Pintan bastos para la vicepresidenta valenciana.
El jefe del Ejecutivo valenciano, el socialista Ximo Puig, es consciente de que, a menos de un año para que se celebren las elecciones autonómicas, es un verdadero lastre contar en su gabinete con Mónica Oltra.
Según ha podido conocer en exclusiva Periodista Digital, esta semana del 20 al 26 de junio de 2022 es la fijada para echar a Oltra del Gobierno regional.
Fuentes dignas de toda solvencia aseguran que la vicepresidenta tiene los días contados después de que el Tribunal Superior de Justicia de Valencia viera indicios más que sólidos para imputarla por haber ocultado de manera sistemática esos abusos de su entonces pareja hacia esas jóvenes que estaban tuteladas por la propia Generalitat y, más concretamente, por el propio departamento que dirigía Oltra.
Por lo pronto, Ximo Puig va a iniciar el 19 de junio de 2022 las negociaciones con un sector de Compromís para abordar el espinoso asunto de la destitución de la todavía vicepresidenta.

En esa conversación se va acordar mantener el llamado ‘pacto del Botánico’, aunque ya sin Oltra en el organigrama gubernamental. La idea es incorporar a otro miembro de Compromís para que ejerza las labores de número dos en el gabinete de Puig.
Mónica Oltra, aunque tenga que abandonar sus cargos en el Ejecutivo valenciano, sí que seguirá como diputada en las Cortes autonómicas.
Ahora solo queda saber si será directamente Ximo Puig quien anuncie el cese de Oltra o será esta misma, al hilo de las presiones recibidas, la que opte por comunicar que renuncia a sus cargos en la Generalitat.
UNAS PALABRAS QUE AHORA SE LE VUELVEN EN CONTRA
La hemeroteca es diabólica, especialmente para los políticos.
Corría el año 2010 cuando una entonces desconocida Mónica Oltra empezaba a abrirse hueco en la política regional a base de atacar sistemáticamente al presidente de aquella etapa, el popular Francisco Camps.
Cuando el mandatario estaba acusado de un delito de cohecho, la hoy vicepresidenta aparecía ataviada con camisetas que representaban al jefe del Ejecutivo como si fuese un vulgar un forajido y se permitía el lujo de soltar frases de esta índole:
Si yo me veo en su misma situación, dimitiría.
Visto lo visto, está claro que lo de Mónica Oltra no es precisamente la coherencia, sino más bien aplicar la llamada ‘ley del embudo’, lo ancho para ella y lo estrecho para los demás.
Pero está claro que ese rasero moral que puso la todavía mano derecha de Ximo Puig, no se lo aplica a sí misma cuando ha sido señalada e imputada por la Justicia.
En definitiva, a Oltra le gusta más aplicar en este caso la ‘doctrina Colau‘, que no es otra cosa más que decir públicamente que, en caso de ser imputada, dimitiría automáticamente, tal y como le dijo la alcaldesa de Barcelona a Jordi Évole, pero cuando llega ese momento de verse señalada por un juez, entonces ahuecar el ala y parapetarse en mil artimañas y argumentos para no dejar la poltrona.