El arranque político del curso ha dejado ya su imagen icónica: Salvador Illa, actual president de la Generalitat, y Carles Puigdemont, líder de Junts, expresidente y prófugo de la justicia, sellando con un apretón de manos y sonrisa ante las cámaras el primer encuentro personal entre ambos.
La cita, celebrada a puerta cerrada en la Delegación del Govern en Bruselas, tiene todos los ingredientes de un capítulo crucial para la política catalana y española: simbolismo, cálculo estratégico y una buena dosis de suspense institucional.
Ambos dirigentes han llegado escalonados a la sede: Illa lo ha hecho una hora antes, mientras que Puigdemont ha sido recibido por el jefe de Protocolo poco después, bajo una llovizna belga y los gritos de una ciudadana catalana indignada. El ambiente no podía ser más representativo del clima que se respira en Cataluña desde hace años: expectación, tensión y mucha necesidad de escenificar normalidad política ante la opinión pública.
Un encuentro largamente esperado (y reclamado)
La reunión llega tras meses de rumores y exigencias cruzadas. Junts llevaba tiempo pidiendo un cara a cara institucional que diera visibilidad a su líder, todavía pendiente de la aplicación efectiva de la Ley de Amnistía. Aunque el Tribunal Constitucional ha avalado la norma, el Tribunal Supremo sigue sin aplicarla a Puigdemont, quien continúa residiendo fuera de España desde 2017. Por su parte, Illa había evitado hasta ahora este tipo de encuentros, argumentando la «normalidad institucional» pero sin querer dar pasos en falso que pudieran incomodar a Moncloa ni a su propio partido.
Este gesto llega justo cuando Pedro Sánchez necesita más que nunca el apoyo parlamentario de Junts para sacar adelante unos Presupuestos Generales clave para culminar la legislatura.
Aunque fuentes oficiales insisten en que el tema presupuestario no estaba sobre la mesa en Bruselas —la ministra María Jesús Montero lo ha dejado claro—, nadie duda del trasfondo estratégico del encuentro: sin el oxígeno parlamentario de los independentistas catalanes, el Gobierno central camina sobre alambre.
¿Reunión institucional o redención política?
No faltan voces críticas que ven en este gesto una suerte de «amnistía política» anticipada para Puigdemont. La fotografía junto al nuevo president socialista le permite proyectar una imagen renovada ante sus bases y ante Europa; para Illa, supone completar su ronda de contactos con expresidentes (tras Montilla, Pujol, Mas, Torra y Aragonès) y mostrar voluntad inequívoca de diálogo institucional. El PSC se esfuerza en subrayar que todo responde a un ejercicio propio de normalización democrática tras años de enfrentamientos derivados del ‘procés’.
Junts exige una reunión directa entre Pedro Sánchez y Puigdemont
Por otro lado, desde Junts se insiste en que esta cita llega tarde y es solo un paso intermedio: exigen una reunión directa entre Pedro Sánchez y Puigdemont como símbolo definitivo del desbloqueo político. El propio Jordi Turull lo ha repetido estos días: “Para nosotros es importante que se miren a los ojos”.
Elementos simbólicos y mensajes entre líneas
La elección de Bruselas como escenario no es casual. La situación judicial de Puigdemont impide cualquier reunión formal en Barcelona; además, Bruselas simboliza tanto su condición de “exiliado” como su proyección internacional. Illa habría preferido verse en Cataluña —lo admitió en Catalunya Ràdio— pero reconoce que las circunstancias mandan. Así, el viaje se ha aprovechado también para inaugurar una exposición sobre el milenario del Monestir de Montserrat en el Parlamento Europeo; las agendas políticas siempre tienen hueco para la cultura cuando hace falta.
Entre los gestos cuidadosamente calculados:
- La cita fue privada y sin comparecencia posterior ante la prensa.
- Solo se permitió captar imágenes del saludo inicial.
- Illa subraya que fue iniciativa propia y no encargo directo desde Moncloa.
- Se repite el mensaje: “no se habló de Presupuestos”, aunque todos saben leer entre líneas.
Consecuencias inmediatas y lecturas posibles
A día de hoy, 2 de septiembre del 2025, este encuentro abre varias incógnitas:
- Si servirá para desbloquear los pactos pendientes entre PSC y Junts tanto en Cataluña como en Madrid.
- Si allana el camino para una futura reunión Sánchez-Puigdemont.
- Cómo afectará a las relaciones internas dentro del independentismo catalán y al equilibrio entre ERC y Junts.
- De qué manera impactará este gesto en la opinión pública española fuera de Cataluña.
De fondo queda también la presión sobre los tribunales: aunque el Constitucional ha dado luz verde a la amnistía, su aplicación efectiva sigue atascada por recursos judiciales abiertos contra Puigdemont.
Curiosidades políticas con aroma belga
- La cita estuvo marcada por una anécdota singular: Puigdemont fue increpado por una ciudadana catalana nada más llegar a la delegación. Ni banderas ni proclamas independentistas: solo indignación ciudadana espontánea.
- Esta es la primera vez que Salvador Illa y Carles Puigdemont se ven personalmente desde 2017. Hasta ahora solo habían hablado por teléfono o intermediarios.
- El encuentro se produce poco después de que cayera Santos Cerdán —exsecretario socialista encargado hasta ahora del diálogo con Junts— por un escándalo judicial.
- En paralelo al encuentro político, Illa aprovechó para participar junto a Roberta Metsola (presidenta del Parlamento Europeo) en un acto cultural sobre Montserrat. Política y cultura nunca han estado tan cerca… ni tan lejos.
Como suele ocurrir en Bruselas —ciudad experta en negociaciones discretas— lo importante no siempre está delante de las cámaras. Pero nadie duda ya: hoy ha cambiado algo relevante para Cataluña… aunque aún no sepamos exactamente qué.

