OPINIÓN / Afilando columnas

Hermann Tertsch: «Artur Mas anda enfadado porque se ha enterado por la prensa del nombramiento del nuevo director de La Vanguardia. Eso un ninguneo al jefe»

Arcadi Espada: "Una Iglesia nacionalista es razón automática para dejar de ser católico y nacionalista"

Si alguien está ya aburrido de Artur Mas y su anuncio de consulta independentista, puede ir preparándose. Le espera un largo año 2014 en el que de un modo u otro, esta cuestión va a estar de forma casi permanente en los medios de comunicación. Por el momento, el 17 de diciembre de 2013, este asunto sigue dominando los espacios de opinión de la prensa de papel de Madrid y Barcelona. Eso sí, en esta jornada se trata desde diversos puntos de vista. Tras hacer sonar, una vez más, nuestra armónica de afilador, pasamos a contárselo.

Arrancamos en esta ocasión con el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. Manel Fuentes publica en El Periódico El Tomtom.

Seguro que le ha pasado. El navegador del coche le sitúa en la nada. Resulta que usted se mueve, pero oficialmente no anda por ningún camino reconocible. Oficialmente usted está en una paradoja. Pues ahora resulta que nuestros políticos le han cogido gustillo al Tomtom y a falta de camino han decidido avanzar desde la irrealidad.

Añade:

En España la situación económica es casi imposible, pero en Catalunya lo es del todo al tener los mercados exteriores cerrados y un déficit y una deuda descomunales, fruto de varios motivos. Donde quizá los más llamativos sean una cierta mala gestión catalana y un cierto abuso del modelo central. Ciertos los dos. Bien. Pues así hemos llegado al anuncio de una consulta con esas dos preguntas que lo que esconden es un cierto ‘sí pero no’.


Manel Fuentes.

Concluye:

Pero ahora ya existe una masa de gente ilusionada y Rajoy tampoco puede amparase en una táctica tapón que no le funcionó ni con el Prestige, porque la ciudadanía aguarda una respuesta a sus esperanzas. Todo va tarde y mal. Y todo pasa en un no-camino. En esa irrealidad donde incluso la doble pregunta del no-referendo no se entiende. ¿Por qué, digo yo, si alguien quiere que Catalunya sea un Estado es posible que no sea independiente? Francamente, si lo que se quiere es un pacto fiscal, que pregunten si se quiere ser como el País Vasco, que no es un Estado pero se financia como si lo fuera, y si lo que se quiere es ser independientes, no hay camino legal en España. Aunque oficialmente se circule por un no-camino en el Tomtom, existe el riesgo de quedarse en la cuneta.

Pasamos al periódico del conde de Godó y Grande de España que empieza a recular en su conversión al independentismo. Pilar Rahola, una de los paladines independentistas de Mas en La Vanguardia, titula Ruido y palabras.

Lo más difícil en una situación de conflicto es separar la palabra del ruido porque, como es propio de su naturaleza, lo ruidoso tiende a solapar los tibios relatos que intentan poner un poco de calma. Y es por ello que nos llega antes el tam-tam amenazante de Aznar, o el desprecio al catalán de Trujillo, o la enésima comparación de los catalanes con los nazis, que los puentes que algunos intentan tender.

Añade:

Aunque de este ya no sorprenden sus dardos envenenados. Y mientras el ruido se apodera de la atmósfera, el Gobierno va haciendo lo suyo, ahora impidiendo el catalán como requisito para ser juez, o desmontando la inmersión en les Illes, o intentándolo en Catalunya, o reuniendo a Camacho y Montoro para sopesar paralizar las cuentas catalanas, o etcétera. Ruido, ruido, ruido, un ruido que mata palabras, destruye puentes y dinamita diálogos. Con esta España, poco margen queda para hablar, y mucho queda para irse.

Ya saben ustedes que muchos españoles son faltones y los catalanes (nacionalistas) dialogantes. Ningún independentista catalán insulta y, muchos menos, compara a otras con el nazismo o el fascismo. Para nada. ¿O tal sí, pero es algo que prefiere no ver Rahola?

Encuentra Rahola a esos españoles buenos que ella sabe que existen, que no son otros que toman partido por la equidistancia o simpatizan con el nacionalismo:

Sin embargo, existen las palabras, y aunque son pocas, tienen fuerza. Ahí está Iñaki Gabilondo con sus blogs donde alerta de la fatiga catalana; o el actor Juan Diego, en su maravillosa carta llena de sentido común y mano tendida, o, ayer mismo, Miguel Herrero de Miñón, que asegura que la consulta entra en la Constitución.

Concluye:

La consulta ha desatado el ruido, a la par que la histeria del nacionalismo más arcaico y más prepotente. Pero también empieza a levantar relatos de comprensión que estaban solapados bajo las piedras. Aznar y compañía no lo saben, pero es un hecho: la consulta catalana le hará un gran favor a España, porque la obligará a reflexionar críticamente sobre sí misma.

No, si encima les tendremos que dar las gracias.


Miguel Ángel Aguilar.

Tomamos el puente aéreo para seguir leyendo sobre el nacionalismo catalán, pero en Madrid. En El País encontramos un artículo de una de esas «voces dialogantes» que tanto gustan a Rahola frente a la «España intolerante». Miguel Ángel Aguilar firma ¡Ciudadanos, tenemos un problema!

Reconozcamos que la normalidad democrática había producido entre nosotros fatiga del interés y crecida del desencanto, que se oscurecieron los éxitos políticos vividos a la salida de la dictadura y que se difuminó la memoria de los empeños de la Transición. Ahora, por lo que respecta a Cataluña, estamos obligados a gritar «¡ciudadanos, tenemos un problema!». Porque podrán discutirse los orígenes remotos o próximos; atribuirse las causas al Gobierno de la Generalitat, a las fuerzas políticas o a los movimientos sociales; considerarse la legitimidad o la falacia de los argumentos; advertirse los efectos derivados de las actitudes ponderadas o de las exaltadas; analizarse la incidencia de los medios de comunicación; señalarse las tergiversaciones interesadas o las falsificaciones históricas; anticiparse las posibilidades y los daños sobre la población inerme, obligada a una elección desgarradora; pero tenemos un problema que incide sobre todos los ciudadanos, también sobre los no catalanes, que afecta de manera radical a la definición y a los pactos originarios de los que derivan la ciudadanía y las libertades. Su solución es política, sin que pueda confiarse al muro constitucional. Veremos.

¿Que la Constitución molesta a Mas y los suyos? Aguilar parece tenerlo claro, nos la saltamos y ya está. ¿Para qué están las leyes sino para violarlas? Pero claro, si se llegara a la independencia así, ¿quién garantizaría a los ciudadanos catalanes que sus futuros gobernantes se sintieran limitados por ley alguna, si ya vieron que saltarse las normas jurídicas tiene premio?


Arcadi Espada.

En El Mundo, Arcadi España comenta el nacionalismo de la Iglesia católica catalana. Titula Dios, cordero:

Domingo, en la misa de una de la Abadía de Montserrat, la que recibió con honores al nazi Himmler y al franquista Franco, el capellán Salvador Plans pronunció la frase definitiva sobre el proceso separatista catalán: «El año que viene seremos consultados sobre nuestra identidad como pueblo de Dios». La frase es una buena síntesis de la actitud ante el proceso de la Iglesia en Cataluña. Ciertamente no ha elegido la fraternidad evangélica.

Añade:

Aún es hora de que la Iglesia en Cataluña haya reaccionado contra la violencia nacionalista y los ataques que sufren las personas y las organizaciones desafectas. La Iglesia en Cataluña ha optado, frente a la posibilidad fraterna, por el mandato místico.

Concluye:

Se trata de una Iglesia cómodamente instalada en el mundo, que en vez de la neutralidad y el apaciguamiento ha elegido la confrontación. Una Iglesia nacionalista es razón automática para dejar de ser católico y nacionalista. Pero lo interesante de su caso es hasta qué punto demuestra cómo dios obedece cabizbajo los mandatos de los hombres.

Pasamos al periódico que durante unos días trajo miga, literalmente. Kiko Méndez-Monasterio titula El año catalán. Este afilador de columnas lamenta no poder ofrecer el enlace al artículo en la web de La Gaceta, pero el texto no está disponible en dicho sitio de internet. Aunque la huelga en Intereconomía en principio sólo afectaba a la televisión, no podemos saber si también ha tenido su efecto en el diario o en las ediciones digitales del grupo de Ariza.

Será 2014 el año catalán, y sólo de pensarlo acude el bostezo permanente, quizá porque está en los planes del secesionismo el barrenar la unidad nacional con dosis letales de aburrimiento. El pretendido referéndum -que en realidad es sólo un acto subversivo con ínfulas aldeanas- lo han iado larguísimo, para sacarle toda la rentabilidad política y de la otra al desafío.

Se muestra muy duro con el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante y los suyos:

La tecnocracia pepera y rajoyana, como siempre, se indignan más con quienes señalamos este despropósito de los oligarcas que con los neocaciques regionales. Les irrita que sus votantes se acaben enterando del fraude, y te llaman, y te dicen a media voz que qué pretendes, que así sólo vamos a conseguir fortalecer a Ciudadanos -u otras alternativas al timo- y que eso acabaría resucitando al PSOE. Como se me cortó el teléfono, le respondo aquí a mi interlocutor: ¿y qué más dará si los socialistas se levantan de su timba como zombies, y regresan a la Moncloa y al langostino sindical?

¿Llamadas desde La Moncloa o Génova a periodistas para llamarles al orden y que no digan o escriban cosas incómodas? Pues va a ser que sí. Esas cosas ocurren muy a menudo. Pero que nos se indignen los lectores votantes del PSOE, que cuando gobiernan los socialistas ocurre lo mismo, desde Ferraz y también desde La Moncloa.

Concluye:

De verdad, almas de cántaro, ¿qué daño puede hacer Rubalcaba que no haya hecho ya Mariano y el sorayismo rampante? Al menos contra zetapé vivíamos con la ilusión de la alternativa, caminábamos rumbo al espejismo de una España capaz de regenerarse por las buenas. Pero la desesperación es aún peor. Te pones a mirar las ruedas de prensa de los viernes, tras el consejo de ministros, y casi crees ver a Maria Teresa Fernández de la Vega con un lifting por in acertado; oyes a la ministra de Sanidad y no sabes muy bien si es Leyre, Pastor, Bibiana o Mato; recuentas el reparto de los jueces y casi añoras mucho a Alfonso Guerra, que liquidaba a Montesquieu con más salero. Y además estamos todos citando a Rubalcaba todo el rato, que España se merece un gobierno que no mienta.

En ABC, Hermann Tertsch publica Entre Kosovo y la Riviera. Empieza hablando sobre la relación del presidente catalán y los medios de comunicación:

Cuentan que el presidente de la Generalidad, Artur Mas, no quiere preguntas sobre la corrupción en una entrevista que se prepara en su televisión, TV3. No sé quién habrá sido el insensato en proponerle alguna. Pero seguro que ya no anda por ahí. Y se lo merece. Porque no puede ser buen profesional quien tan despistado anda todavía sobre el estado de cosas por el oasis enfangado del mundito mediático catalán. Si le preguntaran a Artur Mas por la corrupción y le diera por decir lo que sabe, podría salirle a TV3 un programa de confesión para Pulitzer.

Añade:

Dicen además que Artur Mas anda enfadado porque se ha enterado por la prensa del nombramiento del nuevo director de La Vanguardia. Eso es otra ofensa. Y un ninguneo al jefe. También porque es buena costumbre respetar ese principio de que «el que paga manda». Después de darle al tambor separatista como solo los Junqueras y los batasunos barretinos del CUP saben, hay cambio significativo en casa Godó. No es que vuelva un triunfante Galinsoga para infundir el brioso compromiso con la nación de La Vanguardia española. Pero sí alguien que modere su entusiasmo y exceso de celo en destruir España, la nación y el Estado al que se juraba lealtad eterna. Como la eternidad ahora es más breve que nunca, hay muchos con prisas. Que no saben cómo ponerse para no les pille el tsunami de la realidad, del fracaso. Saben que no va a haber consulta. Pero saben también que no va a haber independencia.

Concluye:

Van Rompuy es el último que les ha dicho que tienen mucha suerte los catalanes de que los independentistas no se vayan a salir con la suya. Porque de hacerlo, estarían solos, aislados y empobrecidos para dos generaciones. Y la vida es muy corta. Y en Cataluña, bella. Pese a la crisis. Como para inmolarse por los tataranietos. Poco razonable sacrificar la vida en Cataluña, tan poco kosovar ella. ¿Si se parece tanto más a la vida en la Riviera que en Kosovo, por qué imitar a los kosovares y no a los razonables franceses meridionales? La vida en Cataluña invita muy poco al martirio. Y ni los más fanáticos lograrán deteriorarla como para que valga la pena. Otra ventaja: No les será difícil a los gobernantes reconducir el discurso. Para eso cuentan con los medios y los periodistas más dóciles y oficialistas del mundo. En rivalidad con China y Bielorrusia.

Encontramos en el diario madrileño de Vocento una columna interesante que no pasa por el reto independentista catalán y cuestiones aledañas. A pesar de su germánico título, Grosse Koalition , el artículo de Ignacio Camacho trata sobre la política española.

NO parece difícil atisbar la simpatía, incluso la sana envidia, con que una parte significativa de la sociedad española mira la nueva gran coalición alemana. Una experiencia sugestiva en tiempos de apuro: un programa común de liberalconservadores y socialdemócratas pactado desde el pragmatismo patriótico.

Cuenta:

Es muy pronto para hacer cábalas pero si la tendencia de las encuestas se mantuviese consistente durante los dos próximos años, en 2015 no habría otro modo de gobernar España que una alianza entre PP y PSOE. El constante retroceso del bipartidismo apunta a un resultado electoral fragmentario en el que las dos grandes fuerzas hegemónicas quedarían muy lejos de la mayoría absoluta, incluso sumando a los partidos emergentes como IU o UPyD, y sólo una confusa amalgama multipartido podría aspirar a una improbable liga de poder. La coalición social-liberal quedaría como única solución de gobernabilidad posible, y no sería la peor ni mucho menos.

Concluye:

Si los ciudadanos no mentimos demasiado en los sondeos, el clima de acuerdo no sólo existe sino que goza de una demanda casi perentoria; otra cosa es que haya masa crítica suficiente para trascender de la voluntad a los hechos y pasar de las musas al teatro. Pero la nación necesita compromisos de alcance, luces largas; rescatar el impulso de la Transición para proyectar las bases de una nueva convivencia. Imposible no es. Falta saber si, llegada la oportunidad histórica, tendremos energía social y coraje político para no desperdiciarla.

Este humilde lector de columnas considera que tal vez un gobierno de colación PP-PSOE, algo que nos han reconocido como factible varios políticos de ambos partidos, tal vez fuera el menos malo que actualmente pueda salir de las urnas. El problema es que seguramente ambos partidos lo usaran para seguir repartiéndose el poder y el abuso del mismo. No para buscar lo mejor para España.

Volvemos a la cuestión catalana con una viñeta del siempre brillante Borja Montoro en La Razón. Coincide en el tema con el que arranca en ABC Hermann Tertsch. ‘Montoro el bueno’, como le llama Carlos Rodríguez Braun, retrata a un Artur Mas que tapa con la mano el micrófono de un periodista y dice:

Aquí, las preguntas comprometedoras las formulo yo…

Terminamos con la contraportada del diario de Francisco Marhuenda. Alfonso Ussía escribe sobre Desmemorias.

Se pueden tomar como referencia las «Memorias» de Winston Churchill y las de Manuel Azaña. Las segundas descarnadas y cotillas, pero admirablemente escritas. En España hay una cercana afición al desmemorialismo.

Del fracaso de ventas de las memoras de Felipe González, Aznar, Rodríguez Zapatero y Pedro Solbes, dice:

Por un lado, produce una cierta consternación que los recuerdos políticos de tres presidentes del Gobierno y un vicepresidente y ministro de Economía en calendas tortuosas, interesen a tan pocos ciudadanos. Del otro lado, se confirma el hastío que padecen y demuestran los españoles de la política y los políticos.

Concluye:

He leído las cuatro memorias desmemoriadas. Todas encierran algún secreto y tramos interesantes. En las cuatro, los autores quedan muy bien y los adversarios bastante mal. Por el estilo, intuyo que Aznar y Solbes las han escrito, Felipe González a medias y con ayuda, y a Zapatero le han buscado un «negro» que no ha sabido darle el tono ni el ritmo de interés que toda obra memorialista demanda. Ocupan los cuatro volúmenes un lugar en la más alta estantería de mi biblioteca, la que precisa de escalera para llegar a ellos, y que yo he bautizado como «la estantería de los coñazos». El que fuera ministro de Agricultura del Reino Unido, Sir Alexander Biddford, principia de esta manera sus «Memorias». «He sido un político deplorable, pero cuando me apercibí de ello, era ya demasiado tarde». Ese inicial reconocimiento no ha contagiado a nuestros memorialistas.

Y lo peor. Entre los cuatro no superan las ventas del libro de «Memorias» de Belén Esteban.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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