No podemos ayudarnos a nosotros mismos, por mucho que nos esforcemos, si no es ayudando a los demás.
En esta sencilla y contradictoria frase, se encuentra la clave de la felicidad personal.
Si sufres de soledad, consuela al solitario.
Si pasas hambre, comparte tu escaso pan con el que no tiene ni una migaja. Si no tienes techo, comparte tu manta con el que pasa frío… Y si tienes ganas de llorar reprime tu llanto, cambia la cara, y regala alegría a aquel que ya no le queda ni una lágrima que dar.
Sé cómo un ángel para los demás; se luz en la oscuridad, y no te preocupes de más, porque a partir de ahí tu vida se convertirá en un continuo milagro que ya no habrá de parar.
Al final, recibimos lo que damos; recogemos lo que sembramos; pero eso es algo de lo que tan solo te das cuenta en la vejez, cuando, para bien o para mal, ya es tarde para sembrar; para poder cambiar el final.

