a) Alegría y regocijo.
b) Fría indiferencia.
c) Compasión y pena.
Hace ya tiempo que mi respuesta es la `c`.
Sin embargo, he de reconocer que a los veinte años mi respuesta era la `a`, y a los cuarenta la `b`.
¿Quiere decir esto que me puedo considerar un santo varón? Pues no.
Lo único que revela es que soy un vulgar espíritu en evolución que progresa adecuadamente, pero sin pasarse.
Ahora bien, si en el test sustituimos la palabra `sufrimiento` por `derrota`, he de reconocer que la cosa cambia; porque antes de que llegue la `compasión y pena`, que al final posiblemente llegará porque no me gusta ver sufrir ni al peor de mis enemigos, yo pecador reconozco que mi primera reacción será la de alivio y alegría.
Todo menos indiferencia.
La conclusión es que espiritualmente aún estoy en párvulos, y me veo repitiendo curso en una próxima vida.
Algo que, por otro lado, tampoco es que me quite el sueño, habida cuenta que, a pesar de los pesares y de todo lo que reniego, le tengo un especial cariño a la vida y, por ende, a este cochino mundo.
Tal vez sea porque, en el fondo, es cierto que Dios aprieta, pero no ahoga, y he ido viviendo para contarlo. Pero claro, eso solo se averigua cuando tienes la fe suficiente para aguantar cada prueba hasta el final, no bajándote del tren en marcha, antes de llegar a tu estación de término.
NOTA: Este breve escrito, fue publicado años antes de la llegada del felón al poder. Así pues, en lo que a éste, y su banda, se refiere, qué quieren que les diga, salvo que, por lo que respecta a esta infecta tropa y su ´capo´, me siento rejuvenecido. Es cómo si volviera a tener 20 años.

