Un Acio de Ouro corona el mejor blanco de Galicia

Eduardo Peña 2024: El Viaje de un Ribeiro Hacia la Excelencia

Tras la pista de un vino que encapsula el paisaje, la tradición y la innovación de una bodega única en la D.O. Ribeiro

Eduardo Peña ACIO DE OURO

En el corazón de Galicia, donde el río Miño serpentea con parsimonia y las laderas se visten de un verde intenso, se escribe cada año una historia sobre el esfuerzo, la paciencia y la recompensa. No es una historia cualquiera; es la crónica de un sector que, aúna tradición e modernidade, como bien señaló recientemente el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda. Y en esta edición, el protagonista indiscutible ha tenido nombre y apellidos: Eduardo Peña 2024.

El escenario no podía ser más simbólico. El Hotel Monumento San Francisco en Santiago de Compostela, un lugar cargado de historia, acogía la entrega de los Acios de la XXXVII Cata de Vinos de Galicia. Entre las 442 muestras de vino y las 42 de aguardientes presentadas por 165 bodegas, el jurado, compuesto por catadores «chegados de toda España», tenía una misión compleja: encontrar la esencia más pura. El procedimiento, riguroso e imparcial, se desarrolla a ciegas. No hay etiquetas que influyan, solo el contenido de la copa. Y en esa búsqueda de la excelencia, un blanco del Ribeiro emergió con luz propia, alzándose con el preciado Acio de Ouro al “Mellor Branco de Galicia”.

Eduardo Peña ACIO DE OURO

Recogiendo el galardón de manos del propio Alfonso Rueda estaba Javier Cariz Pérez, encargado de la Bodega Eduardo Peña. Ese momento no era solo la culminación de un buen trabajo en una añada concreta; era el reconocimiento a un proyecto que nació en 2005 con una filosofía clara: entender el territorio y expresarlo en el vino.

Para comprender la magnitud de este logro, hay que adentrarse en el Ribeiro, y más concretamente, en el municipio de Castrelo de Miño, en la provincia de Ourense. Aquí, en la aldea de Barral, la bodega se funde con el paisaje. No es una construcción imponente, sino más bien un refugio excavado en la montaña. Escondida entre viñedos, la bodega horada el monte, utilizando la geografía a su favor. Al final, una chimenea vertical busca el aire, creando una corriente continua y graduable que circula por conducciones bajo el terreno. Este sistema pasivo y brillantemente sencillo evita el uso de medios mecánicos para la climatización, manteniendo unas condiciones óptimas y constantes para la elaboración del vino. Es, en esencia, una optimización energética que nace de la sabiduría y el respeto por el entorno.

Eduardo Peña viñedo

Sobre estas laderas, a 250 metros de altitud y con una suave pendiente hacia el embalse de Castrelo de Miño, se extienden las 8 hectáreas de viñedo de la bodega. El terreno es pedregoso, arenoso, de pizarra y piedra. Un suelo pobre que obliga a la vid a esforzarse, a buscar su sustento en las profundidades, concentrando así aromas y sabores de una manera única. Las viñas, dispuestas en líneas paralelas y ordenadas, buscan el sol del oeste, madurando lentamente bajo el cielo gallego.

La Bodega Eduardo Peña no busca la uniformidad, sino la complejidad. Por eso, para su vino blanco emblemático, trabaja con un coupage de cinco variedades autóctonasTreixadura, Albariño, Godello, Lado y Loureira. Lo fascinante de su método es que no se limitan a mezclar uvas. Cada variedad se vinifica por separado. ¿La razón? Sus ciclos de maduración son distintos. La Godello es la primera en vendimiarse, mientras que la Loureira es la última. Esta atención al detalle permite capturar la personalidad única de cada cepa en su punto óptimo.

El proceso continúa con una maceración en frío, extrayendo suavemente los compuestos aromáticos de la piel de la uva. Luego, cada vino base, ya separado, realiza un suave trabajo sobre lías, ganando en redondez y complejidad. Solo al final, cuando cada uno ha expresado lo mejor de sí mismo, se procede a la mezcla magistral. El arte del assemblage consiste aquí en encontrar la armonía perfecta entre cinco voces diferentes.

Eduardo Peña ACIO DE OURO

El resultado de este minucioso proceso es el Eduardo Peña 2024, un ribeiro que, más que un vino, es un paisaje líquido. En la copa se presenta con un color amarillo pálido con reflejos verdes, un anuncio de la frescura que contiene. Acercar la nariz es como pasear por un huerto gallego en un día de primavera tardía. Notas de mandarina, melocotón y albaricoque se mezclan con la delicadeza de la flor de azahar, el toque dulzón del membrillo y un fondo cítrico y mineral que ancla el aroma a su terruño.

Pero donde realmente sorprende es en boca. Tiene una ligera textura grasa que lo hace lleno y untuoso, una sensación glicérica que acaricia el paladar. Sin embargo, lejos de ser pesado, mantiene una intensa frescura gracias a su magnífica acidez. Es un vino de buena estructura, sabroso y extraordinariamente equilibrado. El posgusto es muy largo y afrutado, sapido, como dicen los expertos, y termina con un puntito amargo que, lejos de ser un defecto, es su guiño más personal, el detalle que consigue encandilar añada tras añada y que sin duda sedujo al jurado de la Cata de Vinos de Galicia.

Con una producción de entre 25.000 y 30.000 botellas y un PVP de 16,50 €, el Eduardo Peña 2024 se posiciona como un vino de altísima relación calidad-precio, accesible pero con la profundidad de los grandes blancos.

Eduardo Peña ACIO DE OURO

Este Acio de Ouro no es un premio aislado. Es un espaldarazo a un sector, el vitivinícola gallego, que, como recordó Rueda, actúa como columna vertebral del medio rural. Un sector que este año ha enfrentado dificultades, con viñedos afectados por incendios forestales, pero que mira al futuro con la determinación de quien sabe que su trabajo es custodio de una herencia cultural y motor de una economía viva.

Mientras, en Castrelo de Miño, la bodega sigue su camino. Sin estridencias, con la quietud de quien sabe que la calidad es un viaje, no un destino. También elaboran un tinto, el Sara Peña, del que solo producen 3.000 botellas con las variedades Caiño tinto, Souson y Brencellao, demostrando el mismo compromiso con las uvas autóctonas.

El Eduardo Peña 2024 es, en definitiva, mucho más que el mejor blanco de Galicia. Es la expresión de un lugar, de un clima y de una filosofía. Es el fruto de una bodega que dialoga con la montaña, que escucha a sus viñas y que entiende que el vino, al final, es solo el mensajero de una historia que comenzó a escribirse mucho antes de que la uva madurara. Una historia que ahora, con el Acio de Ouro en la mano, podemos disfrutar todos, copa a copa.

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Ana Rojo

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