Reseña de ‘Marienbad. Una distopía satírica’

En la vieja tradición de la sátira que tanto abundó en los siglos XVII y XVIII Marienbad es una novela que nos traslada a un futuro distópico en el que se ha impuesto definitivamente la dictadura de lo políticamente correcto. En Europa las fronteras nacionales han desaparecido para conformar la UENA, o Unión Europea de Naciones y Adláteres. El gran cambio sociopolítico, empero, se ha producido en los idiomas, que han eliminado adjetivos pero multiplicado géneros.

Marienbad. Una distopía satírica describe la estancia de Salvador Monsalud, viejo y prestigioso intelectual, en un centro de reeducación donde debe aprender el lenguaje inclusivo para así recuperar la libertad. Con algo de drama carcelario, el libro muestra una sociedad donde el sentido común ha desaparecido definitivamente para dejar espacio a una tiranía en la que se mezclan absurdo y pensamiento único.

En este mundo lo mismo se presenta el Ministerio de Expresión y Maneras de Equiparación para Zelotes (MEMEZ) que aparece un personaje como el famoso Pablo Parroquias, o se nos presenta la Nueva Educación de Conductas, Ideas y Opiniones (NECIO) poco antes de que un instructor enseñe a los internos la consigna “Si no lo puedo decir, no existe”.

La gran virtud de la novela es su sentido del humor, pues se instala en la ironía, en la sátira, sin intentar sentar doctrina ni nada parecido, pero sin dejar de, de manera distorsionada, reflejar la realidad actual. Las opiniones más contundentes las emiten los propios personajes que, con sus propias contradicciones, invitan más a la reflexión que a la condena de nada ni de nadie. Por otro lado, se agradecen sobremanera las notas a pie de página, pues quizás sean el recurso humorístico más eficaz, gracias a esa mala relación, al borde de la ruptura, entre narrador y autor.

El principal problema de Marienbad es su tendencia a la digresión… lo que provoca que, cuando menos, resulte repetitivo, cuando no discutible. En cualquier caso, estas ínfulas seudofilosóficas quedan ocultas tras una sucesión de pequeñas historias y anécdotas que quizás compensen la falta de solidez de la trama central.

El gran hallazgo del autor, Daniel Martín Ferrand, es la creación de un mundo distópico en el que nada tiene sentido, pero que a la postre recuerda mucho a las propias contradicciones de la sociedad contemporánea, en especial la búsqueda de la igualdad a partir de la multiplicación de las etiquetas. En ese sentido, al escritor le gusta afirmar que Marienbad es una mezcla de Orwell y Gulliver, salvando, evidentemente, las distancias.

El libro ofrece un sinfín de siglas disparatadas, de normas delirantes, de personajes demenciales, de dislates mayúsculos, en lo que conforma un conjunto de irregular ejecución pero que, en cualquier caso, invita a la risa y a la reflexión.

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