¿Dónde están las imágenes del acoso a Pablo Iglesias e Irene Montero?

‘Okupas’: cuando por orden del Gobierno PSOE-Podemos sólo se protege en España el chalet de Pablo Iglesias

Las amenazas e insultos se redujeron en Asturias a una pintada en la carretera ó -al menos- así lo han dicho los escoltas del vicepresidente y su esposa ministra

'Okupas': cuando por orden del Gobierno PSOE-Podemos sólo se protege en España el chalet de Pablo Iglesias

Lo asombroso es que todavía haya en España gente de buena fe, que se trague sus patrañas y siga dispuesta a votar a Podemos o al PSOE, para que en coalición mantengan a Pedro Sánchez en el poder.

Ya no sólo son las mentiras, los incumplimientos, el sectarismo o la ineptitud. Es, además, la desvergüenza.

No hay que ser un lince para darse de cuenta de que el lujoso chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero es custodiado con recursos públicos -dos docenas de agentes de la Guardia Civil, garita en la puerta, coches, vigilancia policial y hasta investigaciones del CNI para identificar líderes entre la ciudadanía de las banderas-, mientras los propietarios de la mansión, a la sazón vicepresidente y ministra del Gobierno PSOE-Podemos, se oponen a los desahucios exprés y promueven con todo vigor la protección a los okupas.

En 2018, cuando todavía le quitaba el sueño al socialista Sánchez y sólo era jefe de Podemos, Iglesias recurrió ante el Tribunal Constitucional la legislación que intentaba agilizar los desahucios de viviendas ocupadas. Paradojas de la vida, ahora tiene a la Benemérita custodiando su palacete de Galapagar.

La okupación es un fenómeno en crecimiento, que nadie sabe o quiere parar y está llenando España de imágenes inquietantes.

Basta encender el televisor o echar un vistazo a las redes sociales para indignarse viendo videos en los que unos delincuentes expertos en invadir la propiedad ajena instan desde el interior de la casa al legítimo propietario, que aguarda impotente en la calle, a contactar con su abogado para ‘negociar’.

En otras palabras, para someterse -con respaldo de la Policía, los jueces y el Gobierno- a una extorsión. Porque la realidad es que  le van a exigir dinero para devolverle su propiedad, dejándole muy claro que la alternativa es pagar o recuperar su casa pasados muchos meses y destrozada.

Nuestra legislación se ha quedado vieja ante un fenómeno que no ha parado de subir desde hace dos años, con el respaldo del Gobierno Sánchez y las facilidades de ayuntamientos como el de Ada Colau en Barcelona.

No existe ninguna razón que justifique la ocupación ilegal de una propiedad ajena. Ni siquiera en los casos de necesidad extrema, que han de ser atendidos de manera regulada por la Administración y no impuesta, por la fuerza, a ningún propietario.

Si de verdad, los progres de plantilla creyeran en lo que predican, ni Wyoming tendría una veintena de inmuebles ni Verstringe seguiría alquilando a precio de oro sus dos docenas de apartamentos. Tampoco Iglesias y Montero estarían atrincherados en Galapagar.

Los ciudadanos -todos y no sólo los dirigentes de Podemos o los amigos de Sánchez- deben de estar protegidos por el Estado, tanto en su derecho a mantener la propiedad privada y la paz en sus comunidades de vecinos, como en su derecho a tener una vivienda digna, pero nunca el ciudadano ha de proveer de dichas viviendas a los que no la tienen.

Si en lugar de hacerle donaciones millonarias a las cadenas de televisión amigas, mantener a precio de oro sus emisoras autonómicas, pagar cientos de asesores en Moncloa, tirar del erario público para disfrutar de vacaciones de lujo y seguir cobrando sueldos de cine, destinaran fondos a ayudar al que no tiene, quizá empezaría a arreglarse el problema.

Es inadmisible y no hay ninguna razón para que, con los cambios legales que sean, esta indignidad se resuelva en 24 horas: primero desalojando a los okupas de inmediato y restituyendo los derechos de los propietarios. Y a continuación buscándoles alternativas si su situación es desesperada.

Cargar en el ciudadano una ‘solidaridad forzosa’ es inaceptable, impropio de un Estado decente. El drama es que, merced a los votos de muchos, tenemos un Gobierno indecente.

CUANDO LOS VERDUGOS QUIEREN PASAR POR VÍCTIMAS

Cada hora parece más claro que los alaridos de espanto que han lanzado Pablo Iglesias e irene Montero, y a los que han puesto altavoz laSexta, la cadena SER, El País y los tertulianos de la Brunete Pedrete, son una ‘cortina de ruido’ destinada a distraer la atención.

Cuando estalla el escándalo de la ‘caja B’ de Podemos, su líder desaparece durante casi dos semanas. Nadie sabía sobre su paradero ni hubo declaración alguna por su parte.

De repente, conforme van apareciendo nuevas informaciones sobre la financiación ilegal del partido, resurgen Iglesias y familia en Asturias, en casa del secretario del partido comunista, Enrique Santiago.

Si estaban en el chalet -no declarado- del comunista Santiago, allí nadie tiene acceso y si salieron a las calles o visitaron algún establecimiento público, las imágenes hubieran corrido como la pólvora, como ocurrió con el incidente de Juan Carlos Monedero en la taberna de Cádiz.

Poco creíbles resultan sus denuncias.

Hoy en día hay una cámara en todos los sitios y resulta bastante difícil dar crédito a sus denuncias y las de su pareja. Nadie puede avalar ese acoso, pero de todos los políticos españoles que lo han sufrido hay testimonio gráfico y del que sufren ustedes, ni una triste imagen.

Parece que lo que sí va cobrando fuerza es la investigación judicial sobre la financiación de Podemos y ahí seguimos, esperando resultados.

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