Ruptura catalana y presión sobre la Moncloa

Junts y PP se acercan a la moción contra Sánchez, con VOX de convidado de piedra y presiones empresariales catalanas

La negativa de Junts a colaborar con Sánchez abre un panorama de acuerdos inciertos y tensiones en el ámbito empresarial, mientras PP y Vox evalúan sus estrategias en una legislatura que se encuentra al borde del colapso

Sánchez (PSOE), Feijóo (PP) y Abascal (VOX)
Sánchez (PSOE), Feijóo (PP) y Abascal (VOX). PD

Tendría que ser instrumental.

Una moción con el compromiso, el acuerdo y el propósito de convocar elecciones generales, en cuanto el socialista Sánchez salga de La Moncloa.

Y hay muchos elementos en juego y matices interesantes.

Porque la jugada reforzaría ipso facto a Feijóo, aunque solo esté en el cargo el tiempo mínimo que se requiere para nombrar un gabinete, convocar Consejo de Ministros y aprobar la disolución de las Cortes.

El marido de Begoña perdería toda iniciativa, lo que, sumado a sus quebraderos de cabeza judiciales, lo situaría junto a su corrupto PSOE en una situación todavía más precaria.

A Santiago Abascal no le quería otra que sumarse y confiar en las urnas, porque VOX no puede aparecer como el partido que permitió a Sánchez seguir un día más en el poder.

Y los separatistas de Junts y sobre todo su jefe Puigdemont, se lo juegan a cara o cruz.

Si no optan por la censura, seguirán desgastándose como felpudo sanchista, en favor de la todavía más xenófoba Alianza Catalana.

Si se suman, todo se dirime en las urnas, confiando en los de Alianza no se presenten a unas generales.

La política española, siempre sujeta a giros inesperados, se encuentra en medio de una tormenta que sacude el Congreso y mantiene a la Moncloa en un estado de alerta constante.

La ruptura de Junts per Catalunya con el PSOE ha dejado a Pedro Sánchez sin el apoyo parlamentario que le permitió mantenerse a flote hasta ahora, convirtiendo la moción de censura en el tema central de las conversaciones políticas y empresariales.

El desenlace fue resultado de un proceso lento que culminó cuando Míriam Nogueras, portavoz de Junts, anunció un bloqueo absoluto a la actividad legislativa del Gobierno: se presentarán enmiendas a la totalidad para todas las leyes y, para dejar claro su postura, no apoyarán los Presupuestos de 2026.

El mensaje es contundente: «El Gobierno ha perdido toda su capacidad legislativa», aseguró Nogueras. En el seno de Junts, la percepción es clara: “Sólo falta ponerle la guinda al pastel”, comentan, convencidos de que el PP debe actuar si desea aprovechar la debilidad del Ejecutivo.

En respuesta, el PP liderado por Alberto Núñez Feijóo exige a los independentistas que «concreten» su ruptura, aunque evita comprometerse con una moción de censura.

Son conscientes de que cualquier movimiento unilateral podría beneficiar a Sánchez y no garantiza una mayoría suficiente.

Desde Génova reiteran que están «absolutamente» dispuestos a derrocar al presidente, pero «no está claro» que Junts esté dispuesto a respaldar a otro líder, ni mucho menos a Feijóo.

El escenario está servido: entre señales ambiguas, copas compartidas y bolsas sospechosas, España asiste atenta a una partida donde nadie quiere mover ficha pero todos anhelan salir victoriosos.

Entre el recelo y los brindis

Junts parece mantener una puerta entreabierta: «No hace falta casarse, se puede tomar una copita», bromean desde la formación aludiendo a las negociaciones con el PP. Los independentistas afirman que “ya se han enviado todas las señales” a Feijóo, aunque no precisan si apoyarían a otro presidente. Su estrategia es evidente: asfixiar al Gobierno sin comprometerse con un relevo que podría ser aún menos favorable para sus intereses territoriales y simbólicos.

En este marco, los empresarios catalanes han decidido dejar atrás la discreción y presionan abiertamente a Junts para que propicie un adelanto electoral mediante un acuerdo con el PP. La inestabilidad legislativa genera inquietud; los sectores económicos temen que este bloqueo perjudique la recuperación y las inversiones, especialmente en Cataluña, donde sigue abierto el debate sobre Rodalies y otras infraestructuras.

Para que una moción de censura tenga éxito, se necesitan al menos 35 diputados; cifra que ni PP, ni Junts ni Vox logran alcanzar por sí solos. Un acuerdo entre las tres fuerzas sería esencial para intentar desalojar al Gobierno. Sin embargo, Feijóo ha descartado presentar la moción en solitario. Vox, aunque muestra disposición privada para explorar esta opción junto a Junts, establece como condición no ceder ante el separatismo y tener como objetivo convocar elecciones generales.

Las posibilidades de Vox son limitadas en este escenario: podría apoyar la moción para forzar elecciones o buscar otras alternativas para impulsar dicha convocatoria. Mientras tanto, desde ERC opinan que Junts se siente más cómodo ideológicamente con PP y Vox e invitan a estos últimos a «apartarse» si no quieren contribuir a la gobernabilidad.

El contexto judicial y la sombra de la corrupción

A esta tormenta política se añade otra judicial. Las bolsas con dinero vinculadas a Carmen Pano se han convertido en un elemento clave para decidir sobre una posible imputación del PSOE. Esto añade presión sobre Sánchez y alimenta la narrativa opositora sobre lo que consideran una «farsa» destinada a ocultar casos de corrupción. Desde Génova no pierden oportunidad para hurgar en esta herida: «tenemos más capacidad legislativa que Sánchez; vamos a disfrutar con la ruptura».

Junts prefiere no alinearse abiertamente con la moción de censura; su intención es hacer insostenible esta legislatura. Están convencidos de que el desgaste llevará inevitablemente hacia un final anticipado. En palabras de Nogueras, esto representa “un baño de realidad” tanto para PSOE como Sumar. Por su parte, el Ejecutivo mantiene una actitud serena; responde con “la mano tendida”, insistiendo en cumplir sus compromisos mientras deja abierta la puerta al diálogo. Sin embargo, el tiempo juega en su contra: ni siquiera los reales decretos podrán sortear este bloqueo si Junts no los valida.

El pulso en el Congreso: bloqueos, iniciativas y la “antipolítica”

El PP aprovecha esta coyuntura para impulsar medidas ideológicas coincidentes con Junts; desde deflactar el IRPF hasta reducir el IVA en alimentos básicos. La estrategia popular busca “retratar” al PSOE obligando a socialistas y Sumar a posicionarse sobre temas sensibles tanto para los votantes como para los empresarios. Mientras tanto, en la Cámara Baja, la Mesa presidida por Francina Armengol se dedica a paralizar iniciativas del PP; desde Génova lo interpretan como un intento desesperado por proteger a Sánchez.

Algunos analistas describen la postura adoptada por Junts como «antipolítica», algo que comparten con el PP: perpetuar una sensación constante de descontento e insatisfacción como base del nuevo juego parlamentario. El resultado es claro: una legislatura estancada, un Gobierno sin mayoría ni presupuestos aprobados y una oposición disfrutando del espectáculo mientras calcula sus siguientes movimientos.

  • La ruptura entre Junts y PSOE fue respaldada por el 87% de sus afiliados tras una consulta interna celebrada el pasado 30 de octubre.
  • De forma excepcional, Junts apoyará la convalidación del decreto ley destinado a ayudas para enfermos de ELA; lo cual demuestra que no todo es bloqueo absoluto.
  • La presión empresarial sobre Junts ha alcanzado niveles tan altos que algunos directivos han amenazado con retirar inversiones si no se fuerza un adelanto electoral.
  • En los pasillos del Congreso resuena frecuentemente la frase “en política no hace falta casarse; basta con brindar juntos”, aunque muchos ya comienzan a cuestionar si esa copa estará realmente envenenada.

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