Y en la oscuridad de la noche cerrada, quisiera que mis versos tuviesen alas, para que volando hasta aquellas sombras que sobre los luceros montan guardia, acudieran en respuesta a la agónica llamada de una juventud hastiada que, con rabia, grita basta.
Lágrimas al alba, lágrimas calladas; lágrimas amargas de un pueblo, testigo de un aciago tiempo, que, secos los ojos, con sal habrá de escribir, más pronto que tarde, la historia criminal de un clan canalla.

