periodístico podrá sobrevivir con la que está cayendo? En el pasado se embolsaron suculentas ayudas -la mayoría provenientes de caciques autonómicos- para acabar despidiendo a 3000 periodistas en menos de un año. ¿Habrán aprendido la lección?

Esta semana han vuelto a la carga con un comunicado conjunto de la APM, la Unió de Periodistes Valencians, el Col·legi de Periodistes de Catalunya y el Colexio de Xornalistas de Galicia. En dicho documento, estas asociaciones piden un Plan de Ayuda del gobierno para evitar la sangría de despidos y los ajustes que viven casi todos los medios. No es un plan de rescate al estilo AEDE sino «ayudas condicionadas»:

Según estas instituciones, deberá incorporar la puesta en marcha de proyectos viables económicamente (-¿cómo saber si un proyecto lo es antes de emprenderlo?-) que respalden el trabajo de los periodistas.

Sostenemos que las ayudas del Gobierno a un determinado proyecto tienen que servir para crear puestos de trabajo y no para emplear el dinero sólo para ajustar balances o, lo que es mucho peor, para financiar Expedientes de Regulación de Empleo o cualquier otra forma de despido.

Es muy loable pero olvidan lo esencial: que el problema no eran las ayudas -que sí las han recibido, sobre todo a través de los pesebres mediáticos autonómicos- sino que las que recibieron las despilfarraron en proyectos megalómanos, inútiles e inviables. Y cuando tuvieron que hacer el reajuste, lo hicieron por el lado de la prensa escrita, donde tenían dos excusas perfectas: la baja tirada por la competencia de Internet y la crisis publicitaria. En síntesis, tuvieron carta blanca para despedir a miles de periodistas sin que nadie les exigiera una rendición de cuentas.

UN S.O.S QUE LLEGA DEMASIADO TARDE

Estas asociaciones plantean la suspensión temporal, el reparto de trabajo o la conciliación de la vida laboral y familiar; medidas que, aunque voluntariosas, resultan ineficaces para salir de esta situación.

En el plano económico, demanda del Ejecutivo ayudas en forma de créditos, aplazamientos de cuotas sociales y ayudas directas a la difusión y a la formación. Se alejan así de las peticiones de los editores que piden ayudas directas siguiendo el modelo francés implantado por Sarkozy.

Quizá sea ésa la razón por la que De la Vega contestó al sector con un cariñoso pero firme corte de mangas. La vicepresidente contestó a las peticiones de la AEDE con un tibio plan que incluía 60 millones en créditos blandos y líneas específicas ICO por 300 millones de euros. Una propuesta que dejó a todos con las ganas.

Y es que el Gobierno no ha mostrado excesivo interés en nada que no aparezca en la pequeña pantalla. Mientras que los editores mendigan ayudas, el ministerio de Sebastián ha encadenado un día sí y otro también medidas para salvaguardar el ya de por sí boyante futuro de los operadores.

La supresión de la publicidad en TVE o la aprobación de la TDT de pago han sólo un ejemplo de la connivencia de Zapatero con el sector audiovisual, que se verá refrendada con la aprobación de la Ley General Audiovisual.

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