Me he vuelto loco buscando en los Presupuestos Generales del Estado de 2022, las partidas correspondientes a las ´subvenciones públicas a los bares y restaurantes del Congreso y Senado´. No lo he conseguido.
SURREALISMO SEMÁNTICO EN VENA.
Lo que sí he encontrado es que en 2017, el capítulo 4º de transferencias corrientes de los Presupuestos del Congreso de los Diputados, figura una partida de gasto de 950.000 euros bajo el epígrafe “A FAMILIAS E INSTITUCIONES SIN ÁNIMO DE LUCRO”. Bajo esta denominación tan ´emotiva, enternecedora y solidaria´, se encuentra la subvención a la cafetería de la Cámara donde sus señorías pueden disfrutar de precios ajenos a la realidad del mercado. En el Senado no aparece esta partida, al menos de forma individualizada, ni tampoco es posible saber la de los bares de La Moncloa, o de los ministerios e instituciones del Estado.
OCULTARSE AL COBIJO DE LEYES FRANQUISTAS.
Si eso era en 2017, imagínense ahora dónde pueden estar metidas dichas subvenciones. O igual es una información protegida por la ´Ley de secretos oficiales´, tan usada últimamente por el gobierno actual, a pesar de su procedencia franquista de ´ultraderecha´.
CUANDO SUS SEÑORÍAS APRIETAN EL BOTÓN EQUIVOCADO.
Independientemente de lo hiriente que resulta que mientras el resto de los mortales tenemos que apretarnos el cinturón para llegar a fin de mes, sus señorías tengan subvencionados con dinero público los ´gin tonic´ y ´cubatas´, uno se pregunta si no sería aconsejable poner un control ´aleatorio´ de alcoholemia y drogas en la entrada del hemiciclo.
Lo digo porque si en aras de la seguridad vial se realizan controles de este tipo, por todas las carreteras y vía públicas del país, para evitar el riesgo que supone el conductor de un vehículo, drogado o en estado de embriaguez, imagínense el gravísimo peligro que supondría si en lugar de tratarse de un simple vehículo, lo que conducen es el destino y bienestar de todos los españoles, al debatir, aprobar o denegar, las leyes que nos rigen.
Y es que cuando uno escucha ciertas peroratas en el Congreso, por no hablar de aquellos que la única ´faena´ que tienen que hacer es apretar un botón y encima pulsan el que no toca, uno puede llegar a dudar sobre el ´estado de sobriedad´ o de presunta ´embriaguez latente´, de alguna de sus señorías.

