LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El Banco de España empaña el circo de ultratumba franquista de Sánchez con un dato que deja paralizado al ‘doctor cum fraude’

José María Marco: "El centro derecha español nunca se ha tomado en serio este asunto. Es posible pensar que podía haber desactivado la cuestión del enterramiento de Franco, evidentemente discutible, cuando estuvo en el poder con mayoría absoluta. No se hizo nada y ahí quedó la cosa"

El Banco de España empaña el circo de ultratumba franquista de Sánchez con un dato que deja paralizado al 'doctor cum fraude'
Pedro Sánchez y sus obsesiones, Franco y el Valle de los Caídos.

Pedro Sánchez ha conseguido lo que venía persiguiendo desde que accedió a la poltrona de La Moncloa a través de la moción de censura, que los restos de Franco sean exhumados del Valle de los Caídos y sean enterrados en el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo (Madrid). Los editoriales y tribunas de opinión de la prensa de papel de este 25 de septiembre de 2019 sacuden al presidente en funciones por su sectarismo y solo El País celebra un hecho que, dicho sea, no mejora en nada la vida cotidiana de los españoles que día a día tienen que levantarse para buscarse los garbanzos.

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El editorial de ABC señala que a Sánchez ya se le han acabado las coartadas franquistas tras la decisión del Tribunal Supremo:

Pedro Sánchez ha impuesto su criterio, pero ahora debe dejar de seguir sosteniendo a Francisco Franco, fallecido hace 45 años, como el principal problema de nuestra sociedad, como una deuda de la democracia o como un lastre para la convivencia. Hace mucho que España superó todo lo que Pedro Sánchez ha querido resucitar por interés propio.

Luis Ventoso le recuerda al presidente en funciones que la gran victoria para la democracia no ha sido la decisión del Supremo sobre la exhumación de Franco, sino que en 1978 políticos antagónicos se pusieran de acuerdo:

No, Sánchez, no. La gran victoria para la democracia se produjo en 1978. Entonces los dos bandos que se habían matado con crueldad en la Guerra Civil acordaron el perdón mutuo y el olvido de antiguas y horribles afrentas para abrir juntos un periodo de libertad y concordia. Acertadamente, Franco pasó entonces a convertirse en materia para los historiadores. Y allá se quedó, sumido en el semiolvido, hasta la llegada de Zapatero. Experto en remover avisperos (reabrió también la caja de Pandora del separatismo), se propuso por motivos familiares un imposible: vengar la derrota republicana en una Guerra Civil de más de sesenta años atrás.

Ignacio Camacho es de los pesimistas que consideran que Sánchez le va a sacar mucho más partido aún a los huesos (o a lo que quede) de Franco:

Si estás harto de la matraca de Franco, del desentierro de Franco, de los huesos de Franco, del antifranquismo retroactivo o de los tardofranquistas nostálgicos que han encontrado en la sesgada memoria histórica el pretexto para salir del armario; si te produce una infinita pereza el espectáculo de un Gobierno entregado a rituales nigrománticos; si te entristece o te aburre esta invocación espiritista de fantasmas macabros para tratar de reabrir no tumbas sino trincheras que la Historia había cerrado; si crees que una nación cuyo debate público más relevante se centra en un trasiego funerario está indefectiblemente condenada al fracaso; si te importa un c…omino dónde acabe el esqueleto de un dictador desaparecido hace más de cuarenta años; si estás esperando que alguien se ocupe de una vez de las cuestiones propias de un Estado contemporáneo, siento decirte que lo llevas claro porque este circo de ultratumba, esta ouija de demonios familiares, va para largo. Estamos en campaña electoral, por si lo habías olvidado, y a falta de proyectos o de soluciones de futuro no hay mejor recurso que un espantajo capaz de provocar alto impacto mediático. Así que más vale que esperes sentado.

El editorial de La Razón le empaña la alegría a Sánchez:

El mismo día que se disolvían las Cortes por la imposibilidad de formarse Gobierno, el Tribunal Supremo daba luz verde para que el Gobierno (en funciones) pueda exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. El mismo día, también el presidente del Gobierno (en funciones) se dirigía al mundo –a falta de dirigirse a la nación en su frustrado discurso de investidura– en la sesión inaugural de la ONU y, desde allí, mandó un mensaje: «Hoy vivimos una gran victoria de la democracia española». Sólo un dato ha venido a empañar la jornada: un informe del Banco de España anuncia un cambio radical de la economía española. Esta se frena y sus previsiones de crecimiento caen del 2,4% a 2%. Además, el organismo detecta que nuestra economía pierde fortaleza y la desaceleración es mayor de lo previsto.

José María Marco considera que la derecha tuvo en su mano haber desactivado el debate del franquismo:

El centro derecha español nunca se ha tomado en serio este asunto. Es posible pensar que podía haber desactivado la cuestión del enterramiento de Franco, evidentemente discutible, cuando estuvo en el poder con mayoría absoluta. No se hizo nada y ahí quedó la cosa, a la espera de que alguien con pocos escrúpulos, abierto el camino con la Ley de Memoria Histórica, lo utilizara para poner en un brete a todos los partidos del centro derecha. Ahora solo queda callarse y capear el temporal.

El País, tal y como era previsible, celebra la decisión del Supremo:

Con el fallo por unanimidad del Tribunal Supremo, que permite al Gobierno exhumar los restos de Francisco Franco de la basílica de Cuelgamuros para enterrarlos en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, se abre paso la posibilidad de terminar por fin con una anomalía incomprensible en una democracia: haber permitido durante más de 40 años que un dictador permaneciera en el monumento que él mismo concibió para glorificar su régimen.

Pepa Bueno aliña de vinagre su tribuna contra la derecha porque su discurso lo basa en la reconciliación:

Este anacronismo de nuestra derecha democrática pide a gritos que algún dirigente, sin complejos, les pida a los suyos marcar distancias claras, rotundas, sin matices, con quienes creen que las heridas se cierran obligando a ignorarlas. Como en el franquismo. Hablar de la necesidad de reconciliación 41 años después de aprobar la Constitución, y tras 41 años seguidos de convivencia democrática, obliga a formular a los descontentos dos preguntas. ¿Con quién quieren que nos reconciliemos ahora? ¿Con Franco?

El editorial de El Mundo subraya que PP y Ciudadanos nunca se opusieron a la exhumación de Franco, pero sí a la forma en la que Sánchez ha optado, el decretazo:

Se impuso el propósito propagandístico de un Gobierno débil que, desde la moción de censura, se ha caracterizado por tratar de disfrazar la ausencia de gestión mediante la exacerbación de la guerra cultural. Incluyendo la ficción de una pugna en diferido entre franquistas y antifranquistas, vieja trampa que la izquierda tiende a la derecha y en la que caen las voces excéntricas de Vox. En cuanto a la abstención de PP y Cs, cabe recordar que era un modo de protestar contra la fórmula de decretazo elegida por Sánchez, no contra el fin de la iniciativa.

Federico Jiménez Losantos detecta mejor trato en España para con Torra y Otegi que con un cadáver que lleva 45 años muerto:

El Tribunal Popular Supremo, tan repopular como los del Frente Popular, respalda la obscena operación publicitaria guerracivilista del PSOE. Y vulnera escandalosamente los derechos constitucionales de la familia Franco, no sólo asaltando una tumba que hasta ZP nadie recordó y que nadie frecuentaba, sino dictando dónde enterrarlo y dónde no. En los Franco se busca venganza contra una derrota de hace 80 años, mediante una injusticia que ningún ciudadano aceptaría para su familia y ningún partido para sus líderes. Otegi y Torra son tratados con más delicadeza.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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