Lo que sí tengo claro es que la muerte no es más que un muro más

 El muro

Tras el cual sigue nuestro largo camino de regreso al hogar

 El muro y la escalera
 El muro y la escalera. PD

Cuántas veces le he preguntado al Cielo, el porqué de la cantidad de muros que, forzosamente, he tenido que ir saltando, conquistando o, a veces, sorteando, desde que tengo uso de razón.

Muros, desafiantes y amenazantes, que interrumpían periódicamente el camino de mi vida, por donde tenía que pasar, sí o sí.

Y el Cielo, en su misericordia, me reveló el por qué. No el porqué del fin didáctico que tienen las dificultades que nos va presentando la vida, y que tenemos que superar para seguir creciendo. No; porque eso ya lo sabía. Lo que me fue revelado fue el ´POR QUÉ MUROS´.

Tuve la visión de un padre en plena calle, tapándole los ojos a su hijo pequeño, para que no viera como los servicios sanitarios recogían y metían en una bolsa, el cadáver de la víctima de un accidente de tráfico. Tiempo tendría el niño, seguramente pensó el padre, de ir conociendo, poco a poco, ´los encantos´ de la vida.

Entonces comprendí que el sentido de los muros no era dificultarnos el camino, sino el impedirnos la visión de lo que hay detrás. Impedir que veamos de golpe y al mismo tiempo, todos los malos tragos que nos queda por pasar, sí o sí, antes de llegar al final de nuestro destierro terrenal.

La razón de que sean muros opacos, en lugar de transparentes de cristal, es simplemente por amor y misericordia. El mismo amor y misericordia, con que el padre de nuestra historia tapó los ojos de su hijo pequeño, para evitarle ver antes de hora, los horrores de la vida.

Cuando tenemos un problema a corto plazo, o inmediato, nos entregamos en cuerpo y alma a solucionarlo, sin preocuparnos por lo que pueda venir detrás. Ya tenemos bastante con lo que hay, como para buscar más.

Una vez solucionado el problema (cruzado el muro), y tras unos cortos días de respiro, nuestra atención se fija en la siguiente amenaza que se nos presenta. Y así de nuevo, vuelta a empezar; sufrimiento, angustia y ansiedad, por el nuevo muro que, sí o sí, tenemos que atravesar

Muro, cortina, o velo, qué más da. Lo que sí tengo claro es que la muerte no es más que un muro más, tras el cual sigue nuestro largo camino de regreso al hogar.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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