LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Pablo Iglesias, repugnante es no investigar los abusos a los menores de Baleares

"Iglesias ejerció de heteropatriarca y contestó en el Congreso una pregunta en principio dirigida a su señora, a la sazón ministra de Igualdad"

Pablo Iglesias, repugnante es no investigar los abusos a los menores de Baleares
Pablo Iglesias, en su versión más cutre y tabernaria.

La actitud de Pablo Iglesias durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados del 19 de febrero de 2020 con exabruptos a las diputadas del PP y VOX, Margarita Prohens y Mireia Borrás, respectivamente, no se le ha pasado por alto a articulistas y editorialistas de la prensa de papel de este 20 de febrero de 2020.

Todos, sin excepción, coinciden en señalar que aquí, de haber algo repugnante, no es la actitud de la oposición por sacar este asunto de los abusos hacia los menores tutelados en Baleares, sino la de un Ejecutivo y, más en concreto, la de un vicepresidente segundo que no está por la labor de que se investiguen los hechos, tal y como la izquierda ha demostrado en el propio parlamento autonómico negándose a la creación de una comisión de investigación.

El editorial de El Mundo es muy claro a este respecto y considera que lo repugnante es que Iglesias no investigue lo acontecido con esos jóvenes:

La virulenta reacción de Pablo Iglesias ante las preguntas de la oposición sobre el escándalo de los abusos a menores tutelados por el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales, dependiente del Govern balear, evidencia el nerviosismo del vicepresidente del Gobierno ante una cuestión que mina la credibilidad tanto de su discurso como el de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Ambos, que han anunciado sendas leyes de protección a la infancia y protección de las libertades sexuales, dos de sus principales batallas identitarias, han guardado, sin embargo, un embarazoso silencio sobre un caso especialmente alarmante como es el de la existencia de una red de tráfico y consumo de drogas y de prostitución de niñas y niños en centros públicos de las islas. Es más, y de ahí los reproches de las diputadas Mireia Borrás, de Vox, y Margarita Prohens, del PP, de que junto a PSOE y Més, sus socios de gobierno en Baleares, Unidas Podemos impidió con su voto que se crease en el Parlament autonómico una comisión de investigación sobre el tema, dando a entender que no están interesados en que se esclarezca lo ocurrido en sede parlamentaria.

Álvaro Martínez, en ABC, sostiene que si alguien se está riendo de las menores prostituidas es el Ejecutivo sanchista:

Iglesias ejerció de heteropatriarca y contestó en el Congreso una pregunta en principio dirigida a su señora, a la sazón ministra de Igualdad. Un macho alfa es un macho alfa… Se puso el vicepresidente a gritarle a la oposición con gruesas palabras, más indignado que aquel 15-M, cuando se le afeó que su partido y el de su socio Sánchez se nieguen sistemáticamente a investigar en el Parlamento balear el caso de las menores que fueron prostituidas en Mallorca mientras estaban tuteladas por la administración insular. Echó el líder podemita fuera todos los balones que pudo, sacó a pasear a la «Iglesia católica» y siguió gritando y gritando para terminar acusando a la oposición de «descojonarse» (sic) de las niñas. Quienes se están riendo de esas pobres chiquillas son Pedro y Pablo, ante el vergonzoso silencio de las feministas de sus partidos, esas que según Carmen Calvo «tanto se lo han currado, bonita».

Bieito Rubido, en su Astrolabio, comenta que:

Una de las páginas más vergonzosas y negras de la actualidad política española la protagonizan los partidos supuestamente «progresistas» de las Islas Baleares, al negarse a que el Parlamento autonómico investigue el caso de prostitución de menores tutelados por un organismo público. Necesito una sola respuesta de la vicepresidenta Calvo o de la ministra de Igualdad, la señora Montero. ¿Por qué este caso no es relevante para ellos? Pido una sola razón. ¿A que no se atreven a contestar?

La Razón critica abiertamente la versión más cutre de Pablo Iglesias con el tema de los menores:

Iglesias no sólo no dio explicación alguna sobre los delitos denunciados ni expuso las medidas correctoras que había adoptado su Departamento, sino que decidió que la mejor defensa de lo indefendible era pasar al ataque y, ciertamente, se empleó con una virulencia digna de mejor causa. Tiró del manual de dialéctica marxista, pero en la versión más cutre, y no ahorró insultos, insinuaciones malvadas, juicios de intenciones y argumentaciones ad hominen, en las que llegó a mezclar a la Iglesia católica, sin olvidar, claro, tildar de fascista a la diputada de VOX. Si el fondo de la intervención del ministro fue deplorable, el tono faltón, sobrado de decibelios y sobreactuado, nos obliga a una preocupante reflexión sobre la actitud de algunos miembros del actual Gobierno, que lejos de asumir su papel en un sistema democrático de división de poderes, tratan de deslegitimar a la oposición parlamentaria desde la caricatura sectaria.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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